Palpito Digital

José Muñoz Clares

Más madera, que ardan otros

El arrojado Puigdemont, al que ERC se la tiene jurada por haber dejado en la estacada a los suyos oficiando de capitán araña, se empeña desde sus confortable refugio en complicar aún más las cosas para unas defensas que sortean como pueden, a base de «ponderaciones», en sortear la ilegalidad del referéndum que convocaron y simularon celebrar, la derogación de la Constitución de la que dimanaban sus poderes y – por la boca muere el pez – el haber puesto por escrito, en la ley de transitoriedad y la de desconexión, que sus verdaderas intenciones eran, sin duda, las de echar abajo el orden institucional establecido y sustituir a una justicia homologada por otra bolivariana compuesta de jueces en plan «D. Ángel sí, señor».

Acaba de declarar el miserable cobardón que lamenta haber dado marcha atrás en la declaración de la republiqueta, lo que no es sino madera para la pira en que van a arder metafóricamente los otros, pues si cuanto aprobaron políticamente tenía como finalidad que el ejecutivo echara abajo el orden constitucional y él procedió a proclamar un estado al margen del legal, lo cierto es que la secesión quedó consumada, aunque fuera por segundos, y eso va a pesar, lo quiera él o no, a la hora de ponderar el significado de los actos que todos juntos cometieron y sólo algunos afrontan desde la cárcel o en libertad.

Cuando vengan las condenas y en los razonamientos se incluyan las proclamas pasadas, presente y futuras del mequetrefe, quienes hoy están siendo juzgados – en ausencia de los abogados de VOX, por falta grave en cuestión de puntualidad – comprobarán que lo que ellos no han reconocido sí lo ha proclamado a todos los vientos el que se salvó de la quema huyendo, y sumarán agravios al por qué se la tienen jurada a ese ser con una rata peluda en lo alto de la cabeza.
Está resultando divertida la cosa. Soflamas a preguntas de sus letrados y mentiras acumuladas sobre las muchas en que se basa su delirio.

Y enseguida vendrá Forcadell, la de «visca la república catalana» para poner el último clavo en el ataúd de sus compañeros de banquillo cuando tenga que aclarar si lo que gritó podía ser entendido como un «viva el Betis aunque pierda» o si, por el contrario, lo que ella permitió y Torrent no ha permitido fue la votación de un acuerdo ilegal con plena conciencia de ilegalidad, varias veces advertida por el TC y por los propios letrados de la cámara, cuyos dictámenes no serán vinculantes pero hay en los repertorios innumerables sentencias que condenan a funcionarios y autoridades por pasarse la opinión de los técnicos cada cual por donde en su momento le pedía el cuerpo.
Van a provocar, tontamente, que a Rahola le dé un jamacuco de tanto sufrir por los mártires del prusés. No la echaremos de menos si el asunto llega a mayores pero no resulta ni cristiano arriesgar así la vida de tanto necio, que son, no se olvide, igualmente hijos de Dios y herederos de su gloria. Aunque acaben en prisión por sus pecados.

Debe Puigdemont descarga de una vez su conciencia del peso de la república proclamada, que a él le quema como el beso de Mari Cruz mientras que a sus colegas de algarada le pesa como esas tres cruces clavadas en el monte del olvido que atiende por Waterloo.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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