Palpito Digital

José Muñoz Clares

Campanas de Gauss y de Huesca

De Cataluña llega un silencio espeso que nada bueno presagia. Son efluvios que huelen a arremetida mayor que la que ya conocemos, porque en cuanto la que se pela con el casco puesto y su amiguito Antonio – nada de Antoni, según espetó a Rahola – vean que pasa el tren y no consiguen arrastrar a la burguesía catalana a la revolución bolivariana que ellos pretenden, no es que vayan a hacer a Mas presidente, no: es que lo van a entronizar y coronar como se suele con las vírgenes en España, y no me refiero a las pobrecitas que señaló Quevedo, esas que arrastran su atocinada virtud por este mundo desangelado, sino a las vírgenes de madera a las que en España se condecora sin asomo alguno de vértigo relativista y sin reparar en el lío tremendo que se puede desencadenar condecorando a una entelequia con origen y residencia en Archidona (Málaga), lugar de procedencia del famoso cipote que tanto dio en su día que hablar, y más que dará si cuaja el neologismo que recientemente me refirió un profesor, al que una alumna le había anticipado, llena de alborozo, que su padre la iba a «emancipotar» ante notario. Es de esperar que el episodio emancipotador no llegue a mayores, por lo que mucho que impone la figura del notario, y todo curse sin necesidad de que intervenga la autoridad competente.

Sirva lo anterior a modo de introducción para lo que constato: ahora el ruido procede de la campaña electoral, con un Pablo Iglesias que sigue perdido en sus inexistentes e imposibles nostalgias de ayer mismo, hasta de hace un rato, y un Pedro Sánchez que, según se ha filtrado, se está planteando seriamente cambiarse de sexo, aumentarse la mandíbula, dejarse una melena larga y hacer que lo llamen Susana como única forma de que lo tomen en serio en su propio partido. Mientras siga en plan buñuelo, hichándose de aire como aquellos perros cervantinos que, con cañas aplicadas a donde se imaginan, se hinchaban e hinchaban hasta parecer rinocerontes. Él dice que es lo que que todos sabemos que es el PSOE: ideas de siempre, mi patria es la igualdad, ley de protección integral que no protege, etc., etc., etc. O sea, nada, de ahí que el término caída libre se haya quedado pequeño para definir su situación. Y es que luchar contra la campana de Gauss es tan quimérico como luchar contra la muy eficaz campana de Huesca, cuyo siniestro tañido ha llegado a nuestros días gracias al prodigioso badajo – la cabeza de un obispo, según la leyenda – que la animaba, y a la inteligencia de su ejecutor, Ramiro II el Monje, que acalló para siempre la revuelta por la muy expedita vía de cortar la cabeza a los revoltosos, que ya no molestaron más, según es fama.  Y es que el bipartidismo nace de otra campana, la de Gauss, y responde a la distribución más previsible de voto: un centro crecido, derecha e izquierda menguadas pero firmes y equilibradas, y periferia en constante renovación. Así que se esperan luctuosas efemérides: por un lado la acometida catalana a la desesperada, que vendrá a ser como la carga de la caballería ligera de Balaclava, se va a solapar con unos resultados electorales que pueden laminar cualquier idea de independencia o no, según hayan de ser las alianzas post-recuento, y eso si no se da el vuelco máximo, el definitivo, que no sería otro sino que C´s ganara al PSOE y al PP y acabara formando gobierno por su cuenta con los apoyos que, entonces, le ofrecerían tanto PP como PSOE. O sea, un sinvivir hasta el la noche del día 20.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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