AHÍ VA MI OPINIÓN DE FRAY EJEMPLO
Acabo de leer, con sumo gusto, el parecer que ha tenido a bien escribir y enviarme a la dirección de correo electrónico que más uso mi amigo y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”. Sus párrafos dicen así:
“Si amar es para unos mirar y admirar y dar gracias a Dios o al azar por ello, y para otros “mirar juntos en la misma dirección” (como dejó escrito en letras de molde Antoine de Saint-Exupéry en “El principito”) y con el mismo plan o propósito de hacer la vida más fácil y feliz a quienes se encuentren en el camino, ahora entiendo por qué para ti, Otramotro, amar es tener la posibilidad de escuchar a fray Ejemplo discernir, disertar, sobre esto, eso o aquello, sean tales asuntos los que sean.
“Ayer tuve (te doy las gracias por mediar, y que la excelencia o el prodigio ocurrieran) la oportunidad de conversar (no sé para qué, diantres, abrí la boca; para decir alguna tontería, sin ninguna duda) durante una hora y media, que se me pasó en un santiamén (lo bueno, mejor u óptimo, tienden a durar poco, a ser efímeros), con él en el jardín del convento de Algaso y, al fin, logré comprender cuanto me vienes refiriendo y repitiendo desde hace años, que amar es también envidiar y odiarte por no haber conocido antes a fray Ejemplo, un libro con una lección o varias por la página que lo abras.
“Tengo la impresión refractaria de que fray Ejemplo es un gurú al que no se le ha atravesado ningún huesecillo de ave cazada al vuelo o espina de pez pescado sin anzuelo en su garganta. Su experimentada existencia, su estudio constante y en continua capacitación y profundas reflexión y revisión, sus conocimientos y sus convicciones puestas en tela de juicio, seguidas de sus guardaespaldas, las dudas, plagadas de intuiciones que sigue hasta sus últimas consecuencias para ver qué terminan dando de sí, sin miedo (mal compañero de viaje) a equivocarse, incluido el acto de errar, a fin de poder aprender así de los yerros cometidos, todo lo dicho unido a su generoso proceder, me han parecido una bendición, una epifanía o revelación imposible de olvidar.
“La atención y la concentración que exige, fray Ejemplo te las devuelve con interés, multiplicadas, acrecentadas con un montón de ideas que, sospecho, empezaré a comprender en toda su extensión y hondura, transcurridos unos días.
“Me siento admirado, asombrado, de cuánto saber puede estar acumulado, concentrado, en el cerebro de una persona buena, un semejante que es sabio (no me cabe la menor hesitación), pero él no se jacta de ello, no se tiene (qué mal gusto de boca deja la soberbia en quien la exhibe y en que la percibe) por tal. Tengo la sensación de que, en su presencia, imponente, me he despojado de las pocas y raídas prendas (saberes) que acarreaba o portaba, porque él me ha regalado nuevos vestidos intelectuales con los que poder elegir vestirme.
“Fray Ejemplo, que, cuando me encontré con él, a la entrada del cenobio, venía de caminar en solitario, durante dos horas, cansado, me recomendó que me aficionara a los paseos. Su peripatetismo, que había heredado de Aristóteles, suele ser fecundo, prolífico.
“Fray Ejemplo se fía de sus instintos, de sus intuiciones, de su sexto sentido, porque en ocasiones anteriores han sido provechosos.
“Fray Ejemplo, en la búsqueda de su propio crecimiento, incluso cruzó varias veces alguna línea roja, invadiendo el terreno de la heterodoxia. “En ocasiones puntuales, para poder adentrarse a conciencia en nuevos abordajes, perspectivas o pensamientos, uno se ve en la obligada tesitura de tener que traspasar ciertas barreras o límites”. Echó mano de compañeros, cómplices intelectuales, que no tuvieron miedo a que los motejaran de heréticos y les amenazaran con romper la crisma, por intentar explorar y explotar una jungla de ideas con la sola pretensión de hallar la verdad. Ha comprobado, de manera fehaciente, que esta, la fetén, suele imponerse por chiripa, por mera serendipia.
“Ahora ya no tengo miedo a la muerte, porque, como dice él, citando a Epicuro, mientras vivo, la muerte no está, y cuando la parca esté, yo ya me habré ido.
“Emilio González, ‘Metomentodo’”.
Ángel Sáez García