La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

¿Photoshop? ¡Musas transparentes!

Alfa del siglo XXI, tiempo marcado por falacias, según diagnósticos de los distintos honoris causa: dictadura del relativismo, éxtasis y decadencia del capitalismo salvaje, imposición talibán de “derechos” discutibles antes impensables, matanzas en nombre de Dios, corrección política a modo de granito amorfo, resurgir de modos totalitarios, crisis ética, social, política y económica.

En medio de todo este mar convertido en borrasca y hundimiento de banderas antes inmutables, ya hasta nos quitan el placer de creernos a las musas. Fue primero el maquillaje del exceso. El corpiño. El wonderbra. Las mentiras: ojos pintados por lentillas infieles; uñas de cartón-piedra-pasta; párpados de aguja estrechada hasta el infinito; cabellos de implantes estratosféricos; mofletes inflamados no por la pasión, sino por el colorete del delito; tetas de escuadra y cartabón; culos de plástico… Mentira, mentira, mentira.

Ahora, en pleno éxtasis de la técnica, la cultura del avance y el desarrollo, de la frialdad, ha corrompido también el bello arte de la fotografía: el maldito Photoshop. Es así, ciertamente: lo que ves, puede no ser. Ya no es por política, ya no hay un Lenin que elimina siluetas y sombras que en realidad sí figuraron. No, ahora es por la exaltación de una belleza artificial, demagógica y traicionera. En los excesos, hasta llegan a eliminar ombligos, arrugas y almas. Lo que ves, puede no ser. Las modelos ya son maniquíes sin credibilidad. Como en el Tour, te hacen perder la fe hasta el extremo de que si ves algo descomunal es porque puede ser perfectamente una mentira; puede no ser. Algo que resulta dramático para los vivales anhelantes de sentir en estado puro cosas salidas de una sincera pureza.

Reivindico un auge del purismo. No soy puritano en prácticamente nada, pero en esto sí quiero ser ortodoxo. Quiero creerme una escapada bestial del ciclista de moda en la montaña del reto. Quiero creerme que una musa lo es en verdad. Quiero creerme sus ojos, sus labios, su pelo, su silueta y su alma.

Por eso alabo hasta el extremo y aconsejo como camino a seguir el dictado por la revista ‘Elle’, que ha lanzado el reto de sacar portadas con el compromiso de que sus ocupantes no han pasado por el periscopio del Photoshop. Como hizo recientemente en Italia con diosas como Monica Bellucci, Sophie Marceau o Eva Herzigova, días atrás sacó en su edición española un número especial con ninfas absolutas de las que me alegra en extremo comprobar que son verdad… en la fotografía: Elsa Pataky, Patricia Conde, Paz Vega y la grandiosa Sara Carbonero. No digo yo que alguna no haya pasado por el quirófano… pero es de significar su compromiso porque esa imagen que a mí me maravilla en esa foto concreta es real. Las operadas… las incluyo en el desván de las medias verdades. No digo que dejaré de admirar su belleza… pero sólo contemplaré con absoluta reverencia a las salidas del ingenio de su madre y una buena alimentación.

Eso sí, operadas o no, de todas ellas, por la gesta de ser musas del ‘Elle’ sin Photoshop, hoy exclamo un olé que es rendición absoluta.

¡Que vivan las musas! Pero las musas que son verdad.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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