Palpito Digital

José Muñoz Clares

La ignominia del YAK 42

Está este pueblo “harto ya de estar harto” (Serrat) del reciclaje insultante de gentucilla menor y mayor a los que se le viene a reñir cuando han pasado años desde que perpetraran sus tropelías. Es un procedimiento sistémico diseñado conscientemente para rebajar la importancia de los reproches que, al ser tardíos, nos pillan demasiado cansados como para resucitar la indignación de forma retroactiva y correr a gorrazos a los desvergonzados “hasta enterrarlos en el mar” (Ibáñez). Ha pasado con un juez de Murcia, imagen viva de lo que la justicia no debió ser nunca, y menos a ciencia y paciencia de quienes estaban llamados a impedir que las cosas fueran como fueron. El caso es que ahora, después de jubilado, lo ha condenado el CGPJ por haber llamado a las madres solteras “putas”, a los extranjeros “gilipollas” y a los que se unían en matrimonio homosexual “maricones”, eso sin contar las groserías que prodigaba a letrados y – sobre todo – a letradas, a funcionarios y al público en general. A mí mismo me la jugó llamando a la Guardia civil para detenerme en mitad de un juicio porque su ignorancia le impedía distinguir la diferencia entre “inquisitivo” e “inquisidor”. Bastó hacerle frente para que se arrugara y se fuera la Guardia civil sin detener a nadie, pero nada hizo la estructura judicial y fiscal para poner fin a sus tropelías, de modo que a burro muerto la cebada al rabo y lo vienen a sancionar ahora, cuando la jubilación lo ha vuelto inofensivo. Cosa menor, sin duda, pero cosa mayor es lo de Trillo, donde aún quiere tener razón Rajoy con su salmodia – “eso pasó hace muchísimos años” – cuando le recuerdan lo del YAK 42. Puede que el mero transcurso del tiempo haya acentuado el olvido de muchos pero no el de aquellos que perdieron padres, maridos, hermanos, compañeros y amigos, que arrastran un pesar inextinguible que no los deja dormir sin que les sangre el alma por la memoria de quienes deberían estar y no están, gracias a un supuesto especialmente hediondo de capitalismo salvaje que escatimaba seguridad a cambio de comisiones inmorales y, en el caso del YAK, criminales: de los 149.000 euros que costó él vuelo la mitad se fue en comisiones para unas empresas que empezaban por NAMSA (OTAN, Luxemburgo) Chapman Freeborn (bróker, Alemania), Volga Dnepr (Irlanda), Adriyatik LTD (Estambul) y JTR Company SAL (Líbano), que acabó contratando a UM Air (Kiev,Ucrania), una banda de piratas, como los calificó un teniente coronel un mes antes de morir junto con el resto de ocupantes del YAK, en advertencia que fue desatendida. Cada paso generaba una comisión que engordaba bolsillos a costa de mermar la seguridad del vuelo y, sin embargo, Trillo, en su desfachatez, llamaba a esa rapiña canalla “cadena de confianza”. Y ahora ese mismo Trillo, que quiso magnificar la hazaña de Perejil a base de voz hueca y lenguaje engolado, pretende descafeinar la importancia de los muertos que produjo su desidia y regresar al Consejo de Estado que, como su propio nombre indica, es un órgano creado para que el Estado actúe sobre seguro. ¿Va a contribuir Trillo a la seguridad de alguna cosa después de no sólo no cuidar de aquellos militares sino de amontonar sus restos de una forma infame y repartirlos al peso entre familias deshechas, en la esperanza de que el ADN no lo delatara ni a él ni a sus compinches? Trillo no debería tener por delante, ya que en su día no se le quiso perseguir, más que un futuro de olvido y vergüenza, de retiro a un lugar perdido que nos permita a los demás olvidar a base de no verle esa cara que tiene de santurrón renegado, de “marranico de la teta gorda”, lechón que se aferra al chupe y no deja que nadie se acerque a lo que cree que es suyo sólo porque él lo vio y llegó primero. Si permitimos que se acomode en el Consejo de Estado nos mereceremos en el futuro cualquier otra imposición que brote del equipo Rajoy, cada vez más irracional y numantino, cada vez más alejado de lo que implica una gobernación responsable y respetuosa no con los votos sino con los ciudadanos libres y dignos de un país que ellos quieren arrastrar a la indignidad.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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