Palpito Digital

José Muñoz Clares

España, su MCM y su MCD

La política española es asunto de matemáticas elementales: el máximo común divisor de los partidos, entre los que distinguiremos los mayoritarios (ley de los grandes números) y los situados en la escala cuántica y, por ello, irrelevantes, salvo cuando los dioses deciden jugar con nosotros y le regalan la clave a un cuántico venido a más que, entonces, pasa a llamarse bisagra.

El máximo común divisor de la política española no es un número sino un texto: el constitucional. Desde esa perspectiva, sólo Psoe, PP, Cs y VOX superan la prueba del 9 mientras que Podemos, ERC, PNV, JxCat, las morrallas que llaman mareas y confluencias, EH Bildu y alguna morralla más que me escapa se salen de la Constitución a la espera de que aquello de «la república no existe, idiota» se les acabe metiendo en la cabeza como verdad fundamental. A la mayor parte se lo impide la boina/barretina entendida como escudo anti misiles ideológicos, pero ese es su problema, no el nuestro.

Siendo así las cosas, el gran paso que alguna vez se habrá que dar es la gran coalición, el día en que quienes comparten máximo común divisor se unan en una compota de siglas, impongan la mayoría que hoy llaman constitucional y releguen a las morrallas antes enumeradas a asuntos de barrio, pueblo, asociaciones de vecinos y poco más, alejados de las decisiones que hacen grande a un país, mientras no tengan un país propio en el que experimentar en términos similares al experimento chavista y sus hambres y sus cuatro millones de emigrados. Sólo de pensarlo me invade la paz espiritual. Rufián reducido a bufón de verbena catalana, la caterva catalana del fugado y su marioneta Torra pactando presupuestos de pueblos minúsculos, las mareas aplacadas, los vascos nostálgicos del tiro en la nuca encerrados en sus caseríos… Es demasiado hermoso como para recrearse en una suerte que el destino nos niega.

Una mayoría amplia – máximo común divisor – centrada en la obtención del mínimo común múltiplo, y de ahí para arriba. Demasiado hermoso, repito, como para que lo vea yo antes de instalarme en el estado de máxima entropía – la muerte – en que deje de importarme todo a la vez que yo dejaré de importar a todos, en la estela del guía que supo ver Marco Aurelio pese a ser emperador: un instante y habrás olvidado todo, uno más y todos te habrán olvidado.

Llevamos demasiado tiempo permitiendo el desprecio y el desplante como para no alzarnos en votos y laminar a la chusma que va a los Goya de smoking y a ver al Rey en mangas de camisa, o que va a decirle al Rey, de parte de un delincuente fugado, que lucía mejor como Príncipe de Asturias que como Felipe VI, para recoger un capazo de oprobio en forma de «y a mí me gustaba más como alcalde de Gerona que como presidente de la generalidad».

Digo, entonces, lo que dijo Luther King: I had a dream. Pero mientras me llega ese sueño, aunque tenga que ser durmiendo, no hay sino conformarnos con esta caterva que los dioses nos enviaron, seguro que por nuestros pecados.

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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