Palpito Digital

José Muñoz Clares

Unos indignados y yo muy cabreado

Camino de los 67, ni el gobierno autonómico ni el nacional me han vacunado, lo que me convierte en un sinpapeles a la altura de los manteros. De hecho, he hablado dos veces con el teléfono que el gobierno de la CARM estableció para asuntos Covid para dar cuenta de mi situación y me han hecho el mismo caso que a los manteros. O menos.

La primera vez mis hijos insistieron en que no era normal mi situación. Llamé y me atendió un joven que se interesó profesionalmente por mis datos y consultó con quien estuviera al mando del operativo. Según le dijeron y me transmitió todo andaba según el curso establecido y mis datos eran correctos; en breve -no fue más específico- me citarían. Pasaron unas tres semanas.

La segunda vez llamé ya preocupado cuando vi que iban a vacunar a gente menor que yo. Me atendió una señora resabiada y acostumbrada a despachar treintabarras. Sólo le faltó reñirme por haber llamado. Empezó con una exhibición de innecesaria erudición sobre mis datos para convencerme de que ella estaba perfectamente informada y, por lo tanto, todo estaba bajo control. Intenté explicarme: nueve hermanos, mismo apellido, todos funcionarios, siete docentes, no es la primera vez que nos confunden a los unos con las otras. Le añadí, apelando a la penica, que en mi entorno inmediato hay una persona que es preciso considerar como de alto riesgo. Creo, le dije, que es como para tomárselo en serio. Pero no. Aquélla señora me dijo, después de varios minutos de conversación, que hasta el día 15 de mayo no tenía por qué preocuparme. Y no se privó de preguntarme si la había entendido. Era de ese tipo de gente que acaba de decirte una obviedad y te suelta un ¿comprendes lo que te quiero decir? 

Mi entorno inmediato y de edad está vacunado, los que debían estar y hasta alguno muy joven que acertó a meterse en una convocatoria sorpresiva de vacunación en un estadio a quien se presentara, sin más. A otro lo vacunaron al llegar a Israel por asunto de negocios. Consideré entonces la posibilidad de viajar a Israel pero estaba en cierre perimetral. Y así sigo, sin vacunar, a merced del Covid como los náufragos del USS Indianápolis estuvieron a merced de los tiburones según contó hace poco Fernando Savater. Entenderían mejor mi desasosiego si leyeran esa columna a costa de no seguir leyendo esta. 

Ayer fue día 15 de mayo. Como ciudadano obediente empecé a preocuparme mucho siguiendo las instrucciones de la señora del teléfono. Porque no me han llamado ni enviado sms. Mi nombre y datos deben estar perdidos en algún recoveco de la amplia ineptitud administrativa del que puede que salga, aunque ya no será antes de la fecha que la señora señaló como el día de la ira. He pasado de indignado a cabreado cargado de razón. Lo siguiente es apedrear y después viene el pegarle fuego a bienes inmuebles gubernamentales. 

Si un magistrado de infausto recuerdo tenía distribuido el mundo en tres categorías (amigos, el culo; enemigos, por culo; indiferentes, la legislación vigente) no entiendo por qué se me ha incluido a efectos de vacunación en el apartado enemigo y no en el de indiferente con derecho a legislación vigente. Sólo se me ocurre que sea por haber llamado dos veces en un mes a donde me dijeron que había que llamar y haber dado la segunda vez con la señora que les dejo dicha, que lo mismo es que no me entendió. Así que tengo derecho no sólo a estar preocupado sino a estar muy cabreado y considerando seriamente lo de ir a visitar Tierra Santa, que allí o los unos o los otros me quitarán definitivamente la preocupación o harán que se me olvide a base de nuevas y mayores preocupaciones, porque en el país de Sánchez y en la CA de la Región de Murcia ya sólo puedo encerrarme en una leprosería y esperar, esperar, esperar…

Adenda del 19 de mayo. En plan clásico, al final recurrí a una amiga que tenía mano y el asunto se aclaró: mi número de teléfono estaba bien en el centro de salud y en el sms, pero no en el lugar desde donde dirigen la vacunación; allí habían cambiado u 6 por un 9: ese era el recoveco de incompetencia donde me perdí. Ellos lo saben desde el día 17, ya lo han corregido. Siguen sin vacunarme. Sigo perdido, como los náufragos del USS Indianápolis

Adenda del 25 de mayo. El viernes pasado me dijo una enfermera que había hablado con dos responsables de la vacunación, que me llamarían durante el fin de semana para una vacunación masiva siempre que aceptara astrazéneca. Por supuesto que la acepto, le dije, yo no discuto con quienes sí saben sobre asuntos de los que yo no sé. El sábado, siguiendo el consejo de otra médico, llamé a mi centro de salud, donde me dijeron que me llamarían el lunes. También mi doctora  del centro me dijo que me llamaría la enfermera el lunes. Nadie me llamó. Parece evidente que el SMS ha superado todo nivel de incompetencia conocida hasta hoy, y lo ha hecho y lo sigue haciendo conmigo por razones que sigo sin conocer, a no ser que el asunto sea sistémico en cuyo caso no entiendo por qué mi grupo de edad sí ha sido vacunado. He renunciado, por tanto, a llamar de nuevo al 900 121212, donde me dijeron que empezara a preocuparme el día 15 de mayo. Ahora concentro mis energías en estar muy preocupado y cada vez más cabreado con este gobierno regional que me trata como enemigo, como Cataluña trató a policías y guardias civiles: como los untermenschen del nazismo, los infrahumanos no merecemos ser vacunados. Vale. Tomo nota.

Adenda del 27 de mayo. Todos los que dijeron que me llamarían para vacunarme se han conjurado para no hacerlo. Han habilitado seis municipios donde se puede elegir día para vacunarse pero ninguno es el mío. Lo único que ha cambiado es que un enfermero del centro de salud me ha metido en una lista que cuando seamos 10 me llamarán para vacunarme, lo que significa que no estoy solo en este rincón de incompetencia profesional en que perdieron mis datos. Estoy por fundar un partido en plan Podemos a base de reclutar indignados contra el estamento administrativo de esta CA; no es cosa de los médicos, es cosa de los funcionarios que dirigen a los médicos. Es la función pública lo que falla, de modo que en las próximas elecciones votaré al Corte Inglés -ojalá se presente- que esos me habrían vacunado hace ya un par de semanas. Coño, hasta Pepe Gotera y Otilio habrían resuelto el problema mejor que la función pública de esta CARM, pero como estoy aquí… es como si me hubiera secuestrado Lukashenco, pero en vez de un nombre tan exótico aquí se llama López, y todo lo hábil que fue para devolverle el golpe a los traidores y pararles los pies, en materia de vacunación se ve que como él ya está vacunado pues no le presta atención. Como en la tele: to be continued.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

José Muñoz Clares

Colaborador asiduo en la prensa de forma ininterrumpida desde la revista universitaria Campus, Diario 16 Murcia, La Opinión (Murcia), La Verdad (Murcia) y por último La Razón (Murcia) hasta que se cerró la edición, lo que acredita más de veinte años de publicaciones sostenidas en la prensa.

Lo más leído