Palpito Digital

José Muñoz Clares

Mas, el antimidas

En los tiempos remotos en que se emergía de las tinieblas el Partido Comunista de la Unión Soviética, precedente de los anticapitalistas de la CUP, tomaba la palabra Lenin, que tenía deriva finisecular, y se pasaba ocho horas pormenorizando el futuro igual que San Juan en Patmos escribía el Apocalipsis. Ocho horas que sus fieles devotos aguantaban estoicamente sin atreverse ni a mear, en unos tiempos en que hacerle más caso a la próstata que a la dirección se entendía como actitud contrarrevolucionaria y directamente fusilable, al poner al mismo nivel a una glándula y al amado líder. Fidel Castro hacía esas mismas cosas cuando aún le funcionaba la cabeza y el cuerpo. Aquello era ortodoxia, señoras y señores. Aquello era rigor y no el relajo de ahora, cuando vemos a otros fieles devotos, esta vez de la CUP, pasar un domingo al mejor estilo diocesano, en jornada de convivencia y sana alegría con los hermanos en la fe, como los seguidores de cualquier otra fe pero con un sesgo estadiero muy del agrado de los testigos de Jehová, sólo a falta de la piscina de los bautizos, a la que arrojar a los más plastas en la defensa de sus trincheras ideológicas. En tan pío escenario debaten hasta el absurdo, votan, fumata negra, sigue el debate, vuelven a votar o, lo que es lo mismo, «votan y votan y vuelven a votar, anticapitalismo y no investir a Mas.» Y eso, además, en un ambiente de voto secreto, al estilo masón, para que el anonimato impida identificar al enemigo, dándole así emoción al lance. Y va y les sale otro resultado de diseño: 1515 a 1515, que resulta visualmente más bonito que un San Luis. Ellos y su obsesión con el 17 y el 14, sin salir de la decena  en que sitúan la puñalada por la espalda que le dimos los españoles cuando nos pusimos de parte de los borbones contra los austracistas, un asunto por el que nos la tienen jurada a muerte. Unos blandos. El padrecito Stalin, mucho más resolutivo, habría resuelto el empate fusilando a unos cuantos cualquiera en número impar, mayormente a los que se le apreciara cara de haber votado en sentido contrarrevolucionario. Pero estos no tienen el suficiente convencimiento como para ir aligerando el censo a base de eleminar a los tibios, y así les va: partidos exactamente por la mitad, 1515/1515. Y es que del mismo modo que Midas recibió el envenenado regalo de convertir en oro lo que tocaba, alimentos incluidos, Mas vino al mundo con un don no menos singular: dividir cuanto él toca y reducir a carbonilla las instituciones que uno pudiera tener por más sólidas. Ha partido en dos su coalición, Convergencia y Unió, y ha dado lugar a que la propia Unió se escinda en dos. Ha partido en dos a España, arrancándole Cataluña, a la vez que ha partido en dos a la sociedad catalana. Lo que no se esperaba es que partiera igualmente a la CUP, pero sepan que la meta final no es otra que partir España de forma definitiva para que después de él quede, efectivamente, el caos.

Pues hay que partirlo a él. Literalmente. Lo suyo sería fusilarlo con todos los deshonores pero hace tiempo que se perdieron aquí las buenas costumbres. Bastará con encarcelarlo o exiliarlo, cualquier cosa que contribuya a apartarlo de la política española y que se vaya con su pinta de mercachifle a vender mantas por los mercados como Ramonet. O se hace algo o este Mas acabará no dejando más que medias realidades, medias verdades y medias instituciones, es decir, España entera hecha un solar y él, mientras tanto, reuniéndose a escondidas con Pujol so pretexto de que no es delito.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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