Pacos

Paco Sande

Ocho horas, para trabajar, ocho horas para dormir y ocho horas para hacer lo que quieras

El primero de mayo, -que fue hace poco- se celebra el Día Internacional del Trabajo.
Pero ese día, en que para la mayoría de nosotros no pasa por otra cosa que la de ser un festivo mas y una ocasión estupenda para hacer puente, tiene una razón de ser.
Ese día ha sido elegido como el Día del Trabajo, porque fue un primero de mayo de 1886, cuando Alber Parsons, líder de la organización laboral “Caballeros del Trabajo de Chicago” se puso al frente de una manifestación de más de 80.000 trabajadores a través de las calles de Chicago, pidiendo la reducción de la jornada laboral a ocho horas.
-su reivindicación era: ocho horas, para trabajar, ocho horas para dormir y ocho horas para hacer lo que quieras-.
La movilización laboral corrió como la pólvora por todo Estados Unidos, y en los siguientes días, se unieron a esta demanda más de 350 mil trabajadores de toda la Unión Americana que se declararon en huelga.
Más de mil fábricas se vieron afectadas, hecho que causo una gran alarma entre la patronal. Los poderosos líderes industriales vieron en las manifestaciones un peligroso precedente que podía afectar de manera adversa sus intereses.
Los anarquistas y otros radicales pronto se unieron también al movimiento obrero y el 3 de mayo August Spies, director de un periódico laborista se manifestaba al frente de unos 6.000 trabajadores ante la fabrica McCormick.
La policía acudió al lugar y la cosa se calentó de tal manera que la policía acabó abriendo fuego. Un huelguista cayó muerto y centenares resultaron heridos.
Al día siguiente, 4 de mayo de 1886, como protesta contra la brutal agresión de la policía el día anterior, los anarquistas convocan una manifestación masiva en el marcado de la ciudad –Haymarket-, Spies, Parsons y Samuel Fielden, dan una disertación ante una multitud de mas dos mil quinientos trabajadores.
Casi al final de la manifestación, se personan en el lugar unos 200 policías.
Mientras la policía trata de dispersar a la gente, alguien lanza una bomba que estalla matando a un policía.
Al momento se arma un gran alboroto y la policía vuelve a abrir fuego una vez más.
En la tremenda reyerta y confusión que se origina, siete policías y cuatro trabajadores caen bajo las balas, además de muchos heridos.
Muchos de los trabajadores son arrestados y sus hogares registrados.
Los líderes sindicales, (Parsons, Spies, Fielden, Schwab, Fischer, Lingg, Engle y Nebee), son acusados de conspiración y asesinato por la explosión de la bomba que mató al policía.
El juicio en el que siete de ellos fueron condenados a morir ahorcados estuvo plagado de mentiras e irregularidades.
El once de noviembre fueron ahorcados Parsons, Spies, Fischer, Engel.
Louise Lingg, se suicidó en prisión y a Fielden, Nebee y Schwab, se les conmutó la pena òr cadena perpetua.

El caso de Haymarket provocó un escándalo internacional. El gobernador Oglesby recibió cientos de miles de cartas pidiéndole clemencia para los condenados, pero todo fue inútil: los condenados fueron ejecutados. La verdadera causa de su muerte no fue la explosión de la bomba, sino la amenaza que para sus interese vieron los industriales y conservadores dentro del gobierno en la capacidad que demostraron los acusados para organizar a la clase obrera en demanda de mejoras laborales.

La barra de abogados de Chicago condenó el juicio y siete años después el Gobernador de Illinois, John Peter Altgeld, declaró la inocencia de los ocho acusados y liberó a los tres sobrevivientes.
En 1889, durante el Primer Congreso de la Segunda Internacional Socialista, celebrado en París, se decidió que el 1º de mayo se conmemoraría en adelante la solidaridad laboral.
Desde entonces, esta fecha es celebrada como día del trabajador en la mayoría de los países del mundo.
Paradójicamente,, por considerarlo un invención comunista soviética, el 1º de Mayo no se celebra en Estados Unidos, Canadá o Gran Bretaña.
En esos países se otorgó a los trabajadores el primer lunes de septiembre, un día sin significado histórico, para celebrar su día (Labor Day).
Tampoco fue aceptado por el régimen de Franco, que lo cambio al 19 de marzo, día de San José obrero.
La jornada laboral de ocho horas tuvo que esperar en Estados Unidos hasta 1935, fecha en que fue aprobada durante la presidencia de Franklin D. Roosvelt.

Y hoy, en pleno siglo 21, y 129 años después de aquel primero de mayo, aquí en España, al parecer, nadie ha oído hablar ni de los mártires de Chicago, ni sabe lo que es tener un horario ajustado a las ocho horas.
Lo siguiente es lo que, más o menos, te puede tocar si tienes la “suerte” de tener un curro en este país:
Si tienes horario partido, el más habitual, por lo menos aquí en Galicia, ya te pasas el día alrededor del trabajo, desde las ocho de la mañana hasta las nueve o diez de la noche.
Durante ese tiempo has hecho todo lo posible para escaquearte, haces rendir el cafelito, la comida y el pitillo, a ver si las horas pasan de una maldita vez, pero el día lo tienes que pasar pegado a esa especie de cadena perpetua en la que ha acabado convirtiéndose para ti ese trabajo.
Pero aunque hayas tenido la suerte de encontrar un trabajo con la jornada intensiva, va a ser igual, se supone que tenías que terminar a las cinco y media de la tarde y acabas terminando a las siete o, incluso más tarde. No es que los jefes o la compañía te lo exijan, no, ellos no te dicen ni te van a decir nada, pero los compañeros te explicaron cuando llegaste, que eso era lo que se llevaba aquí y, si te ibas a tu hora, los jefes lo veían mal y no te iban a renovar el contrato, y tú, como te hace falte este curro como el que mas, pues ahí afuera la cosa anda muy mal y no está el asunto para dejar escapar ningún trabajo, tienes que quedarte haciendo jornadas de 9, 10, y hasta 11 horas, y todavía decir que eres una afortunada o afortunado.
Y queda el tercer modelo: por turnos. Aquí sí que hay días que te respetan la hora de salida pero es solo para decirte que tienes que doblar turno, así que, vete, descansa por la tarde y vuelve por la noche, eso le evita a la compañía el tener que contratar a más gente, con el consiguiente ahorro en seguridad social, mutua de accidentes, etc., y, además, te van a pagar ese turno doble como a ellos les salga de la flor.

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