Palpito Digital

José Muñoz Clares

Mendicidad con niños

La adolescente autocomplacencia podemita  no le permite identificar lo que no funciona ni en los mítines en la fórmula, ni en la informalidad juguetona ni en la actitud de Bescansa de cargar con su hijo a una tarea que hubiera requerido por su parte más dedicación, lo que hubiera exigido, claro está, un asomo de inteligencia que en ella y sus compadres no se da. Se creían a salvo, protegidos por la imagen entrañable del crío, como los mendigos de antes llevaban niños famélicos de la mano para excitar la compasión y la generosidad del otro; les prohibieron airear niños por ley y ellos los sustituyeron por perros, para los que piden ahora pensando en el pienso. Y no descarto que, aparcado el niño, acabemos viendo en el hemiciclo a un cachorro acurrucado en los muslos de algún animalista con acta de diputado: no habrá forma de hacerle entender que todavía hay distancia entre humanos y animales, relación que ellos tienen resuelta en favor de los animales igual que Bescansa y su gente tienen resuelta su tarea representativa en favor del circo y de la acampada entre amigos. Y el caso es que Bescansa no tenía nada que demostrarnos – salvo su propia estupidez – cargando con el niño hasta el hemiciclo. Madres y padres, pero sobre todo madres, se las ven y se las desean para cuidar de sus hijos pequeños a la vez que tienen que trabajar para sacar adelante a sus hijos pequeños. Nos ha pasado a todos y la mayor parte lo resolvimos acudiendo al sector servicios porque lo de sacrificar una carrera profesional para dar hijos a España es cosa que ha quedado fosilizada en fotos familiares de hace entre dos y tres generaciones. En un momento en que se está haciendo verdad – más lentamente de lo que quisiéramos – la igualdad de acceso de la mujer a cargos de relevancia y a puestos directivos, basta imaginar a una directora de instituto con el crío siempre a cuestas mientras da clases o administra el presuepuesto de su centro, por no pensar en una ingeniera, directora de una central nuclear, llegando a su puesto de control con el crío a cuestas y dispuesta a darle de mamar allí donde se maneja combustible radioactivo. Era una lección que no tenía por qué darnos; no habiendo nada que enseñar, lo que queda es el espectáculo que se han querido montar estos llegados al poder sin haber pasado antes por una mínima educación en la seriedad. Ni siquiera acertaron a anticipar que el niño, constituido en foco de atención, iba a conducir a un conflcito entre la infantil presencia, que nadie se atrevería a discutir por puro afecto al crío – no a la necia de su madre -, y esa otra estúpida imposición de que a los niños hay que pixelarles la cara para protegerlos de no sabemos qué. Ya pasó con Zapatero y sus góticas hijas: las llevó a que conocieran a Obama pero exigiendo que nadie las conociera a ellas. Las quiso, por tanto, en un saco mayor que aquel en que se habían metido ellas mismas a modo de vestimenta.

Estos gestos, que ellos entienden renovadores de la tarea política – oxigenantes los llamó Martínez-Abarca en relación con las melonadas  bolivarianas del alcalde de Cartagena -, por un lado ponen de relieve la profundidad de los podemitas a la hora de resolver problemas públicos; por otro, emiten mensajes claros a quienes de verdad gobiernan el mundo, que miran el espectáculo con perplejidad seguida de preocupación. ¿Es esta la gente que va a reconducir la situación? ¿Son estos los que van a administrar el dinero público? ¿Estos son los que nos van a librar de las miserias del antiguo régimen simplemente cambiando unos chinches añejos por otros de nueva generación? Porque hasta la fecha tenemos a Monedero que elude el delito fiscal a base de regularización, Errejón incumpliendo las condiciones de una beca de dinero público, Iglesias que se gana el apodo de «nieto de Ceaucescu» en Bruselas y una Bescansa dispuesta a convertir la sede de la voluntad nacional en una guardería con ribetes de circo de pueblo.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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