Anoche, tras ver y oír los dos capítulos de “House” en Cuatro (aproveché los anuncios para llamar por teléfono a Jesús Manuel y a Santos, dos de mis mejores amigos –aunque nos solemos abrazar de Pascua a Ramos; y acaso no sea dato banal agregar que ellos no se conocen entre sí-), estuve (hasta las tantas de la madrugada) releyendo y recortando textos de veintitantos (no me dio por contarlos) periódicos.
Como el óbito de doña Carmen Laforet (hace, poco más o menos, dos años del luctuoso suceso) pasó inadvertido para el menda lerenda (“Otramotro” estaría, seguramente, ingresado en el Hospital “Virgen del Camino”, de Pamplona, convaleciendo y recuperándose de alguna de sus múltiples operaciones quirúrgicas –y aprovecho la ocasión para mandar, desde estas líneas, dos sacas repletas de postales escritas con la tinta mejor, la de la gratitud, a don Héctor Ortiz Hurtado y a su excelente equipo de cirujanos; y volver a reclamarles, otra vez, el informe médico correspondiente a mi última gran intervención, porque, aunque pronto se cumplirá un año de aquellas “enviladas” fechas, en las que estuve más allí que aquí, por razones que ignoro y no me aventuro a pronosticar, todavía no obra en mi poder-), como mínimo homenaje a la hacedora (a pesar de tanta demora, dos años) de “Nada”, urdí, trencé e hilé esta chuchería literaria:
Quienes somos un cero a la izquierda, nada, porque nos hemos quedado sin espacio y sin tiempo (las “formas sintéticas a priori” de las que perorara lo suyo Emmanuel Kant) que cubrir o llenar, en tierra de nadie, ninguneados por un entorno displicente (y tal vez también envidioso), cítricos para los “peperos”, a quienes criticamos sus errores (por defecto o por exceso), incómodos para los “sociolistos”, pues somos incapaces de tragarnos sus eufemismos o batracios, sus endulzadas ranas, nos solemos consolar releyendo a un poeta de peso, Pessoa, don Fernando, en concreto, aquellos/estos versos suyos, endecasílabos perfectos, que (¿traidoramente? traducidos) dicen:
“Nada queda de nada. Nada somos.
(…)
Somos cuentos contando cuentos, nada”.
(Coda –guiño a ese intelectual, como la copa de un pino, ¿en la estela de Fernando Savater?, que es Arcadi Espada-: ¿No le parece a usted, amable, atento, dilecto, discreto y selecto lector de los renglones que preceden, que el menda lerenda, “Otramotro”, debería merecer por los mismos algo más que nada de nada?)
Ángel Sáez García
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