Lo que ha pasado es que el PP le ha sacado 52 diputados al PSOE y 66 a Podemos, y eso no es lo que decía el materialismo histórico que secretamente profesan los podemitas prominentes. Así que el coletas no asimila que, en su delirio, de ser vicepresidente pasó a presidente «en funciones» y al cabo cayó con estrépito, y de repartir poltronas ha pasado a no digerir las consecuencias de sus actos. Porque han pasado dos cosas, una a Iglesias y otra a Podemos, y el asunto se termina de enredar cuando descubrimos que Iglesias, que no sabe lo que le ha pasado a él, resulta que tiene que explicar lo que le ha pasado a Podemos.
La primera gran incógnita es por qué se equivocó estrepitosamente la encuenta a pie de urna y eso tiene una explicación sencilla. Cuando uno sale de votar lo hace o preocupado o satisfecho. El preocupado no suele reconocer el sentido de su voto mientras que el satisfecho sí. En esta ocasión el voto vergonzante – PP – se negó a confesar pero el voto fresco de las filas prietas, los neofalangistas que desfilan marciales con las banderas al viento y la mirada perdida en el infinito al estilo Che, no es que confesaran, es que pedían a gritos que le preguntaran para proclamar orgullosos «yo he votado a Podemos», con esa mirada de crío que ha soltado voluntariamente un pedo en público como quien hace un sondeo de opinión y mira a la concurrencia registrando reacciones, desde la divertida de los abuelos a la abochornada de los padres. Esa ha sido la actitud de Podemos en los últimos meses: enseñar las tetas en un capilla, ir a ver al Rey en mangas de camisa pero de gala a los Goya , ejercer la medicidad electoral con niños, darse un morreo con un colega, llamar borracho al Rey emérito y atrevimientos por el estilo. Y para cerrar el catálogo de los despropósitos, se acaban aliando con los adoradores de la momia de Lenin y su izquierda de catecismo, culminando en un mitin en que destacaba entre todas una bandera con la hoz y el martillo. La respuesta a todo eso la tiene la abuela de mi amigo Antonio: España no vota comunista. Y España, obedeciendo a esa sabiduría de abuela, le ha dicho a los comunistas que las fronteras están abiertas para emigrar a Cuba, a China o a Corea del norte, allí donde el comunismo sigue siendo una fe arraigada.
Echenique ha balbuceado un asomo de planteamiento: en la sesión de análisis se ha dicho una cosa y su contraria. Y, claro, él que es una cabeza pensante ha entrado en cortocircuito. No puede ser lo uno y su contrario, piensa, y se resiste a aceptar que lo que les ha pasado es lo que a Hitler con rusos y judíos: son razas inferiores, ganarles será un paseo militar. Y al cabo les ganaron la guerra los rusos y los judíos. Podemos ve al PP y a sus millones de votantes y piensa en disminuidos. Esos no pueden ganar, la gente no es tonta. Y cuando gana el PP se les queda cara de tontos: esto no venía en mi libro y poco más se atreven a decir, fuera de culpar a la gente por haber votado mal.
Lo que le ha pasado a Podemos se llama Pablo Iglesias. Lo que le pasa a Pablo Iglesias es que le faltan un par de hervores biográficos y un asomo de coherencia que lo aleje del marketing electoral y lo acerque a la realidad. Pero, como a los de ETA, la autocrítica se la van a a tener que hacer otros.