Pacos

Paco Sande

Franco fue un dictador, pero dejó tras de sí una España entera, trabajadora y honesta.

No hace mucho leí, creo que en este mismo periódico, una reflexiones que Álvaro Pombo, Premio Nacional de Narrativa en 1977, Planeta en 2006 y Nadal en 2012, hacia sobre Franco.
Y en ellas reconocía que la prosperidad a España había llegado de la mano de Franco.
El escritor afirmaba: «Sé que suena mal, el asunto es que España prosperó gracias a Franco, la gente tuvo su cochecito, su residencia, y la democracia fue posible gracias a Franco».
«Pero sí me hago esa pregunta, de si no tendríamos, por ejemplo en España, que pasar a una fase suprapolítica, suprapartidista, de gestores firmes. ¡Si tenemos cinco millones de parados (cesantes)! Y hay parados irrecuperables, gente de 60 años que ya es un lío. Estoy preocupado porque en España tenemos una mala situación; ¿vamos realmente a ser capaces de recolocar a toda esa gente? ¿Va España a reabsorber esa mano de obra de gente joven o vamos a sacrificar dos generaciones de gente joven que no tiene empleo y no tiene nada?»
«Hay que tener cuidado de no ponerse demasiado bravo con los dictadores que produjeron riqueza económica. Hitler fue un dictador que metió a los países en una guerra espantosa, pero Franco no. Y Pinochet tampoco».
«Y yo digo lo mismo en política: si no se reconoce que España se benefició mucho con la dictadura franquista, y que la democracia fue posible gracias a Franco, se están diciendo cosas raras».

«Eso no quiere decir que queramos otro Franco. Yo no quiero otro Franco. A mí me echaron del país…».

Y claro, el escritor ya ha sido arrojado fuera de ese paraíso donde están todos esos intelectuales de izquierdas, nobles, sacrificados, justos, amigos del pueblo llano, que han visto la luz y son poseedores de la verdad absoluta de cómo el mundo debería ser gobernado.

Pero la verdad es que, por mucho que le fastidie a más de uno, esa es la pura verdad.
Franco fue un dictador, eso no hay quien lo cambie, pero dejó tras de sí una España entera, trabajadora y honesta.
Una España que poco a poco se han encargado de desbaratar los “demócratas” que vinieron luego.
Hoy España, y ahí incluyo a las tan “avanzadas” Vascongadas y Cataluña, no pasa de ser un paramo desangelado y estéril.
Y esto es lo menos que puede decir de esta España que parece haber perdido el norte, de una manera tal, que ya ni sabe lo que hacer con una pandilla de gañanes analfabetos, -y esto no lo digo por insultar, es que son analfabetos-, que guiados por una especie de acémila barbuda y tonta del nabo, se pasean por Andalucía, asaltando supermercados, chales, huertos, bancos y todo lo que se les ponga por delante.
Y esto es solo el comienzo, ahora con el final de las vacaciones y la llegada del otoño, volverán los demócratas de siempre.
Aquellos que nunca son elegidos por el pueblo, pero que dicen hablar y actuar en nombre del pueblo.
A estos demócratas les importa un pimiento que el pueblo le hubiere dado mayoría absoluta a Mariano Rajoy, para que hiciere lo que fuere necesario para quietarnos de esta ruina.
Ellos no lo van a permitir. Si no ganan en las urnas, ganaran en la calle.
La calle es suya, no se cansan de repetirlo y lo van a demostrar como siempre. Gritando más que nadie, insultando más que nadie y haciéndole la vida imposible al Gobierno y al pueblo, que callado y estoico lucha día a día para reconstruir, precisamente, lo que estos demócratas, gente como Arfonso Guerra, que ha vuelto otra vez a Rodezno, ayudaron a destruir.
¿Qué otra cosa se puede decir?

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