Palpito Digital

José Muñoz Clares

VOX pide cartas

Como en 2004 la cobarde e ignorante clase política española no se atrevió a emitir una opinión técnica y no ideológica sobre la infausta ley de la ministra miembra – Bibiana Aído, por si alguien ha olvidado que fue ella quien acuñó el palabro «miembra» -, ahora le echan los perros a Vox y le afean poco menos que el querer que mueran más mujeres a manos de sus parejas o exparejas. Teresa la podemita, señora de Kichi, les imputa incluso «complicidad» en tales muertes, con lo que suma a las razones de su descalabro electoral la ahora acreditada ignorancia, pues la complicidad sólo se da antes o durante el delito pero no se puede dar después. Se trata de detalles nimios que la moza pasa por alto, y prefiere no ver que por pasar por alto tantas cosas la gente está dejando de votarla a ella y a los suyos. Mejor que siga sin verlo. Aún resuena en los cielos la llamada a las barricadas antifascistas del desmadejado Iglesias, la misma llamada que nadie hizo cuando él y unos desarrapados tipo CUP irrumpieron en un parlamento que sin ellos había vivido tiempos mejores y, desde luego, educados.

Lo que Vox ha dicho es que la ley de la ministra miembra incurrió en flagrante violación del art. 14 CE al establecer que lo que para un hombre era delito, perpetrado por mujer no daba ni para reñirle, y eso es discriminación por sexo aunque lo quiera negar a coro el feminismo global a pecho desnudo en plan FEMEN. Y aunque VOX huele de lejos a machos resabiados, lo cierto es que nunca han apoyado ni el maltrato ni el feminicidio. Pero VOX, que dijo al principio que no impediría la defenestración de la mafia socialista que viene exprimiendo Andalucía los últimos 36 años, ahora se pone duro y le pide al PP y a Cs que en modo alguno consientan que se invierta más pasta en la aplicación de una mala ley. Échame cartas, pues.

El caso es que Cs sí dijo en su día que le parecía una mala ley la de la miembra pero se acabó rindiendo porque sabía que por el descosido se le iban los votos a espuertas. La gente llana ha hecho suyas las consignas que le vendieron y consiente en ver pasar los años sin obtener los resultados prometidos, que siguen estando muy lejos de la delincuencia cero. Así que Cs se ha abdicado del feo vicio de pensar y ya no es capaz de denunciar los gravísimos defectos de esa ley y de proponer las mejoras precisas para que efectivamente descienda el número de los supuestos más graves, es decir, los homicidios y asesinatos selectivos por razón de sexo («gender based violence»).

Del PP no cabe esperar cordura. En su día se plegaron entusiasmados a lo que les vendió Zapatero y desde entonces llevan el pin en la solapa: para feministas, ellos. Y Susanita ya sabemos de qué va: zapaterismo con acento andaluz adobado de toda la corrupción que heredó – si no consintió – de sus mayores. Lo de posibilitar la investidura para impedir que se negocie con VOX ni se le pasa por la cabeza: antes muerta que sin poltrona, ahora que está con las destructoras de papel que no dan abasto. Puesta a elegir prefiere nuevas elecciones – más tiras de papel incriminador – sobre todo porque aún se creen todos – menos VOX – que bastará con movilizar a la izquierda abstencionista para que las cosas vuelvan a su cauce natural, que no es otro que el gobierno del PSOE con el apoyo de quien se preste, menos VOX.

De haber nuevas elecciones Teresa y su Kichi consolidarán el descalabro; la izquierda temerosa se pasará al PSOE y no a la banda de un tipo capaz de hacer un referéndum para santificar su entrada en la más acreditada casta. El PP se arriesga a perder por el centro – Cs – y hacia VOX por la extrema derecha, esa que siempre estuvo refugiada entre los populares hasta que aparecieron unos tipos sin miedo a decir lo que de verdad piensan. Todo lo más el PSOE le arañará votos a Teresita, que cada vez tendrá menos escaños para mantener a Susanita en la corrupción heredada.

¿Y VOX? Pues pueden convertirse en la CUP o en Coalición Canaria. Ellos verán. Todo dependerá del grado de ofuscación con que defiendan lo que saben que no pueden conseguir, ni a la corta ni a la larga, aunque su coartada – no traicionar a los suyos – se revelará eficaz, a costa de que «los suyos» se vayan yendo al PP y a Cs a medida que avancen las convocatorias electorales.

Todavía estamos a tiempo de acabar con el PSOE andaluz y de poner un clavo más en el ataúd de Sánchez antes de que le regale el Museo del Prado a Torra y su pandilla.

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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