Pacos

Paco Sande

Hubo otras oportunidades…

Decía Arturo Pérez Reverte, el otro día, en una entrevista que, con motivo de la presentación de su ultimo libro, le hizo Carlos Herrera, en su programa “Herrera en La Onda”, que lo que motivó de que España se hubiese quedado en el vagón de cola de la Historia, fue que aquí, al contrario que en Francia, faltó la guillotina.
“El asedio”, que así se titula el libro, trata sobre el asedio que desde 1810 a 1812 sufrió la ciudad de Cádiz, por parte de los franceses. (No lo he leído todavía, espero hacerlo pronto).
El libro narra el pulso de un mundo que pudo ser y no fue, una época y unos personajes condenados por la historia y es aquí donde el viejo corso cree que, de haber rodado en aquel momento algunas cabezas, como las de Carlos IV y Fernando VII, la historia bien pudo haber sido muy diferente.
Cabe recordar que en la Revolución francesa, que comenzó con la “Toma de la Bastilla”, por parte de los revolucionaros parisinos, el 14 de julio de 1789, y aunque la fortaleza de la Bastilla, solo custodiaba a siete prisioneros, supuso simbólicamente el fin del antigua régimen, y aquí no solo rodaron las cabezas de LUIS XVI y María Antonieta, sino también las de: DANTON, (GEORGE JAQUES)a quien dieron matarile el 5 de abril de 1794.
MARAT, (JEAN PAUL) asesinado por la aristócrata girondina, Charlotte Corday, quien lo apuñaló en el pecho. Ella fue juzgada y guillotinada por su muerte.
ROBESPIERRE, (MAXIMILIEN) guillotinado el 28 de julio de 1794.
De esta manera la Revolución Francesa se comía a sus hijos, igual que, años mas tarde, haría la Revolución Mexicana, con Villa, Zapata y Carranza.
Y el mismo pueblo francés que, el 16 de octubre de 1793, ante un Tribunal revolucionario, encarcelaba y condenada a muerte por alta traición a su Reina María Antonieta, terminando así con la monarquía, el 2 de diciembre de 1804, -justo 11 años mas tarde- coronaba en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII, a Napoleón Bonaparte, como emperador de Francia.
En cuanto aquí en España, bien es verdad que, La constitución de Cádiz de 1812, -conocida como la Pepa, por haber sido aprobada el 19 de marzo, día de San José- pudo haber sido, de lograrse un mínimo de armonía dialéctica, una obra profunda y precursora, que no pasó sin embargo de su fase embrionaria a causa del retorno de Fernando VII “el Deseado”, más tarde conocido como el “rey Felón”.
Este que regresa a España después de la victoria nacional, popular y militar en la Guerra de la Independencia, después de una gira triunfal de Gerona a Valencia, pasando por Barcelona y Zaragoza, decreta, el 4 de mayo de 1814, la anulación pura y simple de toda la obra política gestada en Cádiz, dándole de este modo la puntilla a la Constitución. Esta vuelve a resucitar por un tiempo tras el golpe liberal de Riego en 1820 y es definitivamente aniquilada con la llegada de los Cien mil Hijos de San Luis en 1823.
Y aquí es donde, al parecer, don Arturo cree que se fastidió la cosa.
Pero en realidad, este no fue el final, ni de la historia, ni de las oportunidades de España para salir de su retraso endémico, ni de nuestra tendencia innata a fastidiarlo todo una y otra vez.
Después de esta, quizás la siguiente oportunidad que tuvimos de volver al cauce de la historia como un país adelantado y democrático, fue cuando se consiguió destronar y expulsar de España a Isabel II y tras el intento del general Prim de instaurar como rey de España a Amadeo de Saboya, el cual reinará por un corto espacio de dos años, se instaura la Primera Republica el 11 de febrero de 1873.
Esta nació como uno de los más generosos intentos de rectificar la historia sociopolítica de nuestro país, pero acabo con los intelectuales entonando su “no es esto, no es esto”.
Es la Republica Federal, solo en el deseo y en la arbitraria decisión de una parte de sus fautores; porque la Constitución correspondiente no pasó de proyecto. Una republica que en menos de un año encontró tiempo para investir nada menos que a cuatro presidentes.
Stanley Payne diagnostica: Bajo la Republica Federal de 1873-1874 el país se enfrenta con un caos absoluto.
En Barcelona la Diputación iniciaba la disgregación cantonal-separatista al proclamar el Estado Catalán. (Siempre ellos…)
Estalla en casi todo el litoral mediterráneo y en numerosos puntos del interior la sublevación cantonal. Se declaran las republicas independientes de Cataluña, Málaga, Cádiz, Sevilla, Granada, Valencia y Castellón. La de Granada declara la guerra a la de Jaén, la de Jumilla amenaza a todas las “naciones” vecinas. Un pequeño pueblo cerca de Ciudad Real, Camuñas, se declara, como otros muchos, independiente y soberano. El Cantón mas tenaz es el de Cartagena, donde el caudillo huertano Antonete Gálvez, se apodera de la plaza y de la escuadra y ordena desde el puente de la Numancia, el abordaje de las naves leales al gobierno –“¡a toa maquina!”- y encabeza una marcha sobre Madrid que logra llegar hasta las puertas de Albacete, en Chinchilla.
Este periodo es definido por el escritor Ricardo de La Cierva, como: El apogeo del caos.
A esta jaula de grillos le pone fin el General Pavía, de un sablazo, un 3 de enero de 1874 a las 7 y media de la mañana, Madrid dormirá todavía un par de horas más. Con Este episodio tragicómico-político, -el único golpe de estado perpetrado por un solo hombre, aunque, justo es decirlo, fue secundado silenciosa y unánimemente por todas las fuerzas armadas-, de una forma perfectamente merecida terminaba la primera experiencia republicana de España.
Y con ella se pone fin, con más pena que gloria, a la “Gloriosa” Revolución del 68. (1868).

Pero la historia continúa, y continuará…

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