Pacos

Paco Sande

Un final feliz.

En cierta ocasión ayude a una mujer que estaba sufriendo maltrato sistemático por parte de su marido.
Cuando la conocí estaba tan mal que, incluso, estaba recibiendo tratamiento siquiátrico.
había tratado de dejarlo en varias ocasiones, pero él siempre había ido a buscarla prometiéndole que no volvería a maltratarla. Pero vuelta a empezar y vuelta a las andadas, un día se armo de valor y al final había sido capaz de huir de casa por una ventana, junto con sus hijos y se había refugiado en casa de sus padres, aunque el fulano, su marido, la acosaba día y noche por teléfono y acudiendo al lugar donde ella trabajaba, donde, si la encontraba, la insultaba y amenazaba, llamándola de todo bajo el sol y diciéndola que si lo dejaba, la mataría.
Ahí fue cuando yo la conocí y nos hicimos amigos. Y fue entonces cuando empecé a ayudarla.
La ayudé en todo lo que pude, muchas veces a costa de mi bienestar, e incluso la busqué un trabajo que la alejó para siempre de la vista de aquella bestia que había siso su marido.
Con el nuevo trabajo consiguió su independencia económica, cosa que le permitió mantener a sus hijos sin depender para nada do su marido y, una vez solvente por ella misma, comenzó con los trámites del divorcio, lo que consiguió poco después.
Dejó el tratamiento siquiátrico y todas las pastillas y demás y volvió a sonreír de nuevo.
Nunca volvió a casarse, crió a sus hijos sola, y hoy es una persona feliz con unos hijos que ya son unos adultos competentes y sanos y con familias propias. Ella vive con uno de ellos y no pasa un día en que los demás no vayan a visitarla acompañados de sus nietos.
Su marido, alcohólico, murió unos años después de quedarse solo.
Y, en todos estos años, ella siempre rehuyó hablar de él, no le gustaba nombrarlo ni que se lo nombrasen y, si alguna vez por necesidad, no tenia mas remedio que nombrarlo, siempre se refería a él con un seco “mi ex”.
Hace unos pocos años que ya no nos vemos tan asiduamente como antes, alguna vez, de tarde en tarde,me la encuentro y fue el otro día que la vi en el parque, estaba hablando con otra señora y me acerque a saludarla.
Luego de saludarnos me senté con ellas a charlar o mejor a escuchar su conversación, y fue al oírla, que me quedé perplejo, estaba hablando distendidamente sobre su ex marido y ya no le llamaba su “ex” ni mucho menos, sino con toda la boca llena, se refería a él como, «mi marido».
Han pasado 22 años desde aquel día en que la conocí, 14 desde que murió su ex marido, y dicen que el tiempo todo lo cura y todo se olvida, ella parece haberlo hecho, sin duda.
Y, hay quien pensara que este es una historia con final feliz, que lo es.
Y quizás sea bueno que ella se haya olvidado tanto de todo aquello, quizás, pero yo me siento un poco confuso, ¿¡qué quieren que les diga!?

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