Pacos

Paco Sande

El Método.

Dicen que Göbbels, jefe de propaganda de Hittler, desarrolló un sistema de propaganda tan contundente y eficaz que, todavía hoy, deja asombrados a los estudiosos del tema. Su sistema se resumía en una frase a él atribuida: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.
Bien, pues yo discrepo, una mentira repetida mil veces sigue siendo una mentira y de repetirla machaconamente una y otra vez, probablemente acabe por instalarse en el acerbo de algunos como una verdad, pero la mayoría, puede que se calle por miedo y la acepte, pero seguirá viéndola como una mentira.
Para que una mentira se convierta en una verdad, se necesita un método.
Un método que tendrá que ir algo así como lo que sigue:
1º Expón tus datos, tu historia.
2º Divulga tu información lo máximo posible. Que llegue a la mayor cantidad de gente que sea posible.
3º Dile a la gente si va a creer en las tonterías que le enseñaron en las escuelas de Franco, o va a creer en hechos históricamente probados, investigados y corroborados por reputados historiadores y libres pensadores, lejos de toda sospecha de parcialidad hacia cualquier bando.
3º Crea escuelas y universidades donde se enseñen solo tus datos e historia. A los que llamaras siempre “Datos Históricos” o “Memoria Histórica”.
4º Contrata solo profesores que crean en tus datos e historia y presenten los datos de tus contrarios como mentiras infames, fabulas creadas para dañar al pueblo.
5º Crea un sistema de revisionismo de la historia basado en la revisión de documentos históricos, permitiendo ejercer dicha revisión solo a aquellos que crean y vayan a divulgar tus “datos históricos”.
6º Otorga diplomas a aquellos que creas más capaces y fieles a tus dogmas, para que pasen a formar parte de la cúpula de tu jerarquía. Que pasen a ejercer de grandes maestres de tus colegios y universidades.
7º Enséñales a tus discípulos a reírse de todo aquel que enseñe otros datos y otra historia que no sea la tuya o que, incluso, ose ponerla en tela de juicio.
8º Y, finalmente, subvenciona sólo a las escuelas o universidades que te sean fieles y crean y enseñen tus datos y tu historia.
Este es, más o menos, el método que ha venido desarrollando sistemáticamente la izquierda en España y, hasta el momento, no les ha ido nada mal.
A la vista está de cualquiera que quiera verlo: Aparece alguien enarbolando la, mal llamada, bandera franquista, la del águila de San Juan, y se arma tal marimorena que el susodicho, si no es linchado en el acto, acaba con sus huesos en el calabozo.
Luego ellos ondean la bandera republicana y están en sus derecho, ellos sí.
Ellos acaban sus convenciones cantando “la Internacional Socialista” o comunista, según quien esté al frente del sarao. Pero, si por el contrario, a alguien se le ocurriese, y escribo, si se le ocurriese, porque a nadie se la va a ocurrir, cantar el “Cara al Sol”, ellos eso lo tachan, inmediatamente, de fascista, subversión y querer buscar follón.
Retiran todos los nombres de todas las calles, así como estatúas y demás parafernalia, de personajes que ellos consideran franquistas, – desaparecen las calles: Mártires de Paracuellos, La División Azul o Crucero Baleares, pero además, se caen nombres como: Santiago Bernabéu, Manolete, Salvador Dalí, Concha Mala Espina, Pedro Muños Seca, Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu, Alberto Alcocer, Ricardo de la Cierva, Manuel Machado, Miguel Mihura, Jardiel Poncela, Luca de Tena y muchos más, la mayoría asesinados por el Frente Popular- y los sustituyen por nombres como: Manuel Azaña, Dolores Ibarruri, Indalecio Prieto, Santiago Carrillo, Etc., Éstos, por lo visto, siempre según la versión de su “Método”, fueron héroes que jamás hicieron mal a nadie y pelearon por una España mejor y más justa y, alguno de ellos tomó parte directa en los asesinatos de los anteriores, pero esto se les olvida. Y es que lo de la «memoria histórica» clama al cielo. Declara culpables a los que se levantaron por la provocación continua de la izquierda y salvaron al país de la ruina comunista y el exterminio de la clase media, iglesia, empresarios, derecha, y quién sabe cuántos más, y glorifica a los protagonistas de las checas, paseos, malversación del oro y plata, quema conventos y asesinato de religiosos, los de la revolución Asturias, etc.)..
Y la derecha, tonta y bobalicona, se lo cree y, avergonzada, se calla la boca, baja la cabeza y niega ser de derechas. ¡Hay que tocarse…!
Pero los que han sabido explotar el “Método” en toda su magnitud han sido los “nacionalistas separatistas”.
Se inventaron historia, héroes, tradiciones, mitos y leyendas propias. Hechos diferenciales, los llamaron.
Se inventaron países y reinos que nunca existieron y hombres ilustres de esos países. Algunas veces adueñándose de los ajenos, como en el caso de Cataluña: Cervantes, Colon, Américo Vespucio, Mercator y un largo etc., eran catalanes, todo el mundo lo sabe.
En Galicia, su hombre más ilustre pasa por ser Castelao, un escritor mediocre que vivió del cuento de pregonar el victimismo gallego.
Se adueñan descaradamente de Rosalía de Castro, olvidándose de que ésta, renegando de ellos, acabo jurando no escribir nunca más en gallego, algo que cumplió, escribiendo en castellano lo mejor de su obra: A Orillas del Sar.
Traducen al gallego las obras de Valle Inclán, un escritor gallego que nunca quiso escribir en esa lengua y reniegan de dos grandes, Emilia Pardo Bazán y Wenceslao Fernández Flores, por no haber escrito su obra en gallego…
Y su historia y procedencia viene directamente de los Suevos, unos pueblos barbaros de origen germano que pasaron por aquí. -Por eso nos parecemos tanto a los alemanes, es que somos clavaditos-.
Aunque nuestra historia (la de los gallegos) va mas allá, se hunde en la noche de los tiempos y comienza con la llegada a estas costas de otro pueblo, también de origen germano, (a ver si va a ser cierto lo de parecernos a los alemanes) y con ellos nuestro fundador, Breogan, con el mismo rigor histórico que el Capitán Trueno.
Y acaban por inventarse una lengua gallega de laboratorio. Una lengua que se aleje lo mas posible del castellano e inventándose nuevas palabra y neologismos para sustituir a las anteriores.
Esto empezando por introducirlo desde la mas tierna infancia, acompañado de la leche de los biberones en la “Galescolas” “Ikastolas” y como quiera que se llamen en Cataluña, inculcando siempre, como Aníbal, odio eterno a España. La nación malvada que siempre los ha subyugado, explotado e empobrecido, impidiéndoles ser libres, grandes y prósperos.
Y, por ultimo, obligados a estudiar y hablar solo en la lengua vernácula del lugar, el “Método” no podía fallar.
Y no falló…
Y, aunque, en lugares como Galicia vaya un poco mas despacio, ahí tenemos a Cataluña, lista para recolectar, los demás, al tiempo.

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