Palpito Digital

José Muñoz Clares

Close to the edge

Vuelvo de cinco días de aislamiento en un país modélico – Noruega – y encuentro que por la calle corre la sensación de que nos llevan al borde del abismo con pequeñas y grandes contribuciones. Temerariamente, con el horizonte cerrado a las más que previsibles consecuencias de unos actos para los que no nos piden permiso aunque comprometan nuestro futuro inmediato. La corrupción que no cesa del PP como asunto meramente interno, la verdadera cara de la Revolución Bolivariana, la escalada verbal – y en parte atómica – entre Corea del Norte y los EEUU y la más que real amenaza de Le Pen que se cierne sobre toda la UE, unida a la incapacidad de Trump para aparentar que es un presidente sometido a la constitución y preocupado por el bienestar general y no sólo por la subida de precios de su complejo en Florida y los distintos negocios propios y del entorno inmediato.

Lo del PP escapa de cualquier calificativo. Nos hablan de un saqueo de 25 millones de euros de una sola tacada y uno se hace la pregunta obligada: si yo pago en IRPF unos 15.000 euros al año, ¿cuántas declaraciones de renta como la mía hacen falta para que esta gente se lleve crudo el dinero que el Estado recauda para financiar servicios? Exactamente 1.666 contribuciones como la mía que en vez de adecentar los sueldos de los profesores se han ido a los bolsillos insaciables de delincuentes mucho más peligrosos que los que se van a prisión a diario por asuntos nimios. Y lo más pasmoso es la indiferencia con que el electorado sigue votando a lo que ya parece constituir una conspiración de corte mafioso amparada por votantes e instituciones que hace mucho tiempo se alejaron de su papel constitucional y participan por omisión en esta catástrofe de la corrupción del sistema político en todos sus niveles. Ya lo vivimos con el PSOE en los 90 y ahora reeditamos con el PP, lo que nos hace temer que si otros – Podemos incluido – llegan al poder continuarán con el saqueo de las arcas públicas en beneficio de los supuestamente liertadores.

Y podemos llorar por un ojo porque la tragedia que se está desarrollando en Venezuela – con el apoyo impertérrito y vergonzante de los podemitas – desborda todo lo imaginable. Una constitución escrita sobre el agua, un patán sanguinario a los mandos del poder, una inexistente separación de poderes – la mascarada del Tribunal Supremo desacredita a la institución casi a perpetuidad – y a última hora, sobre una inflación del 1.700%, la voluntad de armar a un millón de descerebrados para que lleven en la calle la guerra civil que los bolivarianos están pidiendo a gritos con tal de no reconocer el fracaso de su delirio. Y todo eso apoyados por personajes siniestros como el pequeño Pablicolás que no parecen haber aprendido nada de nuestra propia historia y de cómo actitudes similares nos llevaron a nuestra terrible guerra civil.

Y al norte tenemos a Trump, cuyas payasadas nos van a costar bien caras. Abusón compulsivo, bombardeó Siria encendiendo aún más los ánimos, dejó caer en Afganistán la madre de todas las bombas -mas de cien muertos ha costado la represalia talibán – y amenazó con enviar una fuerza militar a Corea del Norte cuyo amo y señor,  tras comprobar que las naves iban en dirección contraria, se ha subido a las barbas del mundo y amenaza con destruir el portaviones si al cabo se acerca a sus aguas. Enre abusones anda el juego y no cabe decir cuál de los dos resulta más imprevisible; lo único cierto es que se están jugando el futuro de la civilización tal como la conocemos.

Y Le Pen al borde mismo de la posibilidad de gobernar Francia y dar la puntilla a la UE, esa empresa común que empezó hace 25 siglos con Roma y ahora se puede venir abajo entre la embestida británica y la más que previsible contribución de una nazi impresentable que ha sabido ganarse el voto de los trabajadores más rojos ante el descrédito generalizado de la izquierda.

Ante semejante panorama dice el hombre sensato que sólo nos queda rezar, cada cual al dios que más rabia le dé, porque de los personajes en cuyas manos está el mundo nada sensato cabe esperar. Y ya sabemos lo que pasa cuando el único recurso queda en manos de los dioses: que los dioses miran para otro lado mientras sus criaturas se dedican con ahínco a que todo salga mal y se multiplique el sufrimiento de los que siempre acaban sufriendo: los niños, las mujeres, los viejos, los enfermos…

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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