SALUD, DINERO Y AMOR

Chiste: el de la maciza que sale de la ducha y el vecino de los 400 euros

Chiste: el de la maciza que sale de la ducha y el vecino de los 400 euros
La chica de la toalla, al salir de la ducha. PD

Nunca se ha aclarado del todo quién inventa los chistes. No esos que lanzan humoristas profesionales desde el escenario o la pantalla de televisión, sino los que comienzan a correr por la calle hasta que cogen un impulso irresistible.

Hay quien sostiene que deber ser algún un ser solitario, medio ocioso en su casa, en una playa, en una cueva o donde sea, al que se le puede ocurrir esa gracia que circulará después como la pólvora y que empieza de vecino en vecino.

Otra teoría es que se crean en los bares o en las cárceles. Pero siempre donde la gente pasa muchas horas junta y, sobre todo, entre amigos.

LA MACIZA

  • La maciza sale de la ducha, se envuelve con una toalla y avisa a su marido que ya puede ducharse.
    Cuando él entra en el cuarto de baño suena el timbre de la puerta.
    La joven y bella esposa le dice al tipo que ella abre, y baja a abrir la puerta envuelta en su toalla.
    Al abrir, se encuentra a su vecino Antonio, quien se queda sin palabras ante el arrebatador aspecto que ofrece la señora, con el pelo húmedo, la piel fresca, oliendo a limpio y unas formas que quitan el sentido.
    Traga saliva y con parsimonia se saca del bolsillo dos billetes nuevecitos de 100 euros y le dice a ella que son suyos si deja caer la toalla hasta la cintura.
    Ella pega un bufido, pero enseguida piensa, «¿y por qué no?», de modo que deja resbalar la toalla y muestra sus turgentes senos, con los pezones bien enhiestos al descubierto.
    Espera unos segundos y cuando considera que al vecino se le ha caído ya suficiente baba, agarra el dinero.
    Antonio jadea ante lo que ve, saca a toda prisa otros 300 euros y se los ofrece a la chavala por dejar caer la toalla hasta el suelo, para ver todo el asunto.
    La maciza piensa que llegados a ese punto y habiendo enseñado las tetas, tampoco va a ser nada del otro mundo acceder y deja caer la toalla al suelo enseñando su precioso cuerpo.
    Antonio la contempla un momento, le da las gracias y se va.
    Cuando ella sube de nuevo, su marido que acababa de salir de la ducha y le pregunta que quién había llamado a la puerta.
    Ella contesta:
    – Era nuestro vecino Antonio.
    – ¿Y ha traído los 400 euros que me debe? 

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