Pacos

Paco Sande

Franceses e ingleses no consentirían que ningún político pusiese en peligro la unidad de su nación.

Voy a empezar por algo sobre lo cual, como siempre, voy un poco tarde, pero es que no quiero pasar por alto el “enorme exitazo” que el partido “Podemos” han cosechado en Andalucía. O sea, “que no han podido”.
Ya empezaba a estar cansado de verlos salir hasta en la sopa.
Durante varios meses, varios periódicos publicaron encuestas que los situaban como primera fuerza política. A Rajoy le hacían saber, por activa y por pasiva, que la oposición estaba en Podemos y era con Pablo Manuel Iglesias, con quien tendría que vérselas y al pobre Sánchez, lo daban ya por muerto y finiquitado.
Y llegó el día de la verdad. El día de las elecciones. Se acabaron las encuestas, los mítines, la voz machacona y demagógica de Iglesias y toda esa parafernalia.
Y saltó la liebre, el gran desencanto, la debacle.
Podemos consigue 15 escaños, trasvasados casi por completo desde Izquierda Unida, que se hunde, ni la mitad que el segundo, el PP, con 33.
Al día siguiente el progrerismo de este país, empezando por la señora Julia Otero, a la que escuche esa tarde en su editorial, trataban de desviar las miradas hacia lo que el PP se había dejado en el camino.
Han perdido quinientos mil votos, aseveraba, sin pararse a observar que esa pérdida de votos era si la comparábamos a los resultados de las últimas elecciones andaluzas, las únicas que ganó el PP en Andalucía, y todo ello debido al expolio de votos que el “cinturas Zapatero” a su paso por el PSOE y por la presidencia del Gobierno, acarreó a éste partido. Si las comparásemos con todas las demás, el PP estaría, más o menos, en su media.
Y todo eso ocurría en Andalucía donde, desde que palmó Franco, no ha vuelto a gobernar la derecha. Así que no te digo nada como va ser en el resto de España.
Bueno, de momento nos hemos librado de ver mañana tarde y noche a los “Adolescentes cincuentones” de Podemos, en nuestra televisión, de oírlos en nuestras radios y de verlos en todos los periódicos. Y eso no puede ser malo.
Lo malo es que en este país, como en la casa del pobre, poco dura la alegría, y tan pronto como creíamos que se podía “volver a la playa” como dice aquélla película, aparece de nuevo el tiburón.
Ahí está de nuevo ese as del tocomocho Artur Mas, que, viéndose perdido en las próximas elecciones, convence al tonto útil de Junqueras, para que, si entre los dos consiguen mayoría, hagan de éstas unas elecciones plebiscitarias, y el otro traja con mas candidez que el chatarrero que compró la Torre Eiffel.
Y ya estamos otra vez con la murga, casina, carca y trasnochada, de hacer una Cataluña independiente.
Por dios, pero es que en este país vamos a tener siempre la desgracia de que, además de mantener a los políticos, con sueldazos y prebendas que nos dejan a los ciudadanos de a pie patidifusos, también tengamos que aguantar sus egocéntricas ideas y planes de grandeza?
Que envidia me dan los franceses e ingleses, por nombrar solo dos, ellos nunca le consentirían a ningún político que, por satisfacer sus pajas mentales, pusiese en peligro la unidad de su nación.

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