Palpito Digital

José Muñoz Clares

Lo que hay detrás de la posverdad

En 1941 más de un millón de chicas rusas se alistaron en el ejército para parar a los nazis, que habían llegado al extrarradio de Moscú. Hasta entonces el ejército soviético no había contado con las mujeres y con el padrastrón ignorante de Stalin siguieron sin contar con ellas salvo para pegar tiros. Hasta 1943 el ejército soviético no cayó en la cuenta de que las mujeres, a las que había facilitado uniformes de hombre, necesitaban bragas, sujetadores y botas de números por debajo del 40. También se les olvidó, por contrarrevolucionario, el hecho de que las mujeres menstrúan, así que las mandaron a la guerra sin ninguna posibilidad de atenderse mínimamente si no era cortando mangas de camisa – en ofensa del patrimonio comunista – fabricarse compresas artesanales y lavarlas luego con una dotación de jabón diaria que apenas daba para lavarse la cara y las manos. Había, por tanto, una verdad “mujer” y una posverdad soviética: las mujeres soldado se han de apañar con lo mismo que un varón soldado. Y todo lo demás era contrarrevolucionario (al respecto, Svetlana Alexeievich, La guerra no tiene rostro de mujer).

También Franco, por la misma época, resultó ser asiduo a la posverdad incluso antes de que se inventara el término. El 3 de enero de 1944 tres composiciones ferroviarias – un correo, una locomotora de maniobras y un mercancías – acabaron sobre la misma vía y chocaron en el túnel nº 20 de la línea Palencia-La Coruña, ocasionando una cifra de muertos que el régimen impidió que se difundiera. El juez de instrucción, tan sumiso y domesticado como la prensa, redujo la cifra de muertos a 78, pero la cifra real, según diversas fuentes, se situó entre 500 y 800. Con la desfachatez propia del personaje la dictadura hizo que aquellos muertos pasaran de la vida real a la posverdad sin pasar por el purgatorio: en la victoriosa España de Franco esas cosas no podían ocurrir, y si ocurrían se negaban.

En artículo anterior anticipé, con cita del profesor Jared Diamond (Sociedades comparadas), que el primer signo de hundimiento de un Estado es el incremento espectacular de la mortalidad infantil. Bajo el mandato del asesino infanticida Maduro la mortalidad infantil se ha incrementado en un 30% en 2016. Tras tres años ocultando las cifras, la ministra bolivariana de Salud, Drª Antonieta Caporale, ha sido cesada por difundir el hecho de que en 2016 murieron en Venezuela 11.466 recién nacidos, un 30.12% más que en 2015. Al estilo soviético y franquista, por tanto, en Venezuela no mueren niños porque el régimen lo tiene prohibido. Esos cadáveres diminutos no están en la realidad sino en el mundo de la posverdad, como las menstruaciones que las mujeres rusas no tenían y los homosexuales que en Irán no hay, según nos dijo el  incalificable Ahmadineyad, hoy tan a punto de resucitar como el difunto Sánchez.

Sólo hay una forma de ver el mundo: desde la realidad. Platón insistía en mirar a las ideas y no a las cosas y así consiguió que nos despistáramoas quince siglos hasta que volvieron los científicos. Los científicos insisten en que sólo mirando a las cosas entenderemos el mundo y sus avatares. Pero en ayuda de Platón han venido lingüistas e ideólogos putinescos y han conseguido con un término – posverdad – conferir apariencia respetable a la más podrida  mentira. Trump vive instalado en ella y con sus hechuras de matón de barrio lo mismo pretende fulminar a la prensa libre como al jefe del FBI, por investigar la llamada trama rusa que enmaraña la política americana como ni siquiera Nixon se atrevió a hacer.

Ya se habla de impeachment, es decir, del procedimiento legal para encausar primero y echar después de la Casa Blanca a un presidente indeseable como Trump. Y mucho se lo están pensando estos americanos dado que la posverdad no es más que pretendida tapadera de la cruda verdad: detrás de Trump, de la trama rusa y del apoyo del malnacido Putin – no acosen al brillante camarada Kim – puede que esté encriptado un apocalipsis nuclear con el figurón de Kim Jon Un como artífice supremo.

Y todo esto mientras nosotros estamos centrados en quién ganará la liga y quién heredará de Sánchez la secretaría general del PSOE.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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