Palpito Digital

José Muñoz Clares

Responsabilidad democrática

La ética de la irresponsabilidad se va afirmando entre nosotros como en su día se afirmó en Alemania y Hitler acabó en el poder para conducir a Alemania y al resto del mundo a la mayor salvajada que hayamos perpetrado los humanos. Pero luego, cuando Hitler se pegó un tiro en la sien como única salida a su demencia, muchos alemanes se limitaron a señalar que Hitler, propiamente, era un cabo austríaco que, sin embargo, embaucó al pueblo más culto de Europa. La culpa no es nuestra, dijeron quienes apenas unos días antes saludaban brazo en alto al führer que los iba a conducir al Reich de los mil años.

Y parece que no hemos aprendido nada, absolutamente nada.

Argentina entra en su enésima bancarrota estatal. Otra vez al corralito, a las estrecheces venezolanas, al hambre y a la falta de medicinas. Pobre argentinos, dicen algunos, tan lejos de Dios y tan cerca del peronismo, pero para compadecerlos es preciso olvidar que no dejan de ser ellos, los argentinos, quienes han votado una y otra vez a quienes sabían que los llevaban a la ruina inmediata, no sólo porque no saben administrar sino porque sí han aprendido hace tiempo a robar a manos llenas. Pues que aprendan a votar o se atengan a las consecuencias.

De los venezolanos qué se puede decir. Engordaron a la bestia y hoy la bestia los mata de hambre o a balazos. La bestia que ellos votaron.

Los habitantes del Reino Unido – antes se llamaban ingleses, hoy se ofenden si se les llama así – votaron primero a Cameron porque les prometía un referéndum: luego votaron en referéndum que se querían ir de la UE, luego pusieron a Teresa May, que le saca tres cuerpos al peor gobernante que haya tenido RU – ya saben, aquella que firmó un acuerdo catastrófico del que ahora no saben cómo bajarse -; ahora, para arreglarlo, han votado a Johnson para que termine de empeorar las cosas. Que se atengan a las consecuencias, las que ya conocemos y las que están por venir.

Los americanos decidieron que hacía falta yun payaso ieducado para completar la lista de presidentes, y ahíu lo tienen, de país en país avergonzando a sus paisanos, los que lo votaron y los que no lo votaron, imaginando que el mundo que en un juego de rol en que la meta consiste en comprar países y territorios a base de talonario. Y se ha acabado dando con una mujer, presidenta de Dinamarca, que le ha dicho que su suelo no está en venta, aunque le faltó hacer una oferta por California para que tengan los daneses un lugar donde tomar el sol. Pues que pasen los americanos las vergüenzas que tengan que pasar hasta que aprendan a votar con responsabilidad: ponemos un payaso, no nos quejemos si hace payasadas.

España votó en las últimas generales que ni sí ni no, que ni fu ni fa, que queremos que se acabe el bipartidismo pero no nos decidimos por lo que tenga que venir en su puesto… y parece como si la culpa de lo que nos pasa fuera de otros pero no nuestra por haber votado a medio camino de todo. Pues habrá que atenerse a las consecuencias, como le ocurre a los anteriormente mentados. Que la democracia no consiste sólo en votar libremente sino que exige asumir las consecuencias de nuestros votos. Por ejemplo Podemos, hoy Unidas, ha votado en sucesivas ocasiones que el mequetrefe de Iglesias era lo que más les convenía; incluso le autorizaron en referéndum el casoplón del Galapagar; pues ahora que no se quejen si la inconsistencia del macho alfa los conduce a la irrelevancia: la culpa es de ellos por dejarse seducir, como la culpa de que esté Sánchez a la cabeza del PSOE la tienen los afiliados que lo botaron primero para volverlo a votar después, que para eso son ellos más rojos que nadie. Otros que se tendrán que atener a las consecuencias de sus actos.

Y así va el mundo: en manos de irresponsables. ¿O cómo lo ven ustedes?

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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