Pacos

Paco Sande

Hubo otras crisis…

Nadie ignora, a estas alturas, que estamos pasando por una crisis de caballo, para muchos de nosotros (y uno ya tiene en el coleto 59 años) la peor crisis que recordamos, pero esta no es la primera crisis por la que el mundo ha pasado, ni quizás sea la peor.
Mi abuelo me hablaba de la Guerra del Catorce, el lo decía asi, y del Movimiento; del Año de la Gripe y la del Tiempo del Hambre.
Y todos sabemos, porque lo leímos infinidad de veces, lo del “Crack del 29”, pero hoy quiero escribir sobre otro tiempo, otra crisis, una de las peores que el mundo tuvo que arrostrar.
Sucedió en el siglo XIV. Un siglo que se puede definir como uno de los más calamitosos en la historia del mundo.
Malas cosechas y la consiguiente mortandad fueron desde siempre un mal endémico que afligía a los países europeos, pero nada comparable a los tres años de 1315 a 1317.
El clima dio un cambio extremo desde Francia hacia el norte. Lluvias incesantes en primavera y verano con temperaturas bajas que arruinaron las cosechas y el forraje para los animales, los precios de los alimentos se dispararon de tal manera que, para una gran mayoría, resultaban inalcanzables, algo que hizo que cundiera un hambre atroz.
Se extendió el abandono de niños y el infanticidio; se llegó al canibalismo, y el bandidaje y el crimen estaban a la orden del día.
Esta crisis, conocida como la Gran Hambruna, llevó a la muerte a millones de personas. Un mínimo de un diez por ciento de la población de la mitad norte de Europa desapareció.
Este desastre no afectó tanto a la Europa mediterránea. En España, al contrario, era su sequedad la que contribuía a una pobreza de suelos que la hacían, casi a perpetuidad, víctima del hambre. La peor fue la de 1333 que mató a tantos que, según la Crónica Conimbricense, no había sitio en las iglesias para enterrarlos.
Apenas había comenzado Europa a recuperarse cuando, en 1347, aparece la Peste Negra, algo todavía más mortífero que la Gran Hambruna.
La Peste Negra abarca todo el continente europeo además de Asia y el norte de África.
Las pestes eran una calamidad que, de tiempo en tiempo, sufría la humanidad, en la historia encontramos la “Peste Antonina” de 166, que debilitó el imperio romano o la “Plaga de Justiniano” de 542, pero ninguna de ellas tuvo el efecto desvatador de la Peste Negra. Esta nació en Asia central o norte de La India y fue propagada a través de las pulgas de ratas infectadas que trajeron las invasiones mongólicas, y con los marineros de los barcos de transporte de mercancías entre continentes y países. Algunos barcos perdían a toda su tripulación antes de llegar a puerto.
Mató a más de 25 millones de personas, entre un tercio y la mitad de los europeos. Hay estudiosos que estiman que, España, Italia y el sur de Francia, perdieron hasta tres cuartas partes de su población.
Al ignorar su origen y tratamiento, muchos la consideraron un castigo divino.
Se culpaba a los leprosos, a los mendigos, a los extranjeros o a los judíos.
Los leprosos fueron casi exterminados y los judíos, acusados de envenenar los pozos, sufrieron toda clase de abusos e injusticias, tanto fue así que el Papa Clemente VI, intento ponerlos bajo la protección del clero y pasó una bula amenazando con excomulgar a aquél que les hiciese daño.
En aquel caos hubo quien pedía a Dios por la salvación por medio de rogativas y penitencias, otros se dieron a toda clase de inmoralidades.
Una crónica italiana rezaba: “parecía el fin del mundo, el preludio del apocalipsis”.
Y como si todas estas calamidades naturales no fueran bastante, las guerras se hicieron más amplias y violentas. La Liga Hanseática contra Dinamarca, los eslavos contra la Orden teutónica, los franceses y otros países contra los turcos, que ya habían invadido los Balcanes y Bulgaria, dejando a Constantinopla casi encerrada y la más dura de todas: la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra, con repercusión en España.
Y, a pesar de todas las adversidades, desastres e infortunios que aquella gente tuvo que arrostrar, las instituciones, desde la iglesia a los estados, pasando por las relaciones señoriales, resistieron y Europa permaneció siendo cristiana.
Bien aquí ya termino, todo esto lo pueden leer con más detalle en “Nueva Historia de España”, de Pio Moa, libro del que me he valido en parte para escribir esto.
Viendo todas las desgracias que cayeron sobre aquellos seres humanos, nos parecerá que la crisis actual no pasa de ser un mal menor, pero no es así. No lo es para aquella familia que tiene a todos sus miembros en el paro, o para el que pierde su casa, por la que ha trabajado media vida, por no poder pagar lo que le quedaba de hipoteca y no lo es para aquél que siempre tuvo un trabajo, que siempre se defendió bien en la vida y ahora tiene que acudir a Caritas o a algún comedor social.
Pero, al igual que lo hicieron ellos en el siglo XIV, también nosotros podemos salir de esta, pero a base de esfuerzo y trabajo y no con huelgas y caceroladas.
La cosa no va a ser fácil, no. En el siglo XIV, tuvieron que lidiar con el Hambre, la Peste, y la Guerra, nosotros tenemos, a los nacionalismos separatistas, a los indignados, a los sindicatos y a la extrema izquierda, me atrevería a decir que, las posibilidades están a la par.

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