Palpito Digital

José Muñoz Clares

Patético exfiscal jefe de Murcia

Anda el señalado llorando por los programas rosas, y algunos que no lo son tanto, so capa de haber recibido presiones que, requerido de concreción, se diluyeron en señalar  a ciertos profesionales (?) bajo sospecha de cobrar por decir sobre él cosas feas, muy feas, al margen de que fueran ciertas o no. Pobrecillo. Un protomártir de la justicia más justiciera que se precia de haber perseguido la corrupción como si eso no lo hubiera tenido que hacer cualquiera en su mismo puesto, salvo que sus entrañables relaciones con el anterior presidente de esta comunidad, fortalecidas con un fiscal al que repescaron como político con cargo de consejero, lo condujeron a no traspasar un cierto nivel político en sus investigaciones, centradas primero en alcaldes y sólo a última hora en consejeros y un presidente que no era aquél de sus amores.

Y bien que oculta la que ha sido su trayectoria en estos últimos 11 años – ONCE años de fiscal jefe: ¿qué quería, poltrona a perpetuidad? – sesgada en términos tales que no cabe sino traer a colación. En su delirante denuncia estrella, la que dio lugar al caso UMBRA, reprochaba al por entonces alcalde de Murcia, sr. Cámara, haber fraguado «un plan malévolo» – en ridícula expresión del juez instructor – para modificar el Plan General de Murcia con gran beneficio ilegal de un industrial hoy fallecido. Pues bien, siendo tal modificación aprobada por PP, PSOE y sólo contestada por IU, limitó la investigación a los concejales del PP, pese a que el portavoz socialista, sr. Fuentes Zorita, se erigió en defensor de la modificación alegando que «había calculado el asunto hasta la peseta» y encontró que no sólo no perjudicaba a las arcas municipales sino que las beneficiaba y mucho, como así resultó ser. Pero el honrado Fuentes Zorita, tras perder elección tras elección, aceptó ser denunciante de la modificación que él mismo había alentado y defendido, lo que dio lugar a a que el cesado fiscal jefe se lo premiara no investigándolo ni a él ni a sus socios del PSOE, y sí al antiguo alcalde que, pásmense, ¡no asistió al pleno ni votó a favor, por tanto!

Y no fue sólo en Murcia capital. En Lorquí (Murcia), tuvo ocasión de demostrar su objetividad e imparcialidad en defensa de la ley, y héteme aquí que ante idéntico caso – modificación del  Plan General y cobro del 10% por las plusvalías generadas – entendió, a través de su «fiscal miniyó», que lo que era delito en Murcia/PP no lo era en Lorquí/PSOE, limitando en este último caso los hechos a una cuestión meramente administrativa.

Pero el colmo del mal hacer lo encontramos en el folio 7006 del Tomo XX de UMBRA, en que una funcionaria llamada Mª José se dirige a D. Juan Pablo – fiscal miniyó, dependiente directo del jefe ahora cesado – pidiéndole educadamente que devolviera la notificación «firmada y fechada, por favor», por lo que se supo que a los fiscales bajo el mando del llorón se le enviaban las notificaciones sin fecha para que ellos, a su antojo, las fecharan y firmaran concediéndose así ancho margen para recurrir lo que se les antojara. Ni a Fernando VII se le ponían las cosas más fáciles. Y este es el que presume de serio compromiso con la legalidad.

Y eso por no hablar de la conexión directa «fiscalía/prensa afín murciana» que hacía que las resoluciones se publicaran en la prensa antes de haber sido notificadas a las partes, razón por la cual acaba de ser sancionado un magistrado del Tribunal Supremo (Sala 1ª). Y como quiera que el heredero del cesado, también fiscal miniyó, sostiene que su mandato será continuidad del de su antiguo jefe, es momento de preguntarnos si mantendrá el sesgo pro PSOE, si mantendrá las corruptelas en las notificaciones, si seguirá permitiendo la filtración sistemática de las resoluciones a la prensa y, en términos generales, si seguirá consintiendo la degradación del régimen de garantías constitucionales que su antecesor toleró y alentó.

Las investigaciones dirigidas por el extinto gozan en Murcia de presunción de calamidad, y como quiera que algunas datan de 2007 – tras perder dos años de investigación preliminar en fiscalía – y no tienen viso de desatrancarse debido a la desidia conjunta de instructores y fiscales, el fracaso puede ser estrepitoso, pues recientemente ha dictado la Audiencia de Murcia (sección 3ª) una resolución que ordena el archivo de uno de los últimos desvaríos perseguidores, sobre el entendimiento de que un alcalde que no vota difícilmente puede prevaricar, aunque la prensa afín sólo ha publicado que uno de los delitos – cohecho – se archiva por haber prescrito, lo que por un lado impide definitivamente que se sepa si hubo o no delito y, por otro, da idea del celo que se dio el finado en perseguir la corrupción en Murcia.

Aún quedaría por hablar de sus peritos parcializados, una de las cuales , arquitecta, salió llorando dos veces de la ratificación que no pudo hacer de sendos informes que dieron lugar a la prisión de un alcalde del PP. Y de cierto perito arquitecto cuyos proyectos no fueron nunca investigados tras haber prestado al jefe una ayuda impagable a la hora de perseguir inocentes.

Váyase, pues, en buena hora, y quede Murcia a resultas de saber por sus hechos si el nuevo jefe va a profundizar en los desaciertos de su predecesor o si, al contrario, se va a tomar su papel en serio, tal como la sociedad demanda. Y si no es cierto cuanto digo, comparezcan el uno y el otro ante la sociedad que les paga y prueben que es todo mentira, siendo ese el momento de iniciar acciones legales para que se desdigan los mentirosos. O eso, o que callen para siempre y no lloriqueen más, que sus cinco minutos de fama ya los tuvieron ayer y aún andan dando tumbos por ciertas hojas parroquiales que no tienen ninguna otra cosa importante de la que hablar.

PS: patético, según la RAE, capaz de mover y agitar el ánimo infundiéndole afectos vehementes.

 

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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