Lo ha vuelto a hacer. Una de las más altas representantes de la gloria ‘intelectual’ española, Rosa Regàs, ha vuelto a dar muestras de su acendrado respeto por la libertad de expresión. En su artículo de hoy en ‘El Periódico de Cataluña’ (este, claro está, no será de “extrema derecha, ¿no?), titulado ‘¿Por qué contra Chávez?’, denuncia la manipulación de ciertos medios a la hora de criticar el régimen chavista. A sus ojos, no se reflejan en exceso los “logros alcanzados en un país antes dominado por la pobreza y la corrupción”. Además, añade la excelsa escritora, “desde aquí se le critica por proponer una reforma constitucional que le permita ser elegido de forma indefinida, como nuestros presidentes, aquí en España”. Esta última frase es la que realmente me ha impactado. No se si no se entera o no se quiere enterar, pero le aseguro una cosa a la insigne directora de la Biblioteca Nacional: Hugo Chávez sí quiere ser presidente indefinido… pero sin presentarse jamás a otras verdaderas elecciones democráticas.

Voy a ser gráfico, para que la vanagloriada representante de la cuna cultural de nuestro país entienda lo que quiero decirle: Esta propuesta de reforma constitucional es sólo un paso más en la frenética carrera de Hugo Chávez por aferrarse en el poder. Primero eliminará la norma por la cual no se puede presentar a la reelección… y luego, sencillamente, elaborará otra norma que posibilite su “elección eterna por la gloria Castro”. Siento decírselo, señora Regàs, pero la historia se está repitiendo en Venezuela. Como ya sucedió en la Alemania de Hitler, el camarada Chávez, una vez alcanzado el trono gubernamental por las urnas, se quiere mantener en él mediante el poder de las pistolas y la mordaza en la boca de los críticos.
Los síntomas de esta enfermedad son varios: Le han sido otorgados plenos poderes mediante un periodo de tiempo “limitado y excepcional” (¿qué nos jugamos a que lo temporal acaba siendo, antes o después, indefinido?), pretende imponer la unión de todos los partidos de izquierdas en el suyo propio (¿a qué me suena la cantinela del “parido único”?) y ha retirado la licencia del medio de comunicación más seguido del país, con medio siglo a sus espaldas, por su oposición al régimen. ¿A qué me recuerdan el cierre de medios y las represiones por la fuerza de los estudiantes que criticaban el cierre de una televisión?
Si usted, señora Regàs, ¡oh, la cultura!, que padeció la dictadura militar de Franco, admira a Chávez y a Fidel Castro por hacer lo mismo que él… pues a lo mejor no es tan ‘intelectual’ como presume serlo.
