La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

El clic de Claudia se enciende en los toros

Tarde de toros soporífera. El embelesamiento es tal que a Ramón, absorto en el fluir de las nubes, el puro consumido le quema los dedos. Al soltar un alarido sordo, por eso de no quedar en ridículo ante el personal, baja la vista y se topa con un papel viejo y arrugado que lleva media tarde ante sus pies. Se fija porque, en pleno doblez, sobresalen unos ojos lascivos que se clavan en él. Lo recoge, lo despliega y se encuentra con una hoja suelta de ‘El clic’, el legendario comic erótico con el que Milo Manara regalara a la humanidad la figura de Claudia, una señorona burguesa y fría que pierde el control cuando se activa el chip que un científico demente le dejó por regalo dentro de su cuerpo del delito. Cuando llega el clic, esté donde esté, Claudia se transforma en una loba sedienta de sexo. De hecho, en la escena presente en la hoja se lo monta en un establo con dos brutos contratados por su marido para hacerse con ella y devolverla a la vida decente.

Hasta aquí han llegado los toros para Ramón. Desde este momento, sigue estando tan despistado como para no captar un solo muletazo a cámara lenta (y eso que la faena debe estar bien, pues oye de fondo, como un zumbido lejano, el rugir de un público que se empieza a encender). Pero él ya solo puede ver a Claudia. Hasta el punto de que, girando la vista a su derecha, cae en la cuenta de que su vecina de asiento es una real hembra de las que quitan el sentido. Sin dudarlo un segundo, planta su mirada beoda de placer en los muslos de la doña, quien, percatada del percal, engancha rauda la garrota de su padre y le suelta un mandoble en toda la cara al tunante de Ramón. Con las gafas rotas y el orgullo a ras de suelo, decide levantarse y escapar casi a la carrera.

Al ponerse de pie, incumpliendo el estricto protocolo de no salir de la grada antes de que acabe la faena, la cae en el cogote el bolsazo de la abuela que tiene a sus espaldas. Para mostrarle aún más su enfado, la buena mujer apaga el habano que está fumando en su culo. El respingo del protagonista de esta pobre historieta es tal que, al caer, lo hace sobre el asiento de delante; directamente, en el regazo de Claudia. Sí, la Claudia de Milo Manara es la Claudia que está viendo los toros en su pueblo. La que se desternilla al tenerle sobre sus piernas, hipnotizado ante su musa, y la que, para gozo del bueno de Ramón, empieza a cubrirle de besos en las sienes, la nariz y la barbilla. Lentamente, como un muletazo eterno de José Tomás.

Tres minutos después, cuando el toro cae redondo tras un espadazo hasta la bola y la plaza entera ruge en un mar de pañuelos blancos, Ramón grita a pleno pulmón: “Gol”.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

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Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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