
Hoy, 14 de abril, festividad de la santa República para más guasa, la nueva superministra de Defensa, Carme Chacón, estrenaba el cargo en una parada militar con un enérgico grito: “capitán, mande firmes: ¡Viva España! ¡Viva el Rey!”. Olé.
Antes que nada diré que considero a Carme Chacón una persona culta, abierta, inteligente y responsable. Más allá de algunas salidas de tono, siempre se ha mantenido en la línea de la cordura y la moderación. Por ello considero que será una más que respetable ministra de Defensa.
Dicho esto, no puedo negar que me ha hecho bastante gracia el momento vivido por ella esta mañana ante las tropas. Creo que por su mente, en esos instantes, sólo pasó un pensamiento: “vaya marrón». Y es que a una mujer como ella, nada proclive a fervores patrióticos, le toca exaltar los valores militares de la autoridad, el orgullo y la pasión hasta la muerte por una España unida… o inexistente. A Bono el papel le iba que ni hecho a medida, igual que a Trillo en tiempos de Aznar. Pero si ya lo de Alonso, cuya cara de circunspección ante los militares, era todo un cuadro, esto ya parece de chacota. El gesto tenso de la siempre bella Carme Chacón la delataba. No estaba, por decirlo finamente, en su ambiente…
Sin embargo, por mandato de un siempre sorprendente Zapatero, muy dado a la política de gestos, le tocará acostumbrarse a presidir las marchas militares que desfilarán ante su persona. ¿Qué sentirá alguien como ella, proclive al discurso pacifista, progre y descreído de lo que suena a tradicional, cuando le toque gritar “a la madre España” ante un pelotón en posición de firmes?
Aún así, lo dicho: ¡Ministra, suerte y al toro! Que por lo menos no le tocará ir a Las Ventas…
MIGUEL ÁNGEL MALAVIA
