Dos políticos de países fracasados mangonean en Europa

¿Qué pintan Barroso y Almunia al frente de la Comisión Europea?

Un Rajoy con mayoría absoluta gana al mes 6 mil euros; un Almunia nombrado a dedo se embolsa más de 22 mil

¿A quién representa Almunia? ¿Quién lo ha elegido? ¿Dónde están las actas de los recuentos de unas urnas en los que los ciudadanos hayan depositado su confianza en él?

Podríamos pasarnos todo el día haciéndonos preguntas sobre el eurochiringazo de Bruselas, la pasta que recolecta de los Estados miembro, quién elige al Presidente de la Comisión o al Presidente del Consejo, qué coño pintan ahí Durao Barroso, Van Rompuy, el propio Almunia y todos esos señores que le dan todos los días un tirón de orejas a los países que han sido malos.

Dos políticos de países fracasados mangonean en Europa

Pero al margen de las credenciales representativas que pueda presentar el Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario de Competencia, que casualmente es español, que curiosamente pertenece al PSOE, que inevitablemente se llama Joaquín Almunia y que, desgraciadamente, ralentiza alternativas al tax lease del Naval, se lava las manos con el drama de las participaciones preferentes y emite el primer réquiem por algún banco español procedente de Bruselas, la pregunta fundamental que deben estar haciéndose portugueses y españoles debe ser parecida a esta:

¿Cómo es posible que el Presidente de la Comisión Europea sea un señor que presidió el Gobierno de un país rescatado y que, para más inri, su Vicepresidente sea un político de un país al borde del rescate?

La primera impresión es que nos están tomando de coña. A las pocas horas de que algunos miembros del PP pidiesen la dimisión del único Comisario español, contestaba airada la portavoz del organismo europeo aclarando que, «ni había llegado ninguna petición por parte de España, ni existía ningún motivo para pensar que Barroso le haya retirado la confianza al comisario»

El problema que no ha debido entender Pía Ahrenkilde, flamante portavoz del chiringuito de Bruselas, es que es Durao Barroso el que no puede ofrecer confianza a los europeos, con un currículo en el que figura la presidencia del gobierno de Portugal y su correspondiente colaboración alícuota en la bancarrota lusitana. De ahí para abajo, y obviando los peculiares antecedentes políticos de Almunia en su propia tierra, ¿qué coño importa que Barroso mantenga su confianza en el Comisario de Competencia? Tanto el Presidente como el Vicepresidente, han dejado huella en Portugal y en España de su incompetencia.

Aclara la nota de la locuaz señorita o señora (no poseemos datos al respecto), que sólo el Parlamento Europeo está legitimado para disolver la Comisión. Muy bien. Pues ¿a qué están esperando sus euroseñorías? ¿Cómo pueden mantener a un Presidente y un Vicepresidente marcando rumbos de Europa, que en sus respectivos países han contribuido, con acciones y omisiones, con diferentes cuotas de responsabilidad, a marcar rumbos que los han dejado encallados en los arrecifes de la crisis?

¡Dios mío, en qué manos estamos…!

Cada minuto que el Parlamento Europeo mantiene a ese par de «porcelanas» al frente de la Comisión Europea, se desacreditan un poco más sus euroseñorías, la eurocámara y todas esas milongas eurocráticas que le hacen exclamar a los sufridos europeos de a pie:

¡Pero en qué manos estamos, Dios mío! Ni la Merkel, que va de seria por la vida, es capaz de deshacer la sarcástica paradoja de que, dos representantes de sendos países en quiebra, dirijan una institución que se supone que tiene que sacar a Europa de éste lío. ¡Algo huele a podrido en Bruselas! A gran teatro de marionetas. A pura chapuza y pantomima por parte de los grandes dirigentes del continente que se están tomando de coña a 450 millones de europeos.

Rajoy-Almunia: una foto ilustrativa para nuestros nietos

Debe ser jodido que a un Presidente elegido democráticamente se le siente de repente en frente un Comisario digital, o sea, elegido a dedo, como hoy Almunia ante Rajoy, empiece a transmitirle sabios consejos y veladas amenazas, con algún que otro tirón de orejas, y se vuelva después a Bruselas dejando al inquilino de La Moncloa con los huevos de corbata y tomándose una píldora contra la ansiedad.

Uno, el que se ha quedado en Madrid, el que han elegido 11 millones de españoles, recibe cada final de mes 6.515 euros. El otro, el que ha sido elegido a dedo, el que se ha vuelto a Bruselas a seguir haciéndole la puñeta a España, con más entusiasmo en cuanto se ha puesto a gobernar el PP, recibe 22.122´10 euros en concepto de nómina mensual. Si le cesan, cobraría durante tres años el 60% de lo que percibe en activo. Y, cuando cumpla 65 años, o sea, a partir del año que viene, ya tiene derecho a una jubilación vitalicia de 51.068´76 euros mensuales.

Cuando acaben de fumigar el déficit, la deuda, el despilfarro, el lujo asiático, la ineficiencia de los Estados miembro que han sido malos, podrían darle un repaso a la Europa inoperante, burocrática, con instituciones de cartón piedra y con dirigentes títere en la Comisión y el Consejo europeos, Barrosos, Almunias, Van Rompuys, que se meten en el bolsillo una pasta (casi cuatro veces más que el Presidente electo de un país en penuria como España), por hacer de «chicos de los recados» de Berlín o París.

La foto de Rajoy con Almunia es para enmarcar. Para dejársela en herencia a nuestros nietos como testimonio gráfico del bluff que era Europa en 2012.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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