Pacos

Paco Sande

La Republica y la Bandera.

Una impresentable quema una copia de la Constitución delante de las cámaras de una televisión catalana y no pasa nada.
Nombran al Rey, persona non grata en varias poblaciones catalanas, y no pasa nada.
El zoquete del Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, se humilla ante Pablo Iglesias, medicándole por favor que lo haga Presidente, y no pasa nada.
En La Coruña retiran el nombre de la calle División Azul y ponen otras con los nombres de los Hermanos de la Legía o Dolores Ibarruri, ejemplo de ilustres sinvergüenzas, y no pasa nada.
Aparece el nombre de un ministro del PP en los papeles de Panamá, y el asunto sale hasta en las cajas de cerillas. Y piden la cabeza del Presidente en funciones, Mariano Rajoy, aunque él, ni de lejos, tenga nada que ver en este asunto.
Y me apuesto lo que sea a que, si vamos a unas nuevas elecciones, muy pronto tendremos en la palestra nuevos casos de corrupción, o en su defecto antiguos, contra el PP.
Y aunque los casos de corrupción del PSOE y otros partidos, como los Pujol o los “Ere y cursos de formación de Andalucía –por mucho, la estafa más grande de la historia de España- nos pasen por delante de las narices y, en los casos de Andalucía, se estén dejando prescribir sin haber juzgado a nadie y todo ello no levante más que unas pocas líneas en el periódico ABC o en este mismo PD, y nadie diga nada, tiene mandanga.
Y es que la derecha tiene tan asumido su complejo de culpabilidad que lo acepta todo.
¿Y ellos?, ellos, los “progres de izquierda”, se siente orgullosos de ser lo que son, y hacen y deshacen a su antojo, a su gusto y hechura sin cortarse ni un ápice. Y eso es asi, siempre ha sido así y seguirá siendo así. Nada ni nadie parece poderlo cambiar.
Toda Europa está temblando por el avance incontrolado del populismo de derechas, y aquí nos está comiendo el populismo de izquierdas. Y es que, como bien decía aquel proverbio: “Spain is diferent”. –España es diferente- nunca ningún dicho estuvo mas acertado.
Hace tan solo tres días, el 14 de abril, se conmemoró el nacimiento de la Segunda Republica, y, como no podía ser de otra manera, muchos alcaldes “progresistas” – ¿¡progresistas!? ¡Ay que risa tía luisa!- ondearon en los balcones de sus ayuntamientos la bandera tricolor de la Republica.
Saca tú al balcón, o en una manifestación cualquiera, una bandera con el águila de San Juan y ya verás la que se arma. En seguida te tildan de fascista, de ser de extrema derecha, y de buscar el enfrentamiento.
Pero ellos sí, ellos pueden ondear la bandera que les salga de la flor, porque ellos son “la izquierda que representa al pueblo” y les da patente de corso.
Lo de representar al pueblo lo dicen ellos. Aunque, a la hora de votar en las urnas, el pueblo les diga una, y otra vez, que no.
Aquí el votante tipo del PP, casi siente vergüenza de serlo y en las encuesta suele, o no contestar o mentir. En cambio estos están orgullosísimos de ser de izquierdas y “autoproclamados” herederos de aquella Republica.
Una republica que nació de un golpe de estado, propiciado por unas elecciones municipales que, al principio parecía haber ganado los republicanos y que al final quedó demostrado que habían vencido los monárquicos, aunque para entonces ya era tarde.
Escribe Cesar Vidal: Como si de un western barato se tratara, conminaron al Rey a abandonar España antes de las doce de la noche.
Y así fue como el Rey de España, Alfonso XIII, aquel 14 de abril de 1936, abandonaba España para siempre y nacía la Segunda Republica, todo un hito de democracia, ¡sí señor! Y de esto, según ellos, hay que sentirse orgullosos. ¿Orgullosos de qué?
¿De una Republica que nació impuesta a la fuerza por una izquierda que nunca respetó, ni respeta, la democracia?
¿Y la bandera? Vamos con la bandera:
Durante las últimas décadas la bandera ha sido objeto de una ofensiva progre asfixiante. La misma insiste en que la bandera no es sino, simplemente, un trapo que no representa nada o casi nada y que, además, es usado demasiado por la derecha, que se ha apropiado de los símbolos de España en beneficio propio. En realidad difícilmente alguien se puede adueñar de algo que ya es suyo. Y los símbolos de España, tanto la Bandera como el Himno Nacional, son patrimonio de todos los españoles y ninguno puede ser acusado por ondear la bandera o tocar el Himno nacional, ni de adueñarse de ellos ni de usarlos demasiado. ¿Qué paso en Francia cuando el partido de ultraderecha de Le Pen comenzó a ondear la bandera y a tocar el himno francés en todos sus actos? ¿Protesto la izquierda francesa de que se estaban adueñando y usando demasiado los símbolos de Francia? No y no, estos, la izquierda, empezaron a usarlos todavía más, pregonando su patriotismo y su amor a Francia, a los cuatro vientos. Pero a la izquierda española, democrática y progresista, parece darle miedo o vergüenza decir que son demasiado patriotas y la Bandera y el Himno, parece que les dé urticaria. Cosa que no ocurre cuando se trata de cantar el himno de alguna autonomía para darle por el pie y hacerles la pelota a los nacionalistas.
