Palpito Digital

José Muñoz Clares

Comitiva bipolar

El último argumento de un penalista, cuando se han acabado todas las opciones de acuerdo, rebaja, trato benevolente, etc., no es otro que recordarle al delincuente que todo esto nos lo habríamos ahorrado «si tú no hubieras hecho lo que hiciste». Es la máxima expresión de la derrota jurídico defensiva. Y es lo que cabe restregar en sus indecentes morros a los indepes golpistas: no haberlo hecho.

Responsables de haber votado la derogación de la Constitución y el Estatuto, más una ley de desconexión que convertía a Cataluña en una república bolivariana con el poder judicial sometido al ejecutivo, tienen que ser juzgados, y para ello debían ser llevados a Madrid, la que ellos entienden como capital de la dictadura española. Y tenían que ser trasladados en las mismas condiciones en que se traslada a otros delincuentes. Si no hubieran hecho lo que hicieron podrían haber ido a Madrid en AVE o en vehículo particular pero su condición de presos no dejaba alternativas, y desde ahí surgen dos interpretaciones un tanto bipolares: la normalidad del proceso de enjuiciamiento frente al agravio insoportable que para los indepes supone el hecho de ser juzgados.

Primero pidieron ser llevados a Cataluña para estar cerca de sus familias y de sus abogados y se les dio. Luego, cercano el juicio, demandaron más días en Madrid por mejor preparar sus defensas cuando, en puridad, estando sus abogados en Cataluña hubiera sido más adecuado mantenerlos allí, pero su trastornada lectura de los hechos los lleva ahora a sostener que no podrán defenderse bien estando en Madrid dos semanas antes del juicio. Malo si se les dice que sí y malo si se les dice que no porque, en el fondo, lo que no aceptan es el que deban ser juzgados por lo que voluntariamente hicieron como, por más pasta que les dé Sánchez, nunca estarán a gusto en España a la que se han acostumbrado a esquilmar sin dejar de proferir un «España nos roba».

Ahora dicen que durante el traslado se les trató de forma inhumana por ir en celdas individuales dentro del autobús. La administración dice que los trataron como a todos, según el art. 14 CE, pero ellos lo que quieren son privilegios desde el entendimiento de que van a ser juzgados injustamente por un tribunal que no les puede garantizar lo único que ellos aceptan: la absolución. Carme Forcadell tuvo en su mano poner fin al disparate no autorizando una votación que venía con informe de ilegalidad. Aún resuena en nuestros oídos incrédulos su «Visca la república catalana» que ahora defiende que ella no contribuyó a votar, aprobar y proclamar. También ella se cree inocente. Y ultrajada.

Y todo esto está pasando antes de que empiece el juicio.

Lo último que han hecho es exigir la libertad para poderse defender en forma, privilegio que no tienen los autores de los delitos más graves, que no son sólo homicidas y asesinos sino también quienes se hacen acreedores de penas gravísimas, como es el caso. Así que el tercer agravio consecutivo lo será el seguir presos ante el temor de que aprovechen para irse a vivir con Puigdemont a la casa de la republiqueta en Waterloo. El huido Puigdemont ya ha anticipado que una condena – cualquiera que sea – justificará la unilateralidad de otra declaración de independencia que, en esta ocasión, la tendrá que hacer otros mientras él, gallardamente, sigue prófugo y mantenido. Veremos qué pìensa Torrent y el resto de ERC, que por lo que amagan no va en el sentido de lo que quiere el Puchifugas.

Ante semejante panorama sólo cabe esperar que haya alguien suficientemente sensato en el poder – ya saben, aquí manda Sánchez, que no se harta de jugar al póker con dinero de los demás – como para no seguir la doctrina Rajoy – hacer el D. Tancredo – y prepare informes de prensa en los más extendidos idiomas extranjeros para que la prensa acreditada tenga acceso directo a los documentos, vídeos y declaraciones que sirvan para acreditar ante el mundo que el pisoteo sistemático de la Constitución y la ley que ellos llevaron a cabo no lo toleraría ningún estado en sus cabales y por eso España los va a juzgar y, eventualmente, a condenar.

Ya han conseguido que el asunto catalán se trate como conflicto – ETA fue también un conflcito – y ahora quieren adueñarse de un relato de persecución arbitraria, de franquismo indisimulado, de jueces incapaces de dictar una sentencia justa.

Me aburren estos delincuentes de cuerpos tan delicados. Me aburren sus quejas, su insistencia en hablar de presos políticos en mitad de un mundo que tampoco los entiende como tales. Me aburren.

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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