Palpito Digital

José Muñoz Clares

El mono y la borrega

No ha tardado en cantar la gallina. Informados como estamos de las investigaciones y detenciones ordenadas por la Audiencia Nacional, se entiende mejor que el presidente del gobierno en funciones temiera perder el sueño si se encontraba con el colega de la coleta sentado a la mesa del Consejo de Ministros. Hoy estaría ese cantamañanas – próximo a la pira en que arderá metafóricamente – vociferando con expresiones tomadas de la más baja ideología indepe: judicialización de la política, criminalización del independentismo, represión del estado español, déficit democrático y otras perlas cultivadas en el clima de victimismo que impera en la Cataluña visible, máxime ahora que el infumable Torra – el cuarto ya en la sucesión de honorables presidentes con veleidades delictivas – se empeña en construir su propio martirio desde el que seguir engordando a la bicha. El asunto es antiguo: de derrota en derrota hasta la victoria final.

Bajo el pretendidamente aséptico nombre de «Equipos de Respuesta Técnica», unos maduritos de entre 35 y 55 años – nada de jovenzuelos cortaautopistas e invadeandenes – llevaban dos años siendo investigados, incluidas intervenciones telefónica en que explicitaron, los muy primaveras, la pretensión de hacer estallar explosivos caseros como «respuesta técnica» a la sentencia que, sin duda, condenará a los autores e impulsores de la tejerada de 2017. Pura mercadotecnia de estilo etarra: la gente no moría por la explosión de una bomba sino que fallecía tontamente como quien muere de infarto en plena calle. Sin culpables y, lo que es peor, sin testigos, pese a la mucha gente que presenciaba los hechos. Fue un caso de ceguera voluntaria inducida por gentes como Arzálluz y el cura Setién, ese carlista tardío al que Dios, en su infinita sabiduría y bondad, tendrá en un rincón apartado del infierno por temor a que contamine a los diablos programados para la tortura eterna.

Al asesino de los marqueses de Urquijo lo incriminaban dos posesiones infrecuentes en casa normales: un soplete y esparadrapo de doble ancho para descerrajar sin ruido la casa en que los marqueses dormían apaciblemente hasta que el que luego se ahorcó en prisión los introdujo en el sueño eterno con unos disparos sin importancia. Y a los heroicos indepes detenidos los han pillado con lo que entendemos como «precursores» de un explosivo casero de nombre también sugerente: «termita». Usted, lector/a, ¿tiene en su casa polvo de aluminio en cantidades industriales? Se trata de un precursor que, unido a otros productos de acceso fácil, acaban por componer un potente explosivo de uso terrorista. Cito de la pertinente entrada de Wikipedia: el uso de la termita es peligroso debido a las temperaturas extremadamente altas que produce y al hecho de que es casi imposible sofocar la reacción una vez iniciada; la reacción libera radiación ultravioleta, peligrosa para la vista, por lo que debe evitarse el mirar la reacción directamente o debe usarse una protección especial como una máscara de soldador, como la que – alñado – llevamos todos en el neceser del perfecto ciudadano. El uso de aluminio produce una mezcla de óxidos que pueden provocar una reacción violentamente explosiva, lo mismo que si se le arroja agua cuando está encendida: puede provocar una explosión  que esparce fragmentos incandescentes en todas direcciones, el escenario favorito de nuestros amiguitos terroristas. Las granadas de termita, por ejemplo, son usadas como dispositivos incendiarios para destruir rápidamente equipo enemigo y para destruir el equipamiento propio cuando están en peligro inminente de ser capturados (fin de la cita).

No se trata, por tanto, de judicialización sino de investigación criminal obligada; no hay represión sino prevención y Estado de Derecho, porque tenemos el precedente de Hipercor perpetrado por los heroicos gudaris a los que imitan torpemente estos neo salvapatrias. Y se trata de golpear duramente a la bicha antes de que tome proporciones de culebrón, y no precisamente sudamericano. Y ha hecho bien el eterno candidato a sucederse a sí mismo, al que suponemos informado de estos pormenores, en no dar entrada a coleta morada en lo que debe, al menos, aparentar que es un gobierno serio de un país serio.

Ahora que ganamos en el terreno de los hechos conviene no descuidar «el relato»: España impone el Estado de Derecho mientras otros rehacen las andaduras de ETA. A portarnos así aprendimos después de más de ochocientos muertos en condiciones de cobardía y crueldad difícilmente igualables. Impedir que se reproduzca el mal es asunto de Estado. Y si el independentismo postrado decide llorar, pues que llore. Pañuelitos no le han de faltar con que enjugar ese mar, ese llanto estilo Orinoco que cantaba el defraudador arrepentido Monedero.

Así que leña al mono y cubalibre a la borrega.

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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