Y en cuanto a los nacionalismos separatistas. Ahí no reparan en gastos a la hora de denigrar la Bandera.
Para que sea ondeada, en algunos ayuntamientos tienen que ser obligados por ley y cuando lo hacen, aparece en un lugar tan disimulado o tan apartado de la vista que hay que fijarse mucho para darse cuenta de que está allí. Es que, es tanto el afán de hacerla a menos, que han recurrido a las más variopintas y rebuscadas teorías para justificar el rechazarla. Que fue impuesta por Franco. Que no es la verdadera bandera de España. Que, en realidad, la verdadera es la republicana, que fue la antigua bandera de los barcos catalanes…
¡Yo que sé!, de todo lo que se les ocurre y mas, ya no saben lo que decir.
Pero la verdad es que, La Bandera, nuestra Bandera, la roja y gualda o amarilla, es la bandera oficial de España desde 1843. Fue traída a España por Carlos III cuando éste heredo la corona española.
Hasta Carlos III, la bandera española había sido la de la Casa de Borbón. Completamente blanca.
Carlos III era hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio, ésta con el objetivo de colocar bien a sus hijos y puesto que el rey Felipe V había tenido otros con su primera esposa María Luisa de Saboya, que heredarían la corona de España, ella se dedico a buscar reinos italianos para los suyos. Nos costó una guerra con Austria, que perdimos, naturalmente, pero la reina se salió con la suya y Carlos recibió Parma y Felipe Plasencia y Toscana.
Pero no quedó ahí la cosa con Carlos, que, por lo visto, el chaval valía y, casi por meritos propios, llego a ser rey de Nápoles.
Siendo rey de Nápoles, Carlos adopto la roja y amarilla para sus navíos de guerra, que, hasta entonces, se confundían fácilmente con las de los otros estados borbónicos, motivo que le acarreaba muchos disgustos.
Y esta fue la bandera que trajo con él cuando heredo la corona española.
Esta es, al menos, la versión que nos da Juan Eslava Galán.
Hay otra versión que dice: que el diseño actual de franjas y colores de la bandera, nace en 1785, también de la mano de Carlos III, pero ya en España. Según esta otra versión, -yo me inclino por la anterior- el rey habría convocado un concurso para crearla, gano, según esta versión, el diseño de Frey Antonio Valdés y Fernández Bazán.
De cualquier manera, y a favor de su legitimidad histórica, podemos decir que es una de las banderas más antiguas de occidente. La de EEUU es de 1776, la Francesa de 1789, y la del Reino Unido de 1801.
Por tanto, los que quieren legitimar la bandera de la republica, tienen que tener en cuenta que: en 1978, cuando se aprobó la Constitución actual, habíamos tenido 187 años (casi dos siglos), de bandera Rojigualda, frente a 3 años con la bandera de la Segunda República.
Y eran en 1936, cuando empezó la guerra civil, 148 años de bandera Rojigualda frente a 3 con la bandera de la Segunda República. Creo que en uno y otro caso se optó acertadamente (las cifras son abrumadoras) por mantener el diseño histórico de la Bandera Española.
Y para aquellos que crean que una bandera es solo un trapo, algo que se haya inventado recientemente la derecha española, deberían echarle un vistazo a la historia. Ésta nos enseña, una y otra vez, que los símbolos son algo consustancial al hombre, en la guerra y en la paz. En la guerra es donde más relieve alcanzan los símbolos, porque ahí todo se dirime a vida o muerte.
Hay un temprano testimonio sobre esa importancia que se concede a la bandera, mucho más que militar. Es el de Bernardino Escalante, que dice así:
La bandera es el verdadero fundamento de la Compañía, y en que consiste la honra y reputación suya. Y de sus soldados, conviene que al que se la hubiere de encomendar tenga las calidades de un perfecto alcaide en nobleza, y estimación de la honra, para que la sepa guardar, y morir por defendella, sin jamás desamparalla.
De manera que la bandera no es solo un trapo; lleva implícita una idea de honor, y eso se ha afianzado en el curso de los siglos.
Solamente aquellos que no aman, o incluso odian, a su país, creen lo contrario. Y en España, de esos abundan mucho.

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