Palpito Digital

José Muñoz Clares

Me pido mis dos balas

Hasta ayer mismo el asunto no pasaba de un descontrol de Correos que, como la misma nostalgia, ya no es lo que era. Quien ha sido capaz de hundir TVE a base de imponer una comisaria soviética con cara de estreñida ideológica ¿por qué no iba a hundir también Correos sustituyendo la pantalla de los escáner por la del Candycrush? Pero eso ya lo dábamos por pasado y asimilado. Resuelto. Era, estaba claro como la luz, obra de la ultraderecha liberticida. Pero hoy, con munición por correo a los ya conocidos más a Díaz Ayuso y a Zapatero, no remitirme balas a mí me parece una ofensa por omisión más grave que una bofetada a mano relajada y con vaivén: una al ir y otra al volver. Vuelta y vuelta.

A Díaz Ayuso se entiende. Si fueron capaces de remitirle por correo una bala a Rita Barberá que, dadas sus hechuras, bastaba con disparar en dirección levante desde cualquier distancia y había más posibilidades de darle que de fallar, ¿no le iban a enviar un par de balas en un sobre a esa Ayuso que se atrevió a dar un golpe de mano en cuanto se vio venir la artimaña de la taimada Arrimadas de Cs con el malvado PSOE de Mortadelo? Hubiera sido un desperdicio, no de munición sino de oportunidad a fin de calentar aún más el ambiente guerracivilista que vivimos. Pero lo de Zapatero es peor que lo que le hizo el hombre a la madre de Bambi, y no esperen que les dé más detalles.

Zapatero, aquel personaje entrañable hasta el punto de que su mujer, que era cantante a lo Castafiore, tenía y tiene aún hoy una firmeza de carácter tal que le hace a ella parecer más hombre que el adorable, el sensibilísimo Rodríguez, que es como lo llamaba y lo llama en la intimidad.. y no crean, algo parecido le pasa a Sánchez pero él no quiere que el asunto se conozca y acabe la gente por descubrir que su Begoña es más tío que él como de aquí a Lima. Hay algo en la quijada, en el gancho de las napias… pero dejémoslo. Limítense a considerarlo la próxima vez que los vean en papel cuché y ya luego eso si acaso.

Volvamos a lo mío, lo de mis balas, las que me deben desde que tener dos balas a la atención de uno se ha convertido en tendencia y no quiero yo ser menos. A ver cómo lo justifican. No aspiro a ser un personaje tan execrable como ese innombrable con paletas que pudiendo ser de conejo ha preferido que parezcan de rata, no. Y él tiene no dos sino cuatro balas en su haber. O cinco, si atendemos a la pantalla del Candycrush. Yo soy un execrable normal, podría decirse que de protección oficial, con lo que eso desluce en un pedigrí. Pero a dos balas tengo derecho como cualquiera. Es la puerta que se me abre para la queja lloriqueante, para el imperativo ¡basta! que tan oportuno le quedó al consorte de Begoña -ya saben, la del carácter de aquella manera-, si bien le faltó el arr que sigue en el ejército a toda orden como Dios manda, para sacar a la tropa del impasse en que se quedan si uno dice firmes y luego no dice arr. Pudo igualmente haberlo adornado de una palabrota como Tejero: se sienten, coño, que no queda tan marcial pero menos da una piedra.

Es de esperar que el jueguecito con las balas se haya acabado de no mediar más arrebatos producidos por la alteración mental, que en esos no entramos y que por nadie pase. Que la ministra Maroto no manosee más la navaja que le tocó en suerte no sea que acabe cortándose y tengamos un disgusto. Al sr. Bal, por cierto, ya no es preciso que le envíen nada: él mismo se ha pegado un metafórico tiro en un pie y en las encuestas de hoy se le da por desaparecido en combate. Eso le pasa por bienintencionado, que no son maneras en esta campaña tan viril que han planteado hasta las señoras, dª Moni Cagarcía incluida. 

Así que quedo a la espera. Y no me hagan repetirlo: quiero mis dos balas. Aunque sea por SEUR. Por los clavos de Cristo: tengo derecho a ello. 

 

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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