Palpito Digital

José Muñoz Clares

El obsceno festín de Sardanápalo

He leído a articulistas que dan por muerto a Narciso. En el PP es creencia común que las próximas generales las ganará Casado, al que se le ha subido a la cabeza el éxito de quien ellos cuestionaron y ningunearon desde la misma prepotencia macha con que el felizmente desaparecido Iglesias ninguneó a sus compañeras de Más Madrid. Siguen creyendo que el mando es cosa de hombres, como lo era el brandy Soberano en los anuncios de los 60/70.

Se equivocan. Se equivocan todos ellos. Los único que han leído correctamente lo ocurrido en Madrid son los nacionalistas, y cuanto más secesionistas mejor lo han entendido.

Al día siguiente del ayusazo ya andaban los bocazas catalanes difundiendo que la mesa de negociación estaba muerta, que a este tipo ya no iban a sacarle ni una sola concesión más y que, por ello, había que devolver las cosas al otoño de 2017, echar a los perros CDR a la calle, parar trenes, incendiar Barcelona y, en definitiva, retomar la vía unilateral como única forma de tomar ventaja para luego cobrársela en concesiones. La acción indepe, el 3 percent, la corrupción que ahora van a juzgar en la persona de Pujol y de los suyos. La cosa nostra particular de Cataluña, su adorada mafia local, sus nois, ese esperpéntico puchifugas que desde Waterloo mangonea y ya ha conseguido que sea más creíble una nueva convocatoria que un acuerdo, cuando llevamos un año sin gobierno real en la segunda autonomía más poblada de España, otros dos años desbaratados por Torra y la corrupción otra vez tolerada en acción exterior, en letras catalanas, en embajadores fake.

Los vascos siguen cobrando réditos, a última hora las prisiones. Y mientras sea así no van a soltar el perro que han criado para morderle los tobillos a la Constitución. No están tan desesperados como los de la butifarra. Siguen con el chollo del concierto y sólo cuando se le ponga fin azuzarán a la jauría de aquellos que, de momento, quieren callados, pero que no dejan de ser «de los nuestros» en el mafioso entendimiento de lo que es igualmente su cosa nostra, mucho más teorizada porque se construyó sobre el asesinato de gente, de mucha gente. De mucha y muy buena gente. Ya estuvieron callados y lo volverán a estar, porque el perro sigue ahí.

Narciso está solo y enrabietado.  Su venganza mezquina ya la conocemos. A Gabilondo lo abandonó en un hospital por no verse reflejado en la derrota segura a la que lo había empujado y de la que se sabe culpable. Sólo le faltó ordenar que lo tiraran de un coche en marcha a las puertas del hospital. Enloquecido, lo persiguen miles de muertos, miles de sanitarios contagiados, una gestión deplorable que nos retorna a aquel pasillo de aplausos serviles de aquel coro: la irrecuperable Lastra, la esperpéntica y dilapidadora Calvo, el acabado Marlasca y su final agitado ya en la tumba, el Rasputín Redondo que se quisiera florentino -la chapuza de Murcia ¿se creen que no la van a pagar?- y ese Ábalos incalificable que ha agotado cum laude la escala de la descalificación junto al bufón mayor del reino, el hazmerreír Tezanos, y a un PSOE que no se atreve a salvarse para el futuro, quién sabe si para la historia. Ya lo hicieron una vez. Ahora creen que Narciso está acabado y esperan que caiga como fruta en sazón. Así se consuelan esta vez.   

Siendo tan poca cosa toda esa caterva, cuando volvamos a las urnas se volverán a unir los miembros esparcidos del Frankenstein que formaron e intentarán sostener a Narciso que, antes o después, cesará en sus lágrimas y venderá a su madre para mantener el palacio, el Falcon, la escolta, los puestecitos de su entorno inmediato, el futuro de las niñas, su corte… Enfrente tiene a un Casado que aún no ha demostrado nada, a un Vox disparatado, a una Ayuso que no sabemos si la dejarán «ser» en el panorama conservador. Él va a por todas: o seguir o acabar en un final a lo Sardanápalo. Arramblar con todo, el país y la población incluida, si no se le consiente continuar mirando su imagen en el río, adorándose sacrílegamente en medio de un coro obsceno de mentirosos y aduladores.  

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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