Palpito Digital

José Muñoz Clares

El jardín británico

En tiempos de la UE se habrían cortado los conservadores ingleses de hablar de forma frívola y descortés de sus socios comerciales, pero ya libres de todo lastre mercantil y tan cerca de librarse también de escoceses, irlandeses y galeses, ven a la UE cada día más aislada cuando hay niebla en el canal y se recrean en alejarnos un poco más a base de mostrar sin tapujos su quisquillosa y algo racista desconsideración hacia los pueblos aborígenes y salvajes que pueblan Europa.

Y eso lo han hecho los conservadores, entre los que se cuenta el pelopaja que los sacó de Europa en cumplimiento de un farol fallido del carapijo de Cameron. Porque The Times, han de saberlo, es un periódico conservador equiparable a lo que aquí es el ABC, y francamente, no me imagino al ABC diciendo de los hijos de la gran bretaña -la romana britania de arriba- lo que dicen algunos de aquellos  que somos los españoles. Observarán con qué finura he sorteado el llamar ingleses a los ingleses, porque lo de ser ingleses lo llevan muy mal los ya citados galeses, escoceses e irlandeses, como aquí le pasa a vascos, catalanes, a algunos gallegos y a los cartageneros de Murcia (España), pero estos últimos sólo reniegan de Murcia y per saltum se entronizan españoles, es decir, que no quieren irse de España sino de Murcia, como sí quieren hacer galeses, escoceses e irlandeses, pero no de Murcia sino de Inglaterra. Y están los cuervos del puente de Londres que espelechan a destiempo -se apañan echando las plumas -de la desazón que han cogido los animalicos de sólo pensar en que se pueda disgregar lo que tantas cabezas cortadas costó juntar.

Para empezar, según The Times, todos los españoles somos madrileños y, por tanto, vamos vestidos de majos, tocamos el organillo y bailamos chotis agarraos por la calle. Además nos gusta en extremo beber vino y alcoholes diversos con hielo, limón en rodajas y brebajes espumosos, y tomar tapas con la familia y amigos, así somos de degenerados. Por pura chiripa ya no somos todos andaluces aflamencados ni toreros. De eso nos hemos librado, pero seguimos siendo unos malditos papistas y por ello el cabo Trim silba el lulabulero. Pero callan los malditos por qué oculta razón, cuando los dejan, se escapan a España, traicionando así sus sagradas tradiciones y su inveterada costumbre de aguantar y sonreír mientras les caen chaparrones de todo tipo de malditas cosas y en todas las direcciones imaginables. Es un asunto espinoso. Y muy doloroso, pues ocultan avergonzados que huyen de su comida, esa horrible crema sospechosamente verde, de su clima hecho para mohos, miasmas y destripadores nocturnos, del hecho mucho más doliente de que sus mujeres, como sostuvo Daninos el siglo pasado, trazan difusa frontera entre amazona y yegua. Y lo más ominoso, lo innombrable: huyen de la disciplina inglesa.

Qué cosa sea la disciplina inglesa no lo diré aquí por pudor, pero sepan que abarca desde el maltrato secular a los alumnos, azotados con una vara y precisamente en el culo, incluso a calzón caído, hasta las peores perversiones íntimas, tan disparatadas, tan fuera de lo imaginable que responden todas ellas, fuera del beatífico BDSM, al término común de disciplina inglesa. Sí, sí, como la llave inglesa y tan inespecífica como ella. Y no diré más. Piensen mal y acertarán. Acuérdense del señor Roper y de su esposa Mildred y atisbarán lejanamente de qué les hablo. Añádanle algo de Benny Hill y de los Monty Python y el resultado será explosivo. En absoluto apto para señoritas de pamela amplia y bragas de cuello alto a lo Bridget Jones.

En fin, dejémoslos en sus jardines, tan británicos, en que se meten y se meterán. Y no crean que todo esto lo digo a título de revancha ni por molestarlos. Nada más lejos. Lo hago por dar ejemplo y ver si así se enmiendan los conservadores de la gran bretaña y The Times en particular. Es decir, que lo hago y lo digo con la mejor intención. No sé si alcanzarán a entenderlo. Ellos, quiero decir, no el inteligente lector de esta publicación, a quien Dios guarde muchos años.

 

 

 

 

 

 

 

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José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

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