Palpito Digital

José Muñoz Clares

A Hitler lo carga el diablo

No hay campaña reciente en que los bloques competidores dejen de acusarse de estar utilizando técnicas nazis, sandez equivalente a que se acusen de utilizar el idioma español en sus mensajes. Son así de simples nuestros poncios aunque en el fondo tengan algo de razón pues siempre hay algo de nazi en toda propaganda, incluso en la aparentemente inocua del  «más blanco no se puede», que se suelta a conciencia de su falsedad esperando que la gente se haya olvidado de la última vez que se lo dijeron y se dejen engañar de nuevo. Y así sucesivamente. Contra la estupidez del rebaño no existe antídoto ni inmunidad alcanzable. El rebaño atiende al perro y, en última instancia, al pastor, y hoy andan sueltos más perros que pastores.

Unir a los adversarios bajo un nombre unitario es argucia fundamental porque resalta el peligro que suponen contemplados en conjunto. Vox por sí mismo no sería «tan peligroso» si no tuviera al PP como posible aliado, y Podemos sería insignificante si no se temiera la alianza con el PSOE de Sánchez. En esto hay ejemplos para hartarnos: todos los partidos conservadores empezaron siendo «las tres derechas» (PP, Cs y VOX), luego mutaron a «la foto de Colón» y han acabado en el pozo ideológico/semántico del fascismo. Desde el centro izquierda hasta los etarras pasaron de ser gobierno Frankenstein a socialcomunismo, y en la actualidad todo se ha contraído simplemente en el comunismo que todo lo absorbe en su nicho de maldad sin mezcla de bien alguno. La principal ventaja de esta técnica, acuñada por el Mahatma Propagandi Dr. Goebbels, es que permite maldecir a una pluralidad bajo una sola advocación. Es como blasfemar en abstracto, que a todos los santos y vírgenes denigra en un solo golpe de voz; mera cuestión de economía lingüística. El ejemplo máximo es la reducción del pueblo judío a «el judío» como arquetipo de maldad. Se lo escuché recientemente – y me alarmó- a esa chica que se dice falangista, de apellido Medina (menudo baldón de apellido judío, a la altura del archifamoso Cohen), que hizo recientes loas de la División Azul, esa horda de camisas azules que entre liberarnos de Hitler y asegurar sus triunfos optó por lo segundo, y allá que se fueron a mantener el cerco de Leningrado, donde un tercio de la población murió de hambre y frío con ayuda de los gloriosos falangistas a los que la moza ensalzaba sin tener ni la más ligera idea de lo que todo aquello significó, y olvidando la forma infame en que todo aquello acabó, en una orgía de suicidios, huidas ignominiosas y ahorcados por sus fechorías.

Que la propaganda debe ser vulgarizadora se sigue de suyo: cuanto más vulgares, simples e intelectualmente pobres sean las consignas tanto mejor, pues eso convence a la chusma y desespera a los intelectuales. A veces la rima ayuda: «el pueblo, unido, jamás será vencido» es una de las mentiras más cantadas de la historia de la humanidad. La de pueblos unidos que fueron miserablemente vencidos es superior al número de veces que la izquierda española ha dicho eso de «no pasarán» y los aludidos pasaron. Ideas como que si hay pobres es debido en exacta relación causal al hecho de que haya ricos son muy del agrado del gentío. Y la contrapartida está en una izquierda – la fauna va desde el lejano Stalin hasta el actual Maduro- que sólo sabe hundir países para que luego los salve la derecha, lo que a su vez exige olvidar todo lo que consiguió la socialdemocracia  en la Europa devastada de mediados del XX y las muchas ocasiones en que un gobierno conservador ha protagonizado desmanes como los del franquismo, del Chile de Pinochet, de la Argentina de Videla, etc., etc., etc. En la Noruega de hoy gobierna el equivalente del PP español; han sorteado la pandemia y la crisis económica de una forma ejemplar. La vecina Suecia, gobernada por socialdemócratas, prefirió cambiar muertos por economía. Goebbels diría que los noruegos han sido unos tibios miedosos y los suecos unos buenos nazis, y mucha gente estaría totalmente de acuerdo con el resumen.

Si a lo anterior le añadimos mitologías más o menos inventadas como el agravio que sufren los catalanes a manos de la pérfida España el resultado es TV3, la catalanidad de Cervantes y de Santa Teresa de Jesús y el linchamiento de Javier Cercas por no transigir con que dos y dos sean cinco. Pero lo definitivo, lo que define irremediablemente a un grupo político como nazi tendencial es la apropiación de los medios de comunicación oficiales en su versión más genuina, en España el BOE, cuyas asépticas exposiciones de motivos las ha convertido Sánchez en parte de su campaña en favor de sí mismo. En la medida en que «desde la llegada al Gobierno del Partido Popular en diciembre de 2011, se inició un proceso constante y sistemático de desmantelamiento de las libertades» (BOE n. 97, de 23 de abril de 2021, p. 46369), Sánchez se presenta a sí mismo como el Führer, el guardián de las esencias wagnerianas, el semidios que habla en imperativo («Basta»), lo que grotescamente apunta a lo último que él quisiera: aspira a ser la lucecita del Pardo, en constante desvelo por los españoles, las españolas y les españoles.

¿No es como para irse a vomitar?

 

 

 

 

 

     

 

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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