El mensaje central de la Casa Blanca es claro: el cuello de botella que Irán impuso al estrecho de Ormuz se ha desatado. Según JD Vance, el pasado miércoles 2 de septiembre lograron pasar por el estrecho unos 15 millones de barriles de crudo, una cifra que, aunque todavía no iguala los niveles previos al conflicto, se acerca “casi” a la normalidad.
Vance contrastó esta situación con la de hace tres meses, cuando “prácticamente nada” de petróleo y gas lograba salir del estrecho bajo las amenazas iraníes. En ese sentido, afirmó que el control que Teherán ejercía sobre la vía marítima ha “prácticamente desaparecido”, lo que, a juicio de Washington, demuestra que la presión militar y logística de Estados Unidos e Israel está funcionando.
¿Guerra o “operaciones limitadas”? El relato de la Casa Blanca
Cuando se le preguntó si el conflicto terminará antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, Vance evitó dar un plazo y hasta cuestionó el propio término “guerra”. “Yo no lo llamaría una guerra. En este momento, no hay tiroteos activos”, dijo, aunque admitió que hay zonas donde la violencia “se ha recrudecido”.
Según su versión, las operaciones de combate de gran escala duraron apenas seis semanas tras los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. Desde entonces, el escenario sería una mezcla de incidentes puntuales, ataques con drones y represalias localizadas, más que un frente abierto y continuo.
Sin negociaciones mientras haya ataques a barcos
La línea roja de Washington sigue siendo la misma: no habrá diálogo con Irán mientras continúen los ataques contra el transporte marítimo comercial. Vance fue contundente: “No estamos hablando con Irán y no hablaremos con ellos hasta que dejen de disparar contra los buques comerciales”.
Esta postura se mantiene pese a los intentos de mediación de Omán y Qatar para abrir un corredor conjunto en el estrecho y a las presiones internas en Estados Unidos para cerrar el capítulo antes de las legislativas. Para la Casa Blanca, cualquier acuerdo que no incluya el cese de los ataques a mercantes sería inaceptable.lanacion.
Coste humano y desgaste político
El conflicto, que comenzó el 28 de febrero, ya ha dejado 18 soldados estadounidenses muertos y miles de víctimas en Irán y Líbano, según balances difundidos en las últimas semanas. A eso se suman decenas de marineros fallecidos en ataques a buques comerciales y una cadena de bombardeos que ha alcanzado incluso blancos civiles, como un ataque aéreo contra una boda en Irán que Washington dice estar investigando.
En el frente interno, la popularidad de Donald Trump toca mínimos: encuestas recientes sitúan su aprobación en torno al 33%, con un 64% de desaprobación, lo que iguala los peores registros de su primer mandato. La promesa de mantener a Estados Unidos fuera de nuevas guerras choca ahora con un atolladero en Oriente Medio que domina la agenda política y amenaza con lastrar al partido republicano en las elecciones de noviembre.lanacion.
Qué significa esto para el mercado y la región
La recuperación parcial del flujo por Ormuz ha contenido, hasta ahora, un colapso mayor de los precios del petróleo, aunque la ruta sigue siendo volátil y muchos buques navegan con los sistemas de localización apagados o en convoyes protegidos. Expertos señalan que, aunque el tráfico ha mejorado, todavía está lejos de los 20 millones de barriles diarios que circulaban antes de la guerra.
Para Irán, el estrecho sigue siendo su principal carta de presión: Teherán insiste en mantener cierto control sobre la vía y en cobrar tasas por servicios de navegación, seguridad y medio ambiente, algo a lo que Estados Unidos se opone frontalmente. Mientras ambas partes mantienen el pulso, el riesgo de nuevos incidentes —y de una escalada que vuelva a paralizar el paso— sigue latente.

