En aquella ocasión, Donald Trump sorprendió al mundo al ganar la presidencia de los Estados Unidos, pese a perder el voto popular. Hoy, con Kamala Harris como principal contendiente demócrata, muchos se preguntan si la historia puede repetirse. ¿Cómo es posible que Trump vuelva a ganar si las encuestas lo sitúan por detrás de Kamala Harris?
La respuesta radica en el sistema electoral estadounidense y, más concretamente, en el impacto decisivo de los estados indecisos o «swing states». Estos estados, que juntos suman 94 votos electorales, serán el campo de batalla crucial en noviembre. A pesar de que las encuestas nacionales favorecen a Kamala Harris, los sondeos estatales cuentan una historia diferente.
La clave está en los estados indecisos
El sistema electoral en Estados Unidos sigue la regla de «el ganador se lo lleva todo», lo que significa que quien gane en un estado, aunque sea por un margen mínimo, se lleva todos sus votos electorales. Esto le da a Trump una oportunidad clara: enfocarse en ganar los estados clave, incluso si pierde el voto popular a nivel nacional, como ocurrió en 2016.
A día de hoy, Trump tiene asegurados 219 votos electorales, mientras que Harris cuenta con 208. Sin embargo, el verdadero reto está en los 111 votos que aún están en juego en los estados indecisos, donde ambos candidatos han intensificado su campaña. Estados como Arizona, Georgia, Pensilvania y Wisconsin se convertirán en los campos de batalla más disputados en los próximos meses. De hecho, Trump ya está mostrando una ligera ventaja en estados clave como Arizona y Carolina del Norte.
El precedente de 2016 y la estrategia de Trump
En 2016, Trump logró capitalizar su estrategia en los estados indecisos, donde obtuvo victorias por márgenes mínimos pero suficientes para obtener los votos electorales necesarios. A nivel nacional, Hillary Clinton ganó el voto popular por 2,1 puntos, pero perdió los estados clave por apenas 1,7 puntos, lo que permitió a Trump llegar a la Casa Blanca. Es este tipo de oscilación electoral, en torno a los tres o cuatro puntos entre el voto popular nacional y los resultados en los «swing states», lo que podría jugar nuevamente a favor del expresidente.
Además, no sería la primera vez que un republicano gana la presidencia sin el voto popular. En el año 2000, George W. Bush venció a Al Gore bajo circunstancias similares. Aunque Gore ganó el voto popular por 0,5 puntos, Bush se hizo con la presidencia al ganar el colegio electoral gracias, en parte, a la disputada Florida, donde se impuso por solo 537 votos. Ese precedente, junto con la experiencia de Trump en 2016, sugiere que el expresidente tiene una vía clara hacia una posible victoria.
El reto de Kamala Harris
Para Kamala Harris, la clave para evitar un escenario como el de 2016 será consolidar su apoyo en los estados indecisos, especialmente entre los votantes moderados de clase media. Harris ya ha comenzado a ajustar su discurso, rebajando algunas de sus posturas más progresistas para atraer a un electorado que podría ser decisivo en estos territorios. Particularmente en Pensilvania, donde los sondeos la muestran empatada con Trump, Harris deberá redoblar esfuerzos si quiere asegurar esos 19 votos electorales fundamentales para su campaña.
¿Puede Trump sorprender nuevamente?
Aunque las encuestas a nivel nacional no juegan a favor de Trump, los sondeos estatales y el sistema del colegio electoral le ofrecen una ruta clara hacia la Casa Blanca. En un sistema donde lo que importa no es cuántos votos recibes, sino dónde los recibes, Trump podría replicar su estrategia de 2016 y dar una nueva sorpresa el 5 de noviembre de 2024.

