Palpito Digital

José Muñoz Clares

Inmigrantes y pateras 5G

Lo de venirse a Europa por España, como cuando nosotros íbamos vía Alemania, ha cambiado mucho, al menos tanto como ha cambiado la tecnología y crecido la desvergüenza. En materia de pateras se ha llegado al punto de no ser ya barcos de madera de los que luego naufragan, muere gente, los recoge una ONG, nadie le da puerto de desembarque y líos, líos y líos. Eso era en la época digital.

Las pateras de hoy en día las he visto descritas en una sentencia del Tribunal de Apelación de Fez (Marruecos), fechada el 15 de enero de 2019, dictada en la causa 30/2824/2018. En esa causa han terminado condenando a más de una decena de personas de entre las que destacan dos tipos, uno de nacionalidad española (P. C. A.) y otro (Y. B.) que bien podría ser marroquí, y presentan los mozos una singularidad en común: ambos trabajaban, esperamos que ya no, o para el consulado español en Rabat o en el entorno inmediato del mismo.

Tanta ha sido la difusión del emprendedurismo por parte de los últimos gobiernos que ya casi nadie se contenta con su sueldo porque eso les parece que es poco esforzarse por hacer patria. En cuanto la gente ahorra unas perras o ve la menor oportunidad, se echa a emprender y así redondean el sueldo por llevar un mejor vivir y darle a los hijos lo que ellos no tuvieron.

Los antes citados, trabajadores del consulado, han resultado ser  emprendedores natos. Se montaron un chiringuito de los que cuestan menos que una gorra y un solar en el que ejercer de gorrillas. La empresa ya estaba montada cuando ellos llegaron. Tenían local, electricidad, acceso a internet, limpieza y vigilancia gratis total, además de potestades emanadas de la legislación española que ellos pusieron a su servicio. Sólo faltaba un poco de iniciativa para saber dónde estaba el negocio que otros no habían sabido ver, y no tuvieron que esforzarse mucho: el negocio estaba en el tráfico de visados expedidos por autoridades españolas en el Consulado de Rabat, para que los más avispados marroquíes se saltaran colas de años sin seguridad alguna de obtener al fin el precioso visado; así se  compraban uno a medida que les iba a permitir venir a España en ferry o en avión, contar con permiso de residencia y trabajo y, desde tan privilegiada posición, hacer una fortuna en España o en cualquier otro país europeo a base de seguir traficando con tan valiosa mercancía.

¿Cómo los pillaron? Un verdadero clásico: la avaricia rompió el saco. Cobraron por dar y no dieron, y los estafados acudieron a la policía, que se tomó el asunto tan en serio como para detener a 19 personas implicadas en la trama. Sólo les faltó un detalle: cuando quisieron entrar en el consulado para analizar los ordenadores España les negó la entrada. Pese a ello hay diecinueve condenas ya firmes y la cárcel está esperando a los avispados emprendedores.

No hace mucho viajó el Rey a Marruecos acompañado de ministros y empresarios. Ni el ministro de Interior ni el de Exteriores, ambos directamente implicados en la buena gestión de estos asuntos, aparentaban saber nada al respecto. Dirán que estaban esperando que los absolvieran y que, mientras tanto, mejor sería callar y no agitar el avispero. Nada impide pensar que, puestos a exportar, ¿por qué no exportamos corrupción a nuestros vecinos?

Y en ello estamos.

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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