Pacos

Paco Sande

Gracias Eduardo…

Buenas tardes.
Soy la mujer de Eduardo, y me siento muy orgullosa. Y estos dos que están a mi lado son mis hijos.
Ahora me voy a dirigir a quienes le han matado.
Lo único que han conseguido es dejar a dos huérfanos y una viuda. No van a conseguir nada mas porque, gracias a Dios, hay mucha gente como mi marido y no van a poder con ellos, cada día van a salir más y más.
Aquí se puede vivir muy bien. Se puede vivir muy bien, porque hay gente muy decente y muy honrada, y cada uno tiene sus ideas pero las defiende hablando y no matando.
Son asesinos, no son políticos, no son presos políticos, eso es mentira. Que no vengan las familias pidiendo dinero para ir a verlos porque son presos políticos. No. Es mentira, son asesinos.
Y ¡viva el País Vasco! Y muchas gracias, de verdad, muchas gracias. A mi me han hecho daño, pero les va a costar mucho poder conmigo, con los hermanos, con su madre y con toda la gente que le quiere. A mi, ni a mis hijos, no me van a ver llorar, llorare en mi casa, pero aquí no, no les voy a dar ese gusto.
Un beso y gracias.

Este era el discurso de Francisca Hernández, viuda de Eduardo Puelles, ultima víctima de ETA.

Este era el grito de desprecio de la mujer y los hijos valientes de un hombre valiente hacia los asesinos de este.

No voy a caer aquí en la herejía de decir que todos somos Eduardo, por desgracia no lo somos. Para ser Eduardo hay que tener mucho valor, el valor que parece reservado solo a una pequeña elite, elite de la que ahora también forman parte su mejer y sus hijos.

Pero, eso si, puedo hace mío y lo hago, el grito de desprecio de esta familia hacia esos asesinos cobardes.
Hago mío el grito de libertad de esta familia.

Y que vaya este grito, no solo, contra los nacionalistas-separatistas asesinos de ETA, sino, además, contra todos los intolerantes nacionalistas, catalanes, gallegos, vascos o de donde sea, que con el fútil pretexto de preservar una “lengua y un país propios” coartan y cercenan la libertad de sus conciudadanos. Aquí no me refiero a aquellos que desean hablar y enseñarles a sus hijos en sus lenguas regionales, no, estos son muy libres de hacer lo que quieran, de hablar y enseñarles a hablar a sus hijos en la lengua que ellos prefieran, ¡Faltaría mas!, me refiero a aquellos que, además, coaccionan y tratan de obligar a los demás a que hagan y piensen lo mismo que ellos. Estos son tan fascistas e intolerantes como la propia ETA. Quizás haya quien arguya que ni el nacionalismo catalán, ni el gallego, han matado a nadie. Y es verdad, físicamente no han matado,…todavía, pero psicológicamente, la imposición que están ejerciendo sistemáticamente sobre sus conciudadanos, sobre todos nosotros, es, también, una forma de matarnos un poquito cada día.

Desde aquí hago mío el grito de libertad de esta familia. Y desde aquí quiero darle las gracias a Eduardo Puelles, porque con su sacrificio, nos da a nosotros una luz, un rayo de esperanza hacia la libertad.
Gracias Eduardo.

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