Palpito Digital

José Muñoz Clares

Cañizares Volterra, el neobraghettone

Monseñor Cañizares ha inventado  el imperio gay, lugar en el mapamundi de los mundos inexistentes donde habitan criaturas imposibles como el unicornio, los pegasos, los políticos decentes y los monseñores listos. A ese mundo gay, que otrora llamábamos con mucha más gracia «la internacional mariquita» – eran tiempos de incorrección política -, pertenece un porcentaje de católicos que abrumaría al propio Cañizares si las anteojeras que calza le dejaran ver el mundo como es y no como él quisiera que fuera o, si lo prefiere, como Dios manda. El caso es que hubo una ocasión en que monseñor Cañizares oficiaba de obispo de Murcia, mientras la sede estaba vacante, y le cupo en suerte dirigir la restauración de una obra insigne del no menos insigne Francisco Salzillo. Se trataba de la Virgen de la Leche, un precioso madallón barroco en que una madre joven  amamanta a su hijo, aunque sin llegar a los excesos de San Bernardo, que en pleno éxtasis bebió leche del mismísimo pecho de la Virgen, eso sí, sin contacto alguno sino fiado todo a la puntería del Espíritu Santo, que dirigió el chorro justo hacia la boca del santo (Pongan «éxtasis de San Bernardo» más  «imágenes» en el buscador y ya verán). La restauración cursó sin incidentes, pues había sido fiada a profesionales y éstos, al encontrar un paño púdico pintado – que no tallado – con la finalidad de tapar el pezón del que mamaba el crío, retiraron tal chapuza y dejaron la obra tal como Salzillo en su día la hizo. Pero eso no complació  a monseñor Cañizares, a quien la vista del sagrado pezón  perturbaba, así que ordenó que se volviera a pintar el paño púdico de modo que la Virgen apareciera un tanto fresca de ropa pero sin mostrar inconveniencia alguna que pudiera alarmar a una ciudadanía católica, acostumbrada a tapar las vergüenzas del mismísimo creador en la Capilla Sixtina. El medallón quedó extraño. La virgen, que con los dedos índice y corazón aprestaba el sagrado pezón para que el crío mamara, quedó con los dedos sobre el pecho pero sin nada que apretar ni aprestar, es decir, que o se estaba rascando o no se sabe qué hacía. Por entonces escribía yo en la prensa local y destapé a las claras la impropia actitud de monseñor, con el resultado que cabía esperar: ninguno. El medallón sigue expuesto en su versión mutilada, creo que en la sacristía de la catedral de Murcia, para sosiego espiritual de la feligresía.

Que quien es capaz de mutilar así una obra de arte sea un prestigioso representante de la Iglesia Católica no debe extrañarnos, habida cuenta del ridículo internacional que la citada iglesia hizo cuando un ayatolá iraní visitó los fantásticos museos vaticanos y los pudibundos monseñores ordenaron tapar los desnudos que pudieran poner a prueba la virtud del islámico monseñor. Esta gente, dejada a su libre arbitrio, le pondrían un bikini a la Venus de Milo por adecentarla. Y no digo nada de las gracias del Canova, a las que unos Levis 501 le vendrían como anillo al dedo para esos tres culos excelsos, perfectos donde los haya.

Siga obrando monseñor sus particulares milagros del pecho sin pezón. Siga tapando vergüenzas a costa del arte, pero no se queje si la gente se revuelve y, lejos de edificarse, acaba despotricando de la IC y de sus prelados. Y menos se queje si damos en conocerlo por el braghettone patrio. Y sepa que en un lugar de la Mancha donde un artista puso en una fuente cuatro ninfas que enseñaban las tetas al respetable, el alcalde, pudoroso, ordenó intercambiar cada ninfa por su contraria y no consiguió otra cosa que el que la plaza, conocida popularmente como la plaza de las tetas, pasara a llamarse la plaza de los culos.

Si surge la cofradía de la Sin Pezón Concebida, se la deberemos a monseñor.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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