Palpito Digital

José Muñoz Clares

Catástrofe roja

Ni el muerto Sánchez podía aspirar a más – un delirio continuado de presidencia del gobierno – ni el PSOE a menos, manteniendo contra toda sensatez a un ser inane, sin ideas ni programa, cuyo único mérito – ahora se aprecia más claro – es el de ser más alto que la media y guapito de cara. Fuera de eso, ninguna otra virtud presenta el mozo, aunque  sí presenta la singularidad, a título de rasgo entre histriónico y narcisista – en cualquier caso, patológico -, de sufrir acelerones verbales incontenibles que segregan entre los incondicionales la predisposición al aplauso, como los perros de Pavlov segregaban jugos gástricos. Y toda esta carrera la ha hecho, el muy mandangas, para llevar al PSOE a sus más altas cotas de miseria y alfombrarle el acceso a ese Iglesias, que cree que España necesita un Lenin fusilante cuando lo que España necesita es un Mandela de la concordia y el perdón respecto de un pasado que no nos deja vivir.

Nos hemos pasado seis meses, seis, perdiendo el tiempo, las oportunidades, el crédito y el dinero a costa de unos mamarrachos empeñados en que sobran en este país los votantes del PP, pese a la lealtad demostrada por siete millones de personas a las que, cabe concluir, la corrupción que invade al partido ganador de las elecciones, las pasadas y las próximas, les da igual, como le daba igual a la sociedad española la infinita corrupción imperante durante el franquismo. Y, sin ir más lejos, como les daba igual a los vascos y vascas – no a todos, por suerte – que los chicos de ETA anduvieran asesinando gente y agitando el árbol para que el PNV recogiera las nueces. Y como le dio igual a los catalanes que la mafia pujolesca del 3% estuviera esquilmando las arcas públicas de forma sistmática y organizada, o como les viene dando igual a los socialistas andaluces la indecente corrupción de las tres últimas décadas. Susana Díaz mantiene con la mirada al infinito e impasible el ademán que el PSOE va a ganar las elecciones; bueno, también renuevo yo cada lunes la fe inquebrantable en una primitva que me saque de este país y me permita mirarlo de lejos, la única solución, quizás, para el desencanto.

Se ha quedado España sola frente a su destino, a tiro de piedra de que Sánchez, por no dar su brazo a torcer, acabe apoyando a un comunista cerril como Garzón y a un Iglesias que ya no se sabe cuántas máscaras oculta en el armario de los cadáveres, además de toda una morralla electoral de mareas y confluencias dispuestas a cargarse cualquier idea de España que pueda quedar a estas alturas. Si mañana entiende Pablenin que lo que vende es ser cartujo, como haber dios en los cielos que aparecerá con hábito blanco pero manteniendo esa locuacidad torrencial que lo caracteriza, profetizando futuros esplendentes y bolivarianos y tapando las vergüenzas, propias y ajenas, en lo que se refiere a «los nuestros», incrustándose así en la categoría sociológica de quien ya sólo ve la paja que le oculta las vigas.

Dependemos de unos indecisos que pueden volcarse hacia cualquier extremo, y es de suponer que a orientar ese vuelco va a contribuir mucho el resultado del referéndum del brexit, que ha conducido ya a excesos como el que sugirió que Gibraltar podría unirse a España si UK abandona Europa. Un desvarío que da idea de lo muy alterado que está el sentir político general, y el de los españoles en particular.

Así que «indecisos de todo el mundo, uníos», y que sea lo que los dioses quieran.

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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