Palpito Digital

José Muñoz Clares

Romper los huevos a Águilas y Serpientes

El concejal de la CUP detenido por los Mozos de Escuadra nos ha dejado una perla ambigua: “hay que romper los huevos para hacer la tortilla”. Un juez de la AN le ha pedido explicaciones y el mozo se ha enrocado en su actitud desobediente, sin tener en cuenta que cada vez que los Mozos detienen en nombre de la ley española vigente en Cataluña se aleja un poco más el delirio de la secesión. Pero hay que dar pasos positivos si lo que queremos es mantener la unidad territorial española.
En la década de 1950 el sociólogo americano Muzafer Sheriff diseñó y llevó a cabo un experimento que hoy no sería posible por la estupidez que conocemos como corrección política: ofreció un campamento gratuito para escolares de 11 años – todos blancos, protestantes, de clase media y regulares en sus estudios – en un idílico y apartado paraje del estado de Oklahoma, donde separó a los niños en dos grupos cuyas cabañas estaban suficientemente apartadas como para que ignoraran recíprocamente su existencia. Al cabo de una semana en que hubieron de darse un nombre – Águilas y Serpientes eligieron – y diseñar una bandera que los cohesionara como grupo, los juntaron para que disputaran un partido de béisbol que perdieron los Águilas, que posteriormente descubrieron que los Serpientes habían izado su bandera victoriosa en el terreno de juego, lo que dio lugar a una pelea tumultuaria entre los grupos al día siguiente, finalmente abortada por los monitores, lo que bastó para suscitar el ánimo de venganza: por la noche los Águilas asaltaron sigilosamente el campamento de sus rivales con la finalidad de romperle los huevos – en uno de los sentidos posibles de la expresión utilizada por Joan Coma – y procedieron a romper las mosquiteras para que a sus rivales se los comieran los mosquitos y a arriar la bandera, que fue quemada y posteriormente vuelta a izar bien chamuscada para humillación de los Serpientes. El experimento social pretendía identificar el grado de cohesión alcanzado por cada grupo y, sobre todo, el grado de escisión en ellos/nosotros que se produciría y, de hecho, se produjo. Llegados a tal punto de desacuerdo y rencores el experimento continuaba con una prueba de signo y finalidad bien distintos: los monitores obstruyeron mecánicamente la tubería que llevaba agua a las cabañas de unos y otros, de modo que los 22 niños sudorosos y malolientes debieron unir esfuerzo para inspeccionar la conducción, localizar el fallo y reponer el servicio. La hostilidad que surgió de la competición entre grupos cuidadosamente seleccionados para que fueran idénticos empezó a ceder cuando dejaron de verse como enemigos y empezaron a pensar en “nosotros tenemos un problema con el agua”, lo que dio lugar, según constataron los maquiavélicos sociólogos, a un cambio “drástico” en sus pautas de comportamiento, lo que lleva a Leonard Mlodinow a concluir que cuando los grupos definidos por criterios como “la raza, la etnicidad, el género o la religión, encuentran ventajas en el trabajo conjunto, menor es la discriminación entre ellos” (Mlodinow, L., Subliminal, Crítica 2013, p. 216).
Los españoles hemos soportado quema de banderas, rasgado de fotos del Rey, pitidos al himno y desplantes de todo tipo por parte de secesionistas catalanes y vascos; nosotros somos los Serpientes pues desde el punto de vista institucional vamos ganando la partida desde la caída del Impero Romano hasta acá. Y mientras el asunto se contemple desde una perspectiva ellos/nosotros así seguirá siendo. Pero si en algún momento empezamos a identificar problemas que sólo podemos resolver aunando esfuerzos, ideologías aparte, también nuestra conducta cívica experimentará un cambio drástico. Si Marruecos decide romper los huevos para hacer la tortilla a base de amenazar Ceuta y Melilla, catalanes y vascos más bien apoyarán la invasión con tal de debilitar a España, pero si el problema común que se identifica es el mantenimiento del sistema de pensiones, la credibilidad internacional, el libre comercio y aspectos comunes que sólo se resuelven aunando esfuerzos,  el cambio drástico conducirá al debilitamiento del impulso secesionista. Los vascos ya lo empiezan a ver y actúan en consecuencia. ¿Será posible que la cuestión catalana se reduzca finalmente a una mera cuestión de miopía y a un mucho de adoctrinamiento?

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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