Palpito Digital

José Muñoz Clares

Obviedad por obviedad

Dicen los de Junts pel sí que las palabras de Luis Llach sobre la responsabilidad de los funcionarios – particularmente mozos de escuadra – que se opongan a la vigencia de la ley de desconexión no son más que obviedades. Y no cabe sino responder con obviedades a quien se empeña en echar su discurso por el camino de las simplezas.

Los empresarios catalanes, hoy vinculados por la ley española en que voluntariamente viven, ¿dejarán de ingresar en la Hacienda Pública las cuotas de IRPF retenidas a sus trabajadores? ¿Harán lo mismo con las cuotas retenidas a los trabajadores como contribución a la Seguridad Social? Quien reciba una multa de la DGT ¿dejará de pagarla? Quien venda una propiedad ¿dejará de ingresar el IVA en las arcas públicas? Y así podríamos seguir profundizando en la complejísima relación de Derecho Público que hoy día vincula a los ciudadanos catalanes con las finanzas nacionales españolas.

Tomemos un caso extremo: al día siguiente de la supuesta aprobación de la ley de desconexión algunos ciudadanos se jubilarán: ¿Tramitarán su jubilación ante las autoridades españolas o ante el remedo de administración que dirija Junqueras, a riesgo de quedarse sin pensión?

A la obviedad de Luis Llach no cabe sino oponer la obviedad de la vinculación al Estado de Derecho en que vive hoy la población catalana, por más que el poco seso de los líderes de la independencia haya obviado la consideración en profundidad de los espinosos aspectos que plantea una desconexión al margen de la ley nacional e internacional. Por ejemplo: cuando lleguen al puerto de Barcelona mercancías desde el exterior sometidas al pago a aranceles ¿se arriesgarán las grandes empresas de transporte a pagar los aranceles a una administración que no les asegure el libre tránsito de las mismas fuera de territorio catalán? ¿Qué pasará cuando la casa Ford remita toneladas de piezas para la fabricación de coches? ¿Asumirán la posibilidad de que los coches en que se monten tales piezas no se puedan vender fuera de Cataluña u optarán por deslocalizarse a Zaragoza?

Los delirios (RAE: m. Psicol. y Psiquiatr. Confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia) son ante todo un síntoma revelador de un desorden psiquiátrico necesitado de atención y cuidados. Los delirios así entendidos hacen que la persona viva en un mundo imaginario en que los molinos son gigantes y los galeotes caballeros injustamente presos a los que hay que liberar para que resplandezca la justicia y la verdad. Mas, Homs y los demás inhabilitados – más los que vengan, que ya se están cociendo – creen que lo suyo va para muy corto porque la ley catalana los va a rehabilitar de forma inmediata y seguirán su carrera política sin ataduras legales de un país que no es el suyo. Pero ¿seguirán utilizando el pasaporte español mientras el mundo no reconozca los pasaportes emitidos por la delirante República Catalana? ¿Mantendrán su deuda en euros mientras ellos fabrican mortadelos de corte bolivariano, sólo aptos para jugar al Palé y sin valor de cambio alguno? ¿Seguirá funcionando el sistema de correos o se producirá un colapso de entregas que perjudicarán negocios, contratos, vidas…? ¿Saldrán del sistema nacional de trasplantes? ¿Aceptará el mundo la certificación sanitaria de un medicamento emitida por un país no reconocido por la comunidad internacional?

Nos esperan meses fascinantes. Vamos a presenciar en directo el choque de un tren que califican de imparable contra una piedra que sabemos inamovible. ¿Y qué ocurrirá? No lo sabemos a ciencia cierta pero es de temer que el resultado sea un choque indescriptible. Y no será un mero delirio sino una realidad tan palpable que a más de uno le temblarán hasta los genes cuando se den de bruces con ella.

Cinco meses quedan.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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