Palpito Digital

José Muñoz Clares

Cataluña: escala de Richter social.

Desde el 17 de septiembre, en que sólo había violencia verbal, hemos dado dos pasos hacia la evolución de esa misma violencia hasta alcanzar el tiro en la nuca, las bombas y cuanto le sigue. Es  el camino que trazó ETA y hay quien quiere que se repita.

La violencia verbal suele ir seguida de prácticas intimidatorias, y esas ya las tenemos, incluso dirigidas a hijos de alcaldes no independentistas. La infamia se instala y hoy ya hemos visto cómo han dejado los neo gudaris la persiana de una pequeña empresa regentada por familiares de Rivera. Así empezó todo en la larguísima lucha contra ETA, esa que nos costó casi 900 muertos, 21 de ellos de una tacada, peligrosos catalanes de compras en Hipercor. Otegui estaba al tanto y alentaba aquella lucha de liberación. Acabó en prisión seis años. Ahora nos lo presentan en Cataluña como un demócrata ejemplar. Si a quienes presentan a Otegui como ejemplo también los apoya Maduro, no hacen falta más credenciales sobre con quién nos estamos jugando el futuro.

Tras la intimidación viene la fuerza física proyectada primero sobre cosas. Ya hay tres todo terreno de la Guardia Civil destrozados por pacíficos manifestantes de la CUP. Y las armas robadas del interior. Menos mal que aún queda sensatez como para que un político que se habla con ambas partes haya conseguido que se reintegren, porque sólo nos faltaba que en el día y noche del día 1 de octubre algupos descerebrados contaran con armas automáticas para prender la mecha de una masacre inevitable que encajaría a la perfección en el programa que Marx diseñó y Lenin afiló: hay que agudizar las contradicciones hasta que el sistema reviente, y ese es el momento de que los soviet tome el poder al grito de sus comisarios políticos: la tierra para el que la trabaja y el trigo para el comité.

Después de la fuerza aplicada a las cosas, en vista de que el Estado no se blandea, la violencia cambia de objetivo y se dirige a las personas. Y el aislamiento de los disidentes conduce al gueto. Y los guetos acaban siendo arrasados por tipos en plan SS. Y las gentes emigran hacia lugares civilizados mientras que en el posgueto reina el caos, el saqueo y la ausencia de cualquier institución parecida al orden jurídico.

Así que ya sólo nos faltan dos pasos para llegar al caos absoluto: primero irán a por las personas  en plan intimidatorio y luego irán a por las personas con ánimo de limpieza étnico/ideológica. También el precedente lo marcó el País Vasco, fundamentalmente con aquella infame partida de dominó a la que faltó un punto porque lo había asesinado ETA. Los otros tres, lejos de acudir en apoyo de la familia deshecha, se buscaron un sustituto para aparentar la normalidad que los asesinos imponían: no habéis visto nada, esto no va con vosotros, seguid con vuestra partida. Y ellos siguieron como los corderos siguen a su pastor azuzados por el perro del pastor, y luego al matadero. Con la misma mansedumbre, igual de callados, acaban despiezados colgando de ganchos.

Puigdemont se crece en la escalada a que ha conducido a su pueblo y a España. El Estado tiene el monopolio de la fuerza y acabará usándola en relación directa con la fuerza que se le oponga. Y puesto que la guinda del pastel será la detención de los más conspicuos inspiradores, cuanto antes mejor. Los afectos ya están rotos, con unos por acción y con otros por el silencio culpable de quienes no apoyan este disparate pero tampoco organizan una manifestación millonaria que les diga que no en la calle. En plan Gandhi: aquí estamos, no vamos armados, no rompemos coches de los mozos, no quemamos contenedores ni amenazamos a nadie; aquí estamos para deciros que paréis de una vez esta locura que sólo puede acabar mal, muy mal o peor. Pero han aprendido la lección de los jugadores de dominó: que lo resuelva la Guardia Civil y así matamos dos pájaros de un tiro: nos libramos de quienes nos conducen a la ruina y, a la vez, tenemos la coartada de maldecir a la Guardia Civil, a los jueces, a Rajoy…

Sigue el siniestro conteo de esta escala de Richter social que mide la magnitud de los terremotos sociales. Estamos a dos pasos de completar el trayecto y quedan sólo 10 días para que llegue el jorn del merde. No me consuela pensar que lo veré por televisión, lejos del  ruido, el humo y la furia que temo. Si no acabo lamentando cosas peores.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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