Palpito Digital

José Muñoz Clares

Estampas veraniegas con dinosaurio al fondo

Todo empezó por julio, cuando a los más agrestes les dio por convertir las alegres playas en siniestros cementerios amarillos – como el submarino – para recordarnos que siguen presos y acusados “injustamente” de muy graves delitos quienes hace ahora un año se echaron al monte a cosechar república y el viaje les salió mal, tal como estaban advertidos. Así que mientras el capitán araña vive de muerte en Waterloo los presos se preguntan si es verdad que esto le está pasando a ellos, si es posible que lleven casi un año en prisión sin que el pueblo catalán se haya levantado en armas y aplastado a la horrenda raza española, la del ADN perturbado según diagnosticó Torra.

El fugado, cuya cabeza no para, ha completado su infamia ordenando que se acomode una traducción a sus deseos, muy al estilo en que ordenó “refinar” el conteo de las urnas que llegaron ya con votos a la farsa de referéndum que luego han sacralizado entre todos. Y todo como última estratagema para socavar un juicio que tienen ya encima de la chepa.

Después vinieron las agresiones a una señora que quitaba lazos, a un cámara de televisión… Y es que la tribu indepe ha dado un salto mortal hacia el pasado que alcanza casi tres siglos. Lo ha expresado cabalmente Steven Pinker en el que Bill Gates dice que es el mejor libro que ha leído en su vida: En defensa de la Ilustración (Paidós, Barcelona 2018). Según Pinker, además de la fe religiosa la Ilustración encuentra un enemigo feroz en el nacionalismo, donde “las personas son las células prescindibles de un superorganismo (…) y el bien supremo es la gloria de esta colectividad en lugar del bienestar de las personas que la integran” (p. 55) Ese nacionalismo cursa con “eslóganes patrióticos” (cita el “dulce et decorum est pro patria mori”) que sustituyen el bienestar de los individuos, su sanidad, educación, sistema de pensiones…

¿Entienden ahora por qué el perrito que Puigdemont tiene atado y bien atado con correa de puntas fieras, en vez de gobernar y parar definitivamente la fuga de empresas y empleos exhorta a los españoles a que nos echemos también al monte que da repúblicas? ¿Entienden el carácter vacío de sus bravatas sobre que, en cualquier caso, no acatarán la sentencia que se acabe dictando contra los heroicos indepes presos? Sánchez ya le ha mentado la bicha del 155 – el perrito está inquieto: no se lo esperaba – y ya sólo falta preguntar: ¿cómo hemos de notar nosotros que ellos no acatan la sentencia? ¿Asaltarán la cárcel y los liberarán? ¿Nos declararán la guerra con los mozos y el somatén por delante? ¿Están ya afilando las hoces para cortarle el cuello al toro de Osborne y, ya de paso, al Rey de España?

Así que se pasa el verano y encontramos que sigue echando babas el monstruo de la sinrazón nacionalista, enfrentado a la fiera que atiende por 155 – Peridis lo ha retratado muy bien, como siempre -, y empezamos un otoño plagado de fechas que representan otras tantas heridas supurantes: los días 6 y 7 de septiembre, el 1 de octubre, el tradicional 14 del mismo mes – aniversario de la infamia de hace casi tres siglos -, el día 20 que hizo mártires a Sánchez y Cuixart y, por fin, el día de la proclamación con marcha atrás de la republiqueta de feria que le tocó en una tómbola al Puchi junto con el perrito piloto y la muñeca chochona. Y a todo esto con el barco Piolín en el desguace y el orden público en manos de unos mozos de escuadra tan divididos como la propia sociedad catalana, por obra y gracia de una tribu inspirada en Astérix y Obélix pero con formas de la Masa, La Cosa, la Marabunta y el Joker de Spiderman.

¿No resulta aburrido que llevemos un año dándole vueltas al mismo tema, como cacahuete en la boca de un bóxer? Por eso, en la próxima entrega, haremos como Tip y Coll: hablaremos del Gobierno.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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