Pacos

Paco Sande

Según yo, «que parece que sé mucho»…

 

En repuesta a un comentario que yo puse en FB, diciendo que nos teníamos que oponer a ultranza a otro confinamiento domiciliario, una señora me preguntaba: ¿Y según usted, que parece que sabe mucho, cuál sería la solución?

 

Según yo, «que parece que sé mucho», la solución es tomar la situación con respeto. El virus existe, y eso no es ningún mito, es real. Y por ello hay que hacer que se cumplan las medidas adecuadas para su contención.

En los bares, en los restaurantes, en los supermercados, en nuestros paseos por la calle, todos cumplimos. ¿Pero de qué vale todo, si luego al caer la tarde hay gente que se junta a charlar o a beber en la calle, en los patios, fiestas privadas, botellones, etc., sin preocuparse de la distancia y la mascarilla?

¿De qué sirven las medidas si la gente entra amontonada en el metro o  autobús?

¿De qué sirven todas las medidas cuando vas dando un paseo y a tu lado pasa un tío, o tía, corriendo y echándote todo su aliento en la cara?

Dicen que el deporte es una actividad necesaria. ¿Y por qué va a ser más necesario que alguien pueda correr, que, que yo pueda dar un paseo?

Necesario es ir al médico, al dentista, al súper, a trabajar, eso es necesario, y eso es lo que se está parando.

Y eso es, precisamente, lo que no se debiera hacer. Hay que parar toda actividad que te exponga a la infección y no sea estrictamente necesario, pero no cerrar un país.

El país tiene que seguir funcionando o estamos perdidos.

Y no podemos permitir otro confinamiento domiciliario bajo ningún pretexto o circunstancia.

Los seres humanos necesitamos salir a calle, a tomar el fresco, el sol y el aire puro.

¿De qué sirve estar a salvo del virus si acabamos por morirnos de aburrimiento, pena, soledad y asco?

Dicho esto, quiero dejar patente que cualquier protesta o manifestación en contra del confinamiento o de cualquier medida del Gobierno, debe ser completamente pacifica, cívica y ordenada, sin el menor atisbo de alboroto, violencia o vandalismo.

Y denunciar y expulsar de esa manifestación a cualquier individuo causante de cualquier altercado contra la ley y el orden.

En estos días andan los diferentes partidos políticos y medios de comunicación, culpando a la extrema derecha o extrema izquierda –según sea la ideología de ese partido o medio de comunicación afín- de pertenecer a uno u otro bando los individuos causantes de los violentos disturbios “contra las restricciones” en Barcelona, Valencia, Zaragoza, Santander y varios puntos de España, mas, la semana pasada.

Pues que nadie se deje engañar. Esa chusma ni era de derechas ni de izquierdas, ni de  extrema ni del medio. Esos eran los “anti-sistema” por llamarlos de alguna manera, que siempre están ahí cuando huelen sangre. Buscando el caos y la violencia como la hiena busca la carroña.

Una pandilla de sinvergüenzas, maleantes y ladrones, algunos quizás pagados por espurios intereses y otros por el mero hecho de “buscar emociones fuertes”. Pequeños imbéciles que jamás han dado palo al agua encaminados a representar al perfecto gilipollas.

Que lo mismo salen a la calle por lo mal que lo está haciendo este Gobierno, lo mal que lo hizo el Gobierno anterior, el cambio climático, la caza de la ballena o la extinción de la ortiga en los huertos de Pontevedra. Les da lo mismo.

Ellos no representan a nadie. Solo representan la hez, la basura, la roña de toda sociedad. De ellos solo supo sacar provecho Pablo Iglesias cuando fundó su partido de los rescoldos del 15-M.

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