"La democracia y el capitalismo están en peligro si no se actúa"

El multimillonario Nick Hanauer: «La gente, con horcas, viene ya a por nosotros harta de desigualdades»

Un aviso para los más ricos de entre los ricos sobre la bomba de relojería que supone la creciente desigualdad

Se hizo multimillonario gracias a Internet y ahora se dedica al capital riesgo

«Las horcas están viniendo a por nosotros».

Así se titula el artículo que ha escrito el multimillonario Nick Hanauer en la revista Político, todo un aviso para los más ricos de entre los ricos sobre la bomba de relojería que supone la creciente desigualdad.

Un compendio de datos, anécdotas personales y opiniones que tratan de despertar a los ultramillonarios y desmontar algunas creencias establecidas sobre el funcionamiento de la economía.

Hanauer hizo fortuna al ser uno de los primeros inversores en Amazon, a la que llegó gracias a su amistad con Jeff Bezos, el fundador del gigante del comercio online. Posteriormente fundó Gear.com y aQuantive, que vendió a Microsoft en 2007 por 6.400 millones de dólares. Un multimillonario gracias a Internet y que ahora se dedica al capital riesgo.

No es la primera vez que ataca a sus pares. Desde que empezó la crisis ha pedido en numerosas ocasiones más impuestos para los ricos y ha desatado polémicas aquí y allá hasta el punto de que llegó a ser censurado en una charla en el importante evento tecnológico TED.

Pero ahora vuelve a la carga abogando por un salario mínimo más elevado que combata la desigualdad porque, a la larga, también beneficiará a los ricos.

Una desigualdad que se acrecienta

«Veo horcas. Al mismo tiempo que gente como tú y como yo nos enriquecemos por encima de lo que cualquier plutócrata soñara, el resto del país (el 99,99%) se está quedando muy atrás», comienza el artículo.

El multimillonario recuerda que la desigualdad está agudizándose y que lo hace realmente rápido. Por ejemplo, en 1980 el 1% más rico acumulaba el 8% de los ingresos del país, mientras que el 50% más pobre tenía el 18% del total. Hoy, el 1% acumula el 20% de la riqueza y el 50% apenas el 12%.

«El problema no es que haya desigualdad. Algo de desigualdad es intrínseco a cualquier economía capitalista funcional. El problema es que está en niveles históricamente altos y que esto está empeorando cada día. Nuestro país se está convirtiendo cada vez más rápido en una sociedad feudal más que en una sociedad capitalista».

Hanauer asegura que si la situación no cambia rápido se volverá a la Francia en el siglo XVIII, es decir, a la de antes de la Revolución.

«Tengo un mensaje para mis colegas forrados, para todos aquellos que viven en nuestras burbujas: despertad, esto no va a durar».

Por ello pide medidas para acabar con la enorme desigualdad porque si no se actúa:

«Las horcas (en referencia a la herramienta de labranza) van a venir a por nosotros. Ninguna sociedad puede aguantar esto. Si me muestras una sociedad altamente desigual, te mostraré un estado policial o una revolución. No hay otros ejemplos. No es si va a pasar, es cuándo».

Las revoluciones son como las bancarrotas

El lenguaje de Hanauer es duro y claro y ataca directamente a ciertos tópicos:

«Sé que muchos de vosotros estáis convencidos de que la desigualdad es una ficción porque visteis a un niño pobre con un iPhone. Esto es lo que os digo: vivís en un mundo soñado».

Hanauer apunta que el todo mundo cree que cuando las cosas vayan muy mal alguién encontrará la forma de solucionarlo antes de que vaya a peor. Pero afirma a continuación que las cosas no suceden así:

«Un día alguien se prende fuego en la calle, y entonces miles de personas salen a la calle y antes de que te des cuenta el país está ardiendo. Y no hay tiempo para ir al aeropuerto a coger el jet y volar a Nueva Zelanda. Las revoluciones son como las bancarrotas, que llegan de manera gradual hasta que se desatan repentinamente».

El multimillonario asegura que una revolución será terrible para todo el mundo, pero especialmente «para nosotros».

El modelo Ford y una nueva ley del capitalismo

Hanauer asegura asimismo que lo más irónico de la creciente desigualdad es que es totalmente innecesaria y autodestructiva, por lo que propone que se tomen medidas similares a las que adoptó Franklin D. Roosevelt tras la Gran Depresión para evitar disturbios sociales.

El empresario señala que el modelo para los ricos debería ser Henry Ford, «quien comprendió que sus trabajadores no eran simplemente mano de obra barata para ser explotada y que tambien eran consumidores».

«Qué gran idea. Mi sugerencia es que lo hagamos de nuevo. Las políticas actuales están destruyendo mi base de consumidores. Y la vuestra también».

Ante ello, Hanauer propone introducir nuevas ideas que refuten algunas de las creencias más sostenidas en los últimos tiempos, la cuales se han convertido en la base de la ortodoxia económica que actualmente rige el mundo de la economía.

Hay que rechazar concepciones como que la economía es un mecanismo perfectamente eficiente, ya que en realidad es un ecosistema complejo formado por gente de carne y hueso interdependiente.

Por tanto, Hanauer plantea una nueva ley fundamental para el capitalismo:

«Si los trabajadores tienen más dinero, las empresas tienen más clientes, lo que hace que los consumidores de clase media sean los verdaderos creadores de empleo, no los ricos empresarios como yo. La clase media crea a los ricos, no al revés».

La teoría es que las masas son realmente las creadoras de riqueza y prosperidad: cuanto más dinero tienen los trabajadores, más clientes tienen los negocios, que a su vez necesitan más empleados. Por eso defiende que se suba el salario mínimo.

Los salarios de los grandes ejecutivos

Hanauer recuerda el incremento exponencial de las ganancias de los altos ejecutivos. En las últimas tres décadas el salario de los consejeros delegados ha crecido 127 veces más rápido que el de los trabajadores.

Desde 1950, la relación entre el salario del primer ejecutivo y los trabajadores se ha incrementado un 1.000%: han pasado de ganar 30 veces el salario medio a ganar 500 veces el salario medio.

Y eso es un ejemplo de por qué no hay que tener miedo a subir los sueldos: nadie ha eliminado altos directivos, ni los ha externalizado a China ni ha automatizado sus empleos. Y lo mismo ha pasado con los trabajadores de industrias como las finanzas o la tecnología.

«El problema que tenemos nosotros los empresarios es que amamos que nuestros clientes sean ricos y que nuestros empleados sean pobres. Desde que existe el capitalismo, los capitalistas han dicho lo mismo sobre cualquier intento de subir salarios. Hemos tenido 75 años de quejas: cuando se instauró el salario mínimo, cuando se pidió que las mujeres cobraran de manera equitativa, cuando se crearon legislaciones contra el trabajo infantil…»

«Siempre han dicho lo mismo: nos vamos a la bancarrota, voy a tener que cerrar, voy a tener que despedir a todo el mundo», recuerda el empresario.

Pero el resultado es que nunca ha pasado eso. De hecho, los datos muestran que cuanto mejor se trata a los empleos, mejor van los negocios, defiende Hanauer.

¿Cuánto puede consumir un multimillonario?

«Tiene sentido si lo piensas», continúa.

Si un trabajador gana 7,25 dólares la hora, apenas tiene dinero de sobra para consumir tras pagar la vivienda, comprar comida y utilizar el transporte.

«No va a ir a un restaurante, no va a comprar ropa», apunta mientras ataca a algunas creencias establecidas:

«Nosotros los ricos hemos sido falsamente persuadidos y nos hemos autoconvencido de que somos los principales creadores de empleo. Simplemente no es verdad».

Y para defender su tesis pone un ejemplo simple.

«Yo gano 1.000 veces el salario medio anual, pero no compro mil veces más cosas. Mi familia compró tres coches en los últimos años, no 3.000. No me compro 1.000 pares de pantalones al año. ¿Por qué iba a hacerlo? En lugar de eso, ahorro, y eso no hace mucho bien al país».

El empresario reconoce que evidentemente las cosas no son tan simples y que detrás de las dinámicas de empleo hay múltiples factores. Pero pide que se deje de decir que si se paga más a los empleados se va a disparar el desempleo y se va a destruir la economía.

«Lo más insidioso es pensar que si los ricos se hacen más ricos, es bueno para la economía; pero que si los pobres se hacen más ricos, es malo para la economía».

Nick Hanauer defiende además que con ciudadanos más ricos se podría reducir el tamaño del Estado. Su tesis es simple: se reduce la demanda del Gobierno porque habría menos subsidios para vivienda, menos vales gubernamentales de comida y menos necesidad de una sanidad pública.

«Si vuelve la clase media no hace falta un Estado del Bienestar tan grande».

El conflicto más antiguo del mundo

El empresario asegura que el tema está calando en la sociedad por mucho que los multimillonarios no se den cuenta. Y el problema es que cada vez hay más gente que cree que el problema es el capitalismo cuando no es así.

De hecho, Hanauer defiende que un capitalismo bien gestionado «es la mejor tecnología social jamás inventada para crear prosperidad. Pero el capitalismo sin control tiende hacia la concentración y el colapso».

Y concluye diciendo que el trabajo de las democracias es éste y por eso las inversiones en la clase media funcionan y las exenciones fiscales a los ricos no.

«Equilibrar el poder entre los trabajadores y los multimillonario elevando el salario mínimo no es malo para el capitalismo. Es una herramienta indispensable para que los capitalistas inteligentes la utilicen para hacer el capitalismo estable y sostenible. Y nadie tiene tanto en juego como nosotros los ultramillonarios».

«El más importante y más antiguo conflicto es la batalla sobre la concentración de riqueza y poder. La gente como nosotros siempre ha dicho a los pobres que la situación es justa y buena para todos. Qué sinsentido. ¿Soy realmente una persona superior? ¿Soy el centro del universo económico y moral?».

«Incluso el mejor de nosotros, en las peores circunstancias, estaría descalzo vendiendo fruta en una carretera sucia. No debemos olvidar esto. O podemos sentarnos, no hacer nada y disfrutar de nuestros yates. Y esperar que vengan las horcas».

 

 

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