Palpito Digital

José Muñoz Clares

Vagos, estafadores, borrachos y asesinos.

El emérito Rey D. Juan Carlos se fue, en mala hora, a Botsuana a abatir legalmente un elefante y, según se dijo, a cobrar otras piezas de caza menor menos presentables en sociedad, pasmada aún cuando hay faldas de por medio. Se alzó la voz  del profeta Cayo Lara, al que se le intentó explicar que parte de la riqueza de Botsuana procede de las licencias de caza que permiten abatir un macho viejo para evitar excesos de población animal; la respuesta no pudo estar más a tono con las obsesiones reasentadoras de la tradición estalinista: «Pues si sobran elefantes que los lleven a otro lado», exclamó el botarate. El caso es que el asunto se apagó lentamente no sin que una chica apodada «la roja» se permitiera llamar al Rey «hijo de puta», adobando el exabrupto con términos como «vagos, estafadores, borrachos y asesinos» dirigidos a la familia real. Así que intervino un juez, por lo visto sensato, que ha enmarcado tal actitud en el «discurso del odio» a la vez que ha exhortado a la joven a que tenga un «exquisito cuidado» a la hora de manifestarse, dado su cargo de concejala. Hablamos de una militante animalista que parece valorar más la vida de una lagartija que el honor de las personas – sea el honor lo que sea -, y se escuda para tales desahogos en la frustración que le causó la imagen del pobre elefante abatido. Eso sí, aclara la moza, tales improperios no se dirigían contra el Rey sino contra los cazadores en general, oh candidez. Es decir, que además de deslenguada piensa esta criatura que los hispanohablantes somos taraditos de nacimiento y, por tanto, no distinguimos con claridad cuándo uno le pregunta a alguien – ella misma, por poner un ejemplo – por la salud de su madre y cuándo se le mienta a la madre como «la mala puta que te parió», dicho sea lo anterior sin ánimo de ofender a las madres en general, a la suya en particular ni a las putas en modo alguno.

Lo de vagos trae efluvios de la II República, aquella edad de oro, cuyo jurista más insigne, Jiménez de Asúa, ideó la famosa Ley de vagos y maleantes que sometía a sañuda persecución a quienes observaran «conducta reveladora de inclinación al delito», sin que hubieran cometido delito alguno. Por el mismo año, 1933, andaba Hitler ideando leyes idénticas contra judíos, homosexuales e izquierdistas, con la diferencia de que Adolfito era un pícaro facha mientras que los republicanos españoles eran, como es sabido, habitantes de la Arcadia feliz. Lo de estafador no precisa aclaración alguna; tampoco lo de borracho, pero lo de asesino sí que requiere alguna consideración dado que asesino, lo que se dice asesino, lo es sólo quien mata a un ser humano, nunca quien mata a un animal legalmente, sea para disecar la cabeza, para comerciar con la piel o para comérselo. ¿Nuestra ínclita roja no se ha comido un pollo en su vida, ni viste zapatos de piel, ni gastó nunca chupa de cuero?

Anda la moza ahora haciendo una colecta para pagar los 6.000 euros que le va a costar el desahogo. Es lo que acostumbra esta neocasta que se nos ha instalado: hace nada mendigaba apoyos en el hemiciclo la necia de Bescansa con el nene a cuestas, pero cuando lo que se trataba era de aparecer como candidata a ministra ya no había nene que pasear; ahora mendiga euros una incontinente verbal, una más entre la morralla que se nos ha colado so capa de regeneración. Pues qué quieren que les diga: prefiero que sigamos degenerados a que nos regeneren estos.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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