Hoy, jueves, 9 de noviembre de 2006, festividad de Nuestra Señora de Aránzazu (ergo, a todas las Arant(x-z)as que conozco –e incluso a las que no tengo el gusto de conocer-, ¡muchas felicidades!), es mi intención dedicar este texto a cuantas compañeras de estudios, piso y trabajo tuve a lo largo de mi vida, reuniendo sus nombres bajo la gracia aglutinadora y apócrifa de Irene, dándoles las gracias por haber contribuido a que fueran más soportables mis días en este valle de lágrimas.
“Nada ni nadie me arrebatará el enorme honor de haberte servido, el irrenunciable orgullo de haberte amado”.
Las palabras del epígrafe, que obran arriba, a modo de templete, donde podrían guarecerse, sí, en el caso de necesitarlo imperiosa y perentoriamente las mías, fueron las que coronaron el discurso fúnebre que escribió y pronunció el otro día mi amigo del alma o álter ego Emilio González, “Metomentodo”, mientras los operarios del camposanto se afanaban en introducir el féretro que contenía los restos mortales de su amada esposa y musa, Elvira González, “Metáfora”, en el nicho y, ayudándose de una paleta y una llana, lo tapiaban con ladrillos y mortero.
Bueno, pues, parafraseándolas, el menda lerenda, “Otramotro”, ha dado en hilar lo que sigue, para ti (infinitas gracias le daré a Dios por ello), mi amada viviente y causa primera y postrera de mis urdiduras o “urdiblandas”, Irene:
“Nada ni nadie puede vetarme sentir el fervor (y la admiración que siento por ti) ni el placer que me reporta verte, leerte y releerte, cuando ando escrutándote de arriba abajo, en zigzag y aun helicoidalmente, estoy leyendo y sigo releyendo tus escritos a cada instante. Nada ni nadie puede prohibirme gozar la prez de escribirte y remitirte cuanto voy enhebrando, hilvanando y agavillando a cada rato”.
“Como nada es “Nadie” (otro de mis heterónimos o seudónimos) sin tus imprescindibles y oportunos acicate, aliciente y ali(m)ento, déjame trenzar y urdirte, Irene, que jamás te negaré; nunca abominaré ni renegaré de ti”.
“Acaso huelgue escribir este ocaso, que te ama con un sentimiento omnímodo (ancho, largo y profundo), puro y sincero tu irenedebelado”,
Ángel Sáez García
[email protected]