Pacos

Paco Sande

Galicia esta vez se salva por los pelos.

Touriño, Quintana y Feijoo fracasan en su intento de reformar el Estatuto de Galicia.
La definición identitaria de Galicia, el estatus jurídico de la lengua gallega y la financiación autonómica son los tres puntos sobre los que existían más divergencias entre los partidos políticos, ya que no se llegó a un acuerdo en el seno de la ponencia creada en el Parlamento gallego para consensuar un texto.
Tampoco hay consenso sobre la Ley Electoral, ya que el PP no está de acuerdo con rebajar de los dos tercios de los diputados a mayoría absoluta el mínimo exigido para reformar este marco legislativo.
Y así, la reforma estatutaria entra en vía muerta después de que Touriño, Quintana y Feijoo fueran incapaces de hilvanar un consenso para definir a Galicia en el preámbulo del texto.
Los tres líderes centraron sus comparecencias ante la prensa en defender los esfuerzos y cesiones de cada uno para alcanzar una definición que abrigara las distintas sensibilidades.
El Estatuto encallo entre el “fogar e nación común dos galegos” propuesto por Touriño y asumido por Quintana, y la formula “sentimiento nacional” reivindicada por Feijoo en un intento de conciliar galleguismo y nacionalismo en la constitución.
Aquí la cuestión parece vacua porque, qué se defina a Galicia como nación o sentimiento nacional en su Estatuto tendrían ambas definiciones el mismo valor jurídico: ninguno, porque una definición es jurídicamente relevante solo si de ella se siguen consecuencias normativas. Y no le daría a Galicia por ello una constitución particular, ni podría reclamar derechos diferentes, ni pretender un trato distinto por parte del Estado español o de los Estados extranjeros.
Esa posición, esos derechos y ese trato dependen exclusivamente de lo que establece la Constitución en la materia.
Pero la verdad es que: la definición nacional es jurídicamente irrelevante, pero tiene una significación política innegable. Su aceptación; con la formula que fuera, y en el lugar en que estuviera (el articulado o el preámbulo) serviría a los nacionalistas defensores de la independencia de Galicia de peldaño con que acercarse un poco mas, antes o después, hacia su reivindicación soberanista. Y aquí es donde ha de tener cuidado el Sr. Feijoo, porque ya resulta bastante incoherente que un partido como el socialista que, al igual que el pp., nunca admitió que Galicia fuera una nación, y que ahora, con tal de gobernar acepta la pretensión minoritaria del BNG, -un partido con una participación de voto de un 19%-, para que venga también él con componendas de “sentimiento nacional” y otras gaitas, y que acabemos una inmensa mayoría, el 78%, teniendo que tragar lo que quiera una activa minoría.
Ya en bastante embrollo no metió el Sr. Fraga, cuando copio el gobierno de Jordi Pujol.
De momento nos salvamos, pero esto no termina aquí, pues los galleguitas-nacionalistas volverán a la carga. Ellos no se rinden.
Y es que: en la gente mala se puede confiar siempre; no cambian nunca.
Galicia esta vez, se salva por los pelos.

